Por Catalina Tchilinguirian
Eran las cinco de la tarde de un lunes cualquiera. Fernando Vigo se había hecho un espacio para conversar de su trabajo en el periodismo de música. Con una pantalla de por medio y a algunos kilómetros de distancia comenzó una charla que recorrió varios temas, entre ellos, su comienzo en la profesión.
A los doce años cursó un taller de radio en su escuela, que despertó un deseo que mucho después se convertiría en oficio. Paradójicamente nunca trabajó en una radio y su primera opción fue el periodismo deportivo, pero ¿quién sabe qué habría pasado si ese Fernando de doce años no hubiera tomado ese taller?
En un momento de su vida, mucho antes de profesionalizarse, su interés cambió gracias a una banda. “Los Beatles se apoderaron de mi vida, de mis pensamientos y de todo por completo.” Aquel cuarteto inglés tan popular marcó a millones de personas desde su inicio, pero a él lo ayudó a darle una dirección. El vínculo que Fernando Vigo tiene con la música va mucho más allá de su trabajo. Lo describe como algo fraternal y que se mantiene casi exclusivamente gracias a su curiosidad. Constantemente busca música nueva para escuchar, ya sea en blogs o en las redes sociales, y afirma que esto lo ayuda a mantener esa conexión viva. “No sé si me va a servir conocer a una banda de Brooklyn con pocos oyentes y que quién sabe cuándo vaya a venir a la Argentina, pero lo hago más por mí y para abrir la cabeza.”
Vigo hizo de la música un pilar fundamental de su identidad. Escucha discos mientras pasea y cocina. En su grupo de amigos le pusieron apodos ligados a su pasión. La música es, sobre por todas las cosas, una parte indivisible de él como sujeto.
En sus comienzos como periodista se recuerda con muchos nervios. Iba a cada entrevista con todas las preguntas escritas en una hoja y las conversaciones eran correctas o no se salían de la gacetilla. Esto cambió a medida que avanzó en su carrera. Lo que nunca cambió fue su método de escuchar siempre a la banda o al artista al que va a entrevistar. Vigo se centra en entender los procesos creativos de cada entrevistado y en prestarle una atención detallada a cada álbum o canción.
“Pasaron varios años hasta que me empecé a considerar un periodista musical”, dice. Dio sus primeros pasos en el programa La Viola, en TN. Comenzó como productor de contenidos musicales y también participaba de la edición. En ese entonces Bebe Contepomi era aún la cara visible del ciclo y, a su vez, el fundador. Junto a él, le dio vida a miles de entrevistas con bandas internacionales, nacionales y del under. Sin embargo, recién se empezó a sentir como un periodista cuando tuvo la oportunidad de ser él el entrevistador.
Contepomi y Vigo trabajaron diez años juntos y en numerosas ocasiones pensaban entre los dos las preguntas para cada entrevista. “A Bebe lo veo como el periodista de música más importante de la historia del país. Hay otros referentes, pero para lo que yo hago él es la figura absoluta. No solo inventó el programa hace veintinueve años, sino que logró que el lanzamiento de un disco de una banda nacional sea interesante dentro de un noticiero”. Más allá de su influencia, Vigo destaca “la empatía que él sabía construir con los músicos”.
—Es algo muy complicado, más con un músico random que vas a ver solo por quince minutos en tu vida.
—¿Cómo lograba eso él sin dejar de ser profesional, sin hacerse el amigo?
—Era, es, algo natural. Cuando armás una entrevista tratás de hacer entrar en confianza con la persona con alguna frase o referencia que quizás no todo el mundo sabe. Algo que al entrevistado le demuestre que no sos uno más y que tenés cierta cercanía con su obra.
Esto es algo que a Vigo se le da muy bien. En una de sus entrevistas con Damon Albarn, líder de las bandas Blur y Gorillaz, le dijo al artista que le gustaba su música porque en su corazón siempre es invierno, haciendo referencia a una de sus letras. Por medio de colegas, Vigo se enteró de que semanas después Albarn había utilizado esa misma frase en otra conferencia de prensa. “Estos tipos que dan miles de entrevistas con estas cosas se acuerdan de vos y saben que tienen que actuar de forma distinta, te dicen algo más y no se comportan de la misma forma.”
Los periodistas de música, o de espectáculos en general, muchas veces se enfrentan a personajes que ellos mismos admiran. Ídolos propios o simplemente íconos de la cultura. ¿Qué pasa con el fanatismo en estos casos? ¿Es una ventaja o no? Para Fernando Vigo la respuesta no es tan simple. Explica que muchas veces una entrevista con una persona a la que se le tiene una admiración importante es difícil porque sabés muchas cosas sobre el entrevistado y cuesta focalizar. “Sentís que tenés muchas respuestas ya, porque los tenés muy estudiados.” Sin embargo, dice que esto a veces puede ser utilizado a favor del periodista. Afirma que si el artista hace una referencia a su obra, el entrevistador, al ser un fanático encubierto, la toma y puede abrir una puerta que, tal vez, hasta ese momento se encontraba cerrada en la conversación.
