Por Ana Otharán
El ruido constante de las notificaