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jueves, marzo 19, 2026

“El aporte genético fue fundamental”

Por Paloma Posse

A cincuenta años del último golpe de Estado, el antropólogo forense Maco Somigliana, miembro fundador del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), reflexiona sobre cuatro décadas de trabajo transformando el horror de la desaparición forzada en evidencia científica. Con más de ochocientas identificaciones logradas y un modelo replicado en muchos países, el EAAF –que recientemente identificó los restos de 12 personas desaparecidas en el ex Centro Clandestino de Detención La Perla– demuestra que la memoria también se construye desde la ciencia.

En 1984, cuando la Argentina todavía palpaba las heridas recientes de la dictadura, un grupo de jóvenes estudiantes respondió a una convocatoria inusual: ayudar a un antropólogo estadounidense a aplicar técnicas arqueológicas para exhumar restos de desaparecidos. Ese encuentro, impulsado por las Abuelas de Plaza de Mayo y la Conadep, marcó el nacimiento del Equipo Argentino de Antropología Forense, una organización que revolucionó la forma de investigar violaciones a los derechos humanos en el mundo.

La dictadura militar dejó 30.000 personas desaparecidas. Pero las primeras exhumaciones, realizadas apresuradamente por sepultureros con palas mecánicas, habían destruido evidencia crucial. En ese contexto, el reconocido antropólogo forense estadounidense Clyde Snow llegó a Buenos Aires con una propuesta que parecía casi imposible: aplicar metodología científica para identificar a quienes el Estado había intentado borrar. “Básicamente, nació junto con la democracia, motivado por ver qué podía hacerse concretamente con los cuerpos desaparecidos”, explica Maco Somigliana sobre los orígenes del equipo.

El EAAF se constituyó legalmente en 1984 como una organización no gubernamental, científica y sin fines de lucro. La conformación multidisciplinaria del equipo, integrado por antropólogos, arqueólogos, genetistas, informáticos y abogados, permitió abordar el problema desde múltiples ángulos. “En cuanto al valor específico del trabajo forense, fue encontrar que podíamos identificar a las personas desaparecidas en un momento en que parecía que era un nudo gordiano con el que nada se podía hacer”, señala Somigliana al recordar aquellos primeros años.

La metodología del EAAF combina tres líneas de trabajo que se retroalimentan: la investigación histórica exhaustiva, que incluye testimonios de sobrevivientes y familiares; el análisis de la documentación oficial producida durante la dictadura, y las técnicas forenses de excavación, análisis antropológico e identificación genética. Esta aproximación integral permite no solo identificar restos, sino reconstruir las circunstancias de cada desaparición. “Los principales pasos que siguen, desde la localización de un resto hasta la identificación y restitución a la familia, son el trabajo de investigación histórica que permite establecer alguna hipótesis a partir de la posibilidad de hacer comparaciones masivas de ADN”, describe Somigliana.

El verdadero punto de inflexión llegó con la incorporación de la genética forense. “Cuando hablamos de los avances tecnológicos que transformaron la obra en los últimos años, obviamente el aporte genético fue fundamental porque permitió tener, a partir de la sangre de un familiar, una base de comparación que permite establecer identidad más allá de cualquier duda“, explica el antropólogo forense.

Maco Somigliana, miembro fundador del EAAF.

En 2006, el EAAF fundó su propio Laboratorio de Genética Forense en Córdoba, único en su tipo en la Argentina, especializado en procesar muestras óseas degradadas y de larga data. Un año después, en 2007, la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas permitió recolectar masivamente muestras de sangre de familiares. Hasta la fecha, el EAAF reunió más de 11.500 muestras, lo que multiplicó exponencialmente las posibilidades de identificación. “Trabajamos directamente con la familia de la víctima. La relación es esencial porque les pedimos la confianza necesaria para darnos una muestra de sangre, que hoy por hoy es el elemento estándar que nos permite avanzar en una eventual identificación”, subraya.

Más allá de la dictadura, el modelo desarrollado por el EAAF demostró su versatilidad. “También trabajamos en muchos casos que no son desaparecidos por dictadura. Un caso que se ventiló hace relativamente poco, pero que muestra cómo el modelo de trabajo se puede trasladar a otro tipo de cuestiones, fue la aparición de un esqueleto en una obra en construcción en la calle Congreso. Ahí, aplicando las mismas herramientas que se aplican en relación a víctimas de la dictadura, se lo pudo identificar. Diego Fernández se llama”, relata.

El Equipo trabajó en la identificación de soldados argentinos caídos en Malvinas, en el caso del atentado a la AMIA y en la búsqueda de desaparecidos en democracia. Su trabajo se expandió en muchos países. Los números sorprenden: en cuarenta años, el EAAF localizó 1.647 restos óseos o registros de homicidios vinculados con el terrorismo de Estado en la Argentina. De ellos, logró identificar a 838 personas.

“El EAAF ha permitido mostrar que trabajando científicamente se puede abordar cuestiones que eran casi fantasmales como las desapariciones. Sin perjuicio de eso, obviamente estoy muy orgulloso de todo lo que se hizo, pero también muy atento a todo lo que no se pudo hacer y a cuándo eso podría hacerse en un futuro próximo”, reflexiona Somigliana.

La cifra es contundente: “Quedan efectivamente al menos ochocientos esqueletos que son víctimas de la represión clandestina y no están identificados. El obstáculo fundamental tiene que ver con la imposibilidad de contar con muestras de sangre de familiares suficientemente cercanos como para establecer una vinculación de identidad”.

El trabajo del EAAF ha sido crucial. Sus peritajes aportaron pruebas científicas irrefutables sobre las causas de muerte, permitieron establecer patrones represivos y demostraron la sistematicidad del plan de exterminio. Las identificaciones devuelven dignidad a las víctimas y cierran un duelo suspendido durante décadas para las familias. Transforman cifras abstractas en nombres y rostros. Reconstruyen historias que la dictadura intentó borrar. El EAAF también revolucionó las prácticas forenses internacionales. Su modelo inspiró la creación de equipos similares en otros países.

“Espero que la sociedad recuerde y valore el trabajo del EAAF al momento de conmemorar los cincuenta años del golpe como un producto de esa sociedad. Un producto que esa sociedad pudo hacer y de la que se pudo alimentar para metabolizar una práctica tan corrosiva como la desaparición de personas”, concluye Somigliana. Esa reflexión final sintetiza el verdadero legado del equipo: demostrar que una sociedad puede confrontar su pasado más oscuro y construir verdad donde hubo silencio, justicia donde hubo impunidad y dignidad donde intentaron imponer el olvido.

Medio siglo después del golpe que cambió para siempre la historia argentina, los antropólogos forenses continúan su búsqueda metódica, excavación tras excavación, identificación tras identificación. Cada cuerpo restituido a su familia es una pequeña victoria contra el olvido.

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