Otra cuestión relacionada con el fanatismo son los nervios que puede generar a nivel físico. “Hay días en que odio hacer notas y deseo que se suspendan. Pero una vez que estoy ahí lo disfruto un montón.”
Otra situación poco común para una persona que no se dedique al periodismo de música sería que Steven Tyler, cantante de la banda Aerosmith, se encuentre a su lado. O que los integrantes del famoso grupo británico Arctic Monkeys (que, por cierto, tienen fama de ser absolutamente fríos) tomen una cerveza con el entrevistador antes de dar una nota. Esto le pasó a Vigo hace años, cuando Bebe Contepomi aún era conductor de La Viola. “Son circunstancias que terminás naturalizando.”
Vigo ha tenido numerosas oportunidades de entrevista con una de las bandas con mayor peso del rock nacional: Divididos. Todo arrancó hace ocho años y cada conversación de a poco lo llevó a ser el periodista de música argentino que más entrevistó al grupo liderado por Ricardo Mollo y Diego Arnedo. Con ellos, generó una confianza y complicidad que funcionan como pilares fundamentales de cada entrevista. En febrero de este año, Vigo cubrió el festival Cosquín Rock. “En la previa de la nota con Divididos estuve hablando con Arnedo mientras Mollo probaba sonido, y estuvimos hablando de cualquier cosa. Eso logra que el artista conecte también.”
A principios de este año se realizó el Cosquín Rock y en abril se realizó Rock en Baradero. Los dos festivales tienen una presencia muy fuerte de bandas de rock nacional. Y suelen tener una convocatoria juvenil masiva. Chicos y chicas de veintitantos años que acuden a estos encuentros musicales porque sus bandas favoritas tocan allí. Un estudio lanzado en 2024 por Spotify reveló que el 60 por ciento de los usuarios jóvenes de la Argentina escuchaban rock nacional como género principal. Además, las métricas también mostraron un crecimiento de reproducciones del género del 233 por ciento en los últimos cinco años, todo gracias a la Generación Z. Entre los artistas más escuchados se encontraban Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Andrés Calamaro, Charly García, Soda Stereo, Las Pastillas del Abuelo, Intoxicados y Callejeros. Tal vez, el fanatismo de las nuevas generaciones tenga mucho que ver con la herencia de sus padres o hermanos mayores.
—El rock te espera. Si te gusta la música tratá de conectar por un lado más personal. Quizás el rock nacional tiene que ver con lo que te constituye a vos como país que te lleva a necesitar correrte de la música bailable en un momento para poder sentir lo que estás viviendo. No es raro que en tiempos de crisis económica y social las canciones que supieron marcar una época se vuelvan a hacer fuertes porque hay una falta de identificación del mainstream actual con el alrededor. La música de los 90 fue contestataria de las políticas neoliberales y la decadencia de la industria argentina. En los 2000 fue el post Cromañón y la necesidad de un salvavidas. ¿Y ahora de qué estamos hablando? ¿El mensaje se volvió más lavado? Hay una crisis de representación con las bandas más jóvenes y eso es suplantado por las bandas clásicas.
—Pero estamos en un momento del mundo y del país en que la juventud está cada vez más desinteresada por la política y sin embargo los jóvenes consumen bandas de rock con mensajes políticos claros y fuertes.
—Nos hemos vuelto pasivos ante la escucha y el consumo. Es como los que van a ver a La Renga y se quejan de que es una banda muy política. Los Piojos escribieron “Los Mocosos” o “Corderos”. Si te vas a quejar de que en un momento se volvieron muy políticos es porque no escuchaste la obra. ¿Y los que dicen lo mismo de Divididos? Hicieron la Era de la boludez hace treinta y cinco años. La escucha pasiva también viene de que alguien va a escuchar una banda y conoce los hits y no mucho más. Se llenan estadios también con eso. Hay gente que siente que tiene que estar ahí, no porque le interese.
Vigo pasó por muchos músicos internacionales y nacionales consagrados como Damon Albarn, Andrés Ciro Martínez, Marilina Bertoldi, Maneskin, David Lebon y muchos otros. Sin embargo, entrevistar a Divididos por primera vez en 2018 fue un antes y un después en su carrera. “Cuando pude entrevistarlos sin que me temblara la voz pude empezar a creer que hay algo detrás de todo esto.”
—¿Qué figurita te falta?
—Nacionales ya hice a todos los que admiraba. O sea, me encantaría entrevistar a Charly, pero no a este Charly. Me gustaría entrevistar a Skay.
—¿E internacional?
—A Bruce Springsteen o a Jack White, porque son tipos que admiro mucho. Pero el número uno siempre va a ser Paul McCartney. El día que lo entreviste voy a poder decir “bueno, mañana no voy a trabajar”.
