Por Matías Riso
A 25 años del ataque al Word Trade Center del 11 de septiembre de 2001, la memoria de aquella jornada está llena de historias de personas que, en medio del caos, eligieron ayudar a otras. Bomberos que subieron mientras todos intentaban bajar, policías que permanecieron en las calles y trabajadores que guiaron a desconocidos hacia las salidas. Entre esas historias, hay una que tiene como protagonista a un hombre que llevaba años preparándose para un escenario que casi nadie imaginaba posible.
Se llamaba Cyril Richard “Rick” Rescorla. Veterano de guerra y responsable de seguridad de la compañía financiera Morgan Stanley en la Torre Sur del World Trade Center, había advertido que las Torres Gemelas podían convertirse en blanco de un atentado. Durante años insistió con los simulacros de evacuación y preparó a miles de empleados para saber qué hacer si alguna vez llegaba una emergencia.
El 11 de septiembre de 2001, esa emergencia llegó. Y mientras el mundo todavía intentaba entender qué estaba ocurriendo, Rescorla tomó su megáfono y comenzó a sacar a la gente del edificio.
UNA MAÑANA QUE CAMBIÓ LA HISTORIA
A las 8.46 de aquella mañana, el vuelo 11 de American Airlines impactó contra la Torre Norte del World Trade Center. El avión, un Boeing 767 que había despegado desde Boston con destino a Los Angeles, había sido secuestrado durante el vuelo. En la Torre Sur, los trabajadores todavía intentaban comprender qué había sucedido. Rescorla estaba en el piso 44 y podía observar desde allí el humo y las llamas. Pero la dimensión del ataque todavía no era conocida.
A las 9.02, el vuelo 175 de United Airlines se estrelló contra la Torre Sur. El edificio donde trabajaban miles de personas acababa de convertirse en el segundo objetivo de una operación terrorista coordinada. Otros dos vuelos completarían la dimensión de aquella jornada. El vuelo 77 de American Airlines fue estrellado contra el Pentágono, en Virginia. El vuelo 93 de United Airlines cayó en Pensilvania después de que pasajeros y tripulantes enfrentaran a los secuestradores.

En total, los atentados dejaron 2.977 víctimas mortales, sin contar a los 19 secuestradores.
Pero en la Torre Sur, antes de que el mundo conociera el alcance de la tragedia, un hombre ya había tomado una decisión.
EL HOMBRE QUE HABÍA VISTO EL PELIGRO
Rick Rescorla nació en 1939 en Hayle, Cornualles, Reino Unido. Su vida antes de llegar a Nueva York había estado marcada por la carrera militar. Primero sirvió en el Ejército británico y posteriormente en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Participó en la Guerra de Vietnam y llegó a liderar un batallón. Aquella experiencia marcaría para siempre su manera de entender la seguridad. Para Rescorla, frente a una emergencia no había lugar para la improvisación. Había que entrenar antes.
Dejó el ejército con el grado de coronel y luego estudió Derecho, pero durante los años 80 terminó dedicándose a la seguridad privada. Se incorporó a Dean Witter Reynolds, empresa que posteriormente se fusionaría con Morgan Stanley, y quedó a cargo de la seguridad de sus oficinas en el World Trade Center, que ocupaban los pisos comprendidos entre el 43 y el 74 de la Torre Sur.
Las Torres Gemelas empezaron a ocupar un lugar cada vez mayor en sus preocupaciones. En 1988, después del atentado contra un avión de Pan Am que explotó sobre la localidad escocesa de Lockerbie, Rescorla comenzó a considerar que el complejo podía convertirse en un objetivo terrorista. La preocupación aumentó en 1993, cuando un camión cargado con explosivos fue utilizado para atacar el subsuelo del World Trade Center.
A partir de entonces, volvió a estudiar las características de las torres y llegó a la conclusión de que el complejo continuaba siendo vulnerable. Incluso advirtió que un avión podía ser utilizado para atacar los edificios.
Rescorla intentó convencer a los directivos de Morgan Stanley de que la firma abandonara el World Trade Center. La empresa, uno de los principales inquilinos del complejo, decidió quedarse porque el contrato de alquiler se extendía hasta 2006 y abandonar los espacios que ocupaba la compañía implicaba afrontar costos millonarios y trasladar una enorme operación financiera.

