Mariano Pastori, 4 años
Hoy: Bioquímico

¿Qué niño de 4 años no enloquece cuando le regalan una bicicleta por su cumpleaños? Pocos regalos en mi vida igualaron la emoción que sentí ese día: me vendaron los ojos con una corbata de mi papá, me llevaron hasta el ventanal del living que daba a la galería y me hicieron mirar. Allí estaba estacionada una hermosa bicicleta roja con un moño grande color dorado. No lo podía creer. Mis abuelos habían escondido el regalo durante varios días para que la sorpresa fuera perfecta.

Estaba feliz; para mí esa bicicleta era como un auto, no podía pedir más. Ese verano entero me lo pasé bicicleteando por la zona con mis hermanos y mis primos, yendo de acá para allá. Pero como quien dice que “todo lo bueno tiene un final”, llegó ese momento.

Mi familia tenía esta quinta de fin de semana en la localidad de Merlo, en zona oeste, donde acostumbrábamos pasar los veranos. Ese invierno, decidieron alquilar la quinta ya que no íbamos a ir mucho por las bajas temperaturas. Los inquilinos parecían una familia normal. Remarco, parecían. Estuvieron allí hasta el mes de noviembre y, cuando por fin se terminó el frío, pudimos volver a la quinta. Yo estaba muy ansioso, no podía esperar a llegar y usar mi bicicleta. Pero eso jamás ocurrió.

Cuando entramos a la casa nos encontramos con cientos de balas por todos lados, no sólo en el interior sino también en el jardín y las inmediaciones. Y mi bicicleta… bueno, mi bicicleta simplemente no estaba. Buscamos por todos lados e inclusive en las cercanías pero jamás la encontramos. 

Resulta que los inquilinos era un grupo de Montoneros súper activistas que, en un enfrentamiento con los militares, destruyeron la casa y se llevaron mi “Ferrari”. Nunca más tuvimos noticias de aquellas personas; desconozco qué habrá sido de sus vidas. 

Obviamente, rompí en llanto y estuve angustiado muchos días. Finalmente me compraron otra bicicleta pero nada borró ese momento de tristeza y desilusión. 

Producción: Inés Ehulech