Por Sofía Menica
Juan Carr llama por teléfono, no atiende, para acordar la fecha de la entrevista. Salió a caminar por Vicente Lopez y tiene ganas de charlar. Durante media hora, le pregunta a esta futura periodista por sus sueños, su fe, su transcurso emocional por la escuela, sus pasatiempos y, sobre todo, por su generación, que es “la que queda”. Hace chistes, indaga en conceptos solidarios, presenta preocupaciones y proyectos posibles de su espíritu hiperactivo-altruista. También profundiza sobre el sentido del periodismo solidario y explica que “un trending topic en X no va a salvar al mundo”.
Carr cuenta que “la Red Solidaria nació con el fútbol de barrio”. Allá por 1995, alquilaba con amigos unas canchitas de fútbol 5 y cuando terminaban de jugar siempre se quedaban charlando sobre “cómo cambiar el mundo”. En un tercer tiempo, el arquitecto Raúl Flores dijo: “Todo el mundo va a tener una computadora en su casa”. “Nosotros decíamos: ¡En la casa! ¿Cómo es posible?. Y de ahí surgió la red, que en principio le pusimos el nombre de Red Informática Solidaria”, cuenta. Carr es veterinario pero también pasó por la carrera de Ciencias Políticas en la UBA; ahora está terminando una licenciatura en Desafíos Urbanos. Se define como un “amante del aprendizaje”.
A partir de la creación de la Red y siempre desde un perfil bajo, escribió esporádicamente notas en medios como La Nación o Página 12 convocando a los lectores a involucrarse en la ayuda solidaria. Probablemente, hoy sea una de las caras ligadas a la solidaridad más conocidas de la Argentina. Sin embargo, preserva la humildad y hace mucho no aparece en los medios.
—En el mundo del periodismo los contactos son claves. Y aún más, en el periodismo de nicho que busca, principalmente, solucionar un problema. ¿Qué números te fue más eficiente marcar para la contribución o divulgación de una causa?
—Bueno, como dije, el primer nombre era Red Informática Solidaria porque todo el mundo ya hablaba de informática. La informática era lo digital. Pero, cuando nos hicieron la tercera nota, que fue en Radio Mitre, explotó el teléfono que habíamos puesto y, entonces, nos dimos cuenta del valor de la comunicación clásica. La fundación La Nación, que está incorporada al diario, y el Grupo Clarín, con Fundación Noble, son dos lugares que le dan lugar a lo comunitario, por ejemplo. Después, todos tienen un costado solidario, como Telefe, C5N o algunos streamings. La famosa solidaridad argentina es cierto que está en todas partes, inclusive en la comunicación. Aerolíneas Argentinas e YPF siempre dan una mano solidaria. Además, nosotros tenemos una gran relación con el fútbol y con el rock. Al principio no lo sabíamos, ¿viste?, pero toca Rebelde Way y, antes de cantar, aparecen un montón de imágenes de los chicos perdidos. O, por ejemplo, toca Florencia Bertotti en el exterior y tenemos una campaña sobre un país que necesita aumentar los trasplantes. Después, la Red Solidaria quiere meter la nariz en todas partes. Ahora estamos haciendo una IA solidaria, pero es una excusa para generar más movimiento.
—¿Cómo viene la preparación de esta IA solidaria?
—Está verde, todavía. Pero la idea es para que le pesques la vuelta a la solidaridad. Le podés hacer preguntas que le hacés a todo el mundo, pero en función de lo social. Desde cómo terminar con el hambre del mundo hasta dónde te parece que puede estar alguno de los noventa chicos pérdidos o, inclusive, preguntar cómo podemos prevenir el próximo incendio de bosques que se prevé dentro de dos o tres meses.
—Recién mencionaste que la red tiene un vínculo con el rock y el año pasado publicaste en tu Instagram una foto con Charly Garcia pidiendo por la aparición del niño cordobés Lian Gael Flores Soraide, ¿qué tanto funciona asociar la cara de alguien como Charly en el compromiso de la sociedad con la búsqueda de niños o niñas desaparecidos?
—El planteo es así: los noventa que están perdidos ahora son búsquedas difíciles. El enemigo es el silencio. El enemigo es el olvido. Entonces, lo que vos tenés que saber es que, en cualquier lugar, alguien anónimamente siempre dice algo o aporta una pista. Hay gente que lo vuelve a ver y gente que, inclusive, estuvo cerca de un suceso negativo y feo, que cuando vuelve a ver una imágen así se conmueve y da un dato. Igual, con Charly tenemos una relación cercana, eterna. Con Soda Stereo, en la gira latinoamericana que hicieron ellos, metimos cinco videos de temáticas de periodismo solidario.
—Además de Charly, ¿qué otros artistas solidarios te gustan?
—La generación esa, que es la de Spinetta y Charly, es la que me formó, un poco, y en la adolescencia y la infancia, me alentaba a cambiar el mundo. Lo mismo que algunos escritores argentinos, como Borges, Bioy Casares, ahora Leila Guerriero, que es más contemporánea. Ellos son personas super sensibles y Leila es una figura clave. Con ella, hicimos más de una obra solidaria.
—Retomando lo que dijiste sobre la famosa solidaridad argentina que está en todos, ¿cómo pueden hacer los periodistas para que esto se refleje en los medios?
—En el periodismo solidario habría que ver cómo ajustamos algunos detalles. Por ejemplo, en vez de titular “Un autista necesita un medicamento”, redactar “Un niño con autismo”. La delicadeza, el cuidado y la ternura de la persona son más importantes que una nota con prestigio, popularidad y éxito. Hay que encontrar el cómo hacer que esa comunicación no hiera a nadie. A ninguna minoría o grupo invisibilizado, como tampoco a una obra social, un partido político o un grupo religioso. Cada cuarenta o cincuenta personas en la Argentina hay una conectada, de algún modo, con la Red Solidaria: en algún lugar es un scout, en otro es un estudiante de periodismo, y sino es un gobernador o el CEO de una compañía.
