Por Mariana Fabris

Electo en los comicios de 2025, el concejal de San Isidro por La Libertad Avanza Federico Colombo dio el paso del mundo privado, donde trabajó más de treinta años, hacia la actividad política local. En diálogo con Publicable, el legislador explicó su motivación central: el salto del sector corporativo a la función pública fue impulsado por razones personales, la preocupación por el futuro de las nuevas generaciones, y por su diagnóstico sobre la subrepresentación del sector productivo en la política.

—Teniendo en cuenta que su currículum es principalmente corporativo, ¿cuál fue el factor decisivo que lo motivó a pasar del sector privado a postularse para concejal?
—Hubo un momento de cansancio y de coherencia personal. Creo que es la culminación de un proceso más que la existencia de un punto de inflexión. Dicho esto, no hay un quiebre, mantengo mi empleo en el sector privado en cuanto ejerzo como concejal dado que no hay incompatibilidad entre ambas actividades. Y el proceso mencionado puede ser dividido en dos grandes catalizadoras: primero, está el componente personal. Tengo hijos, y como muchos padres me preocupa el futuro que tendrán en este país. No quiero que la única alternativa para ellos sea irse a vivir al exterior porque nuestro país no los contiene, si tienen que emigrar que sea por un proyecto personal, pero no por falta de alternativas. Este concepto se aplica a todas las clases sociales, que los chicos que viven en barrios marginales no tengan como una salida ser soldados de las bandas narcos, que las clases medias puedan proyectar un futuro mejor a la actualidad de sus padres. Son demasiados años con generaciones sabiendo que sus hijos van a vivir en un país peor del que vivieron ellos. Creo que la forma más honesta de trabajar por un país en el que ellos puedan proyectarse es involucrarse, participar y hacer mi parte. Desde el punto de vista profesional, llevo más de treinta años trabajando en el sector privado, tanto en la Argentina como en el exterior. En los últimos años activamente vinculado al agro. Algo que siempre observé —desde cualquier lugar en el que estuviera trabajando— es que la Argentina castiga sistemáticamente a quienes producen, emprenden o invierten. Y notaba que uno de los motivos centrales es la poca presencia del sector productivo en la vida política. Mientras en países como Brasil existen en el Congreso una “bancada ruralista” o una “bancada industrial”, fuertes y bien organizadas, aquí la representación política del mundo del trabajo y la producción es prácticamente inexistente. Durante años intenté convencer a colegas y dirigentes de que se involucraran activamente, pero esas conversaciones fueron infructuosas. En un punto me di cuenta de que si yo realmente creía en esa idea, tenía que ser coherente y asumirla en primera persona: dejar de pedirles a otros que lo hicieran y hacerlo yo. Así terminé integrando una lista en San Isidro, sin aparato, sin estructura previa, y logrando ser electo concejal. Ese fue el verdadero punto de inflexión: pasar de la crítica desde afuera a asumir el compromiso desde adentro

—¿Cómo planea capitalizar toda esa experiencia para estructurar o darle contenido a su plataforma política? ¿Tiene alguna medida concreta?
—Mi experiencia en el sector privado, en la Argentina y en el exterior, me enseñó a trabajar con planificación, análisis, objetivos claros y responsabilidad por los resultados. En mi rol legislativo esos principios se traducen en elaborar ordenanzas y marcos normativos basados en datos, evidencia y fundamentos sólidos. Analizar presupuestos, reglamentaciones y programas con criterios de eficiencia, transparencia y racionalidad. Impulsar mejores mecanismos de control desde el Concejo Deliberante, para asegurar que lo que se aprueba realmente se ejecute como corresponde. Modernizar normas y simplificar trámites, de modo que comerciantes, emprendedores y vecinos tengan menos obstáculos y más previsibilidad. Mi contribución es legislativa, no ejecutiva. Por eso mi foco está en el diseño serio de reglas, normas y controles que mejoren la calidad institucional y la vida cotidiana del vecino.

—¿Considera que esta experiencia se tradujo en un método o estilo de liderazgo político? ¿Cómo se aplicaría en la gestión pública?
—Me parece algo exagerado hablar en una fase tan incipiente de mi carrera de “liderazgo político”. Sí hay bases de gestión y toma de decisiones que traigo del sector privado y creo que pueden complementar lo que vaya aprendiendo de la vida parlamentaria. Estas bases se pueden agrupar en tres pilares: gestión basada en datos: estudiar cada expediente con información, comparaciones, diagnósticos y antecedentes normativos serios; trabajo en equipo y escucha activa: construir consensos, articular con otros bloques, escuchar a instituciones, clubes, emprendedores y vecinos antes de legislar; claridad y responsabilidad: impulsar una agenda legislativa ordenada, con prioridades claras, y rendir cuentas públicamente de las posiciones que tome y los proyectos que presente. Mi trabajo legislativo se basará en la seriedad técnica, la búsqueda de acuerdos y la responsabilidad institucional.

—Su llegada a la política es parecida a la de otras figuras del management empresarial. ¿Su plan político tiene que ver más con las ideas de la centroderecha o con enfocarse en la eficiencia y la gestión técnica, como si fuera una empresa?
—Desde el punto de vista filosófico, me describo como demócrata cristiano, una corriente que a nivel internacional se ubica en la centroderecha, pero con una fuerte visión social, centrada en la dignidad de la persona, el trabajo, la comunidad, la solidaridad y el desarrollo humano integral. Esa identidad convive con una mirada moderna de gestión: evidencia, transparencia, responsabilidad fiscal e instituciones sólidas. No veo contradicción entre sensibilidad social y eficiencia; al contrario, creo que una gestión ordenada es condición para poder ayudar verdaderamente a quienes más lo necesitan.

—Dada su experiencia en la redefinición de planes de negocios para mejorar la competitividad a largo plazo y el rendimiento financiero de una empresa, ¿cuáles son los principios de gestión que aplica a la política pública municipal?
—Visión de largo plazo: legislar para los próximos diez a quince años, no solo para el ciclo anual. Priorización: concentrarse en ordenanzas que realmente transformen la vida del vecino. Transparencia y control: fortalecer los pedidos de informe, auditorías y mecanismos de supervisión. Gestión por indicadores: evaluar políticas públicas desde resultados y datos, no desde slogans. Articulación social y productiva: promover ordenanzas que coordinen al municipio con comercios, clubes, universidades, ONG y organizaciones de la comunidad

—Cursó una maestría en Sociología. ¿Es esta una forma de adquirir el “saber político” o la comprensión social que complemente su experiencia en gestión pública?
—La decisión de estudiar Sociología no fue un impulso reciente, sino parte de un proyecto personal de largo plazo. Cuando volví a la Argentina después de vivir en el exterior, estaba en un momento de introspección y de cierta distancia de la gestión privada. Mi objetivo no era volver a un rol corporativo, sino retomar un itinerario intelectual que me había planteado hacía muchos años: primero Filosofía, luego Psicología, después Sociología y finalmente Teología. Por razones personales no pude recorrer ese camino completo. Terminé comenzando por Sociología, que fue lo que pude cursar en ese momento. Ya completé toda la parte de cursada del máster; lo único que nunca preparé fue la tesis. Paralelamente inicié Psicología, donde cursé dos años, hasta que tuve que discontinuarla al volver a involucrarme de lleno en la gestión. La sociología, entonces, no es para mí solo una herramienta política: es parte de una búsqueda personal más amplia de comprensión del ser humano y de la estructura social. Ese camino, aunque incompleto, me da una perspectiva distinta para la función pública: puedo combinar la mirada estratégica del management con una comprensión más profunda de las dinámicas sociales y de las personas.