Rescorla tomó entonces otra decisión. Si no los podía sacar de las Torres Gemelas, iba a preparar a sus empleados para salir de ellas. Organizó simulacros de evacuación y los convirtió en una rutina. Los trabajadores abandonaban sus escritorios, se dirigían a las escaleras y descendían siguiendo un procedimiento establecido. Los empleados de los pisos superiores comenzaban primero y bajaban de a dos, mientras se dejaba espacio para que los bomberos pudieran subir en sentido contrario. Siempre supervisaba los ejercicios con un megáfono. Para muchos empleados, aquellos simulacros eran una molestia. Algunos incluso se burlaban del responsable de seguridad. Años después, nadie tendría motivos para reírse.
EL HOMBRE DEL MEGÁFONO
Cuando el vuelo 11 impactó contra la Torre Norte, los altavoces del complejo transmitieron instrucciones para que los trabajadores de la Torre Sur permanecieran en sus oficinas, ya que consideraban el hecho como un accidente aislado y que esa torre no corría peligro alguno. Rescorla decidió no obedecerlas. Desde el piso 44, tomó su megáfono y comenzó a ordenar la evacuación.
Los empleados de Morgan Stanley empezaron a dirigirse hacia las escaleras siguiendo un procedimiento que habían practicado una y otra vez. Rick recorrió los pisos y mantuvo a la gente en movimiento. Para aliviar la tensión, alternaba las instrucciones con canciones tradicionales de su Cornualles natal y marchas militares para que siguieran un ritmo efectivo.
A las 9.02, el segundo avión impactó contra la Torre Sur entre los pisos 77 y 85. La situación cambió de manera brutal, pero la evacuación ya estaba en marcha. Los trabajadores continuaron descendiendo por las escaleras mientras el fuego, el humo y los daños provocados por el impacto convertían cada minuto en una carrera contra el tiempo.
Según el Ejército de Estados Unidos, 2.687 personas lograron escapar gracias al operativo que Rescorla había preparado y dirigido. De los trabajadores de Morgan Stanley que se encontraban aquella mañana en el edificio, solamente trece no sobrevivieron. Pero su acción todavía no había terminado.

Cuando gran parte de los trabajadores había conseguido salir, Rescorla podría haberse quedado afuera. Pero no lo hizo. Volvió a ingresar a la Torre Sur para buscar a quienes todavía podían permanecer dentro. Fue visto por última vez en el piso 10. La torre se derrumbó a las 9.59. Rick Rescorla tenía 62 años. Nunca salió. Sus restos no fueron encontrados. Fue declarado muerto tres semanas después del atentado. Según el Memorial del 11 de septiembre, Rescorla y otros doce empleados de Morgan Stanley murieron aquel día.
Antes del derrumbe, consiguió comunicarse con su esposa, Susan, en una de sus últimas conversaciones. Le pidió que dejara de llorar y le dijo que tenía que continuar sacando a la gente del edificio.
NO FUE UNA PROFECÍA
Con el paso de los años, los medios comenzaron a llamar a Rescorla “el hombre que predijo el 11 de septiembre”. Él no conocía el plan de Al Qaeda. No sabía cuándo ocurriría el ataque ni que cuatro aviones serían secuestrados. Lo que había identificado era la posibilidad de que el World Trade Center fuera nuevamente atacado y la necesidad de estar preparados para una evacuación masiva.

Su mayor acierto no estuvo en saber exactamente qué iba a suceder, sino en entender que una emergencia podía llegar y que, cuando lo hiciera, los empleados debían saber cómo actuar. Durante años había insistido con los simulacros. El 11 de septiembre, aquellos ejercicios dejaron de ser una práctica y se convirtieron en una cuestión de vida o muerte.
Esa prevención salvó miles de vidas. Pasó sus últimos minutos haciendo aquello que había hecho durante años: ordenar, guiar, buscar a quienes todavía necesitaban ayuda. Esta vez, sin embargo, no hubo un simulacro ni una segunda oportunidad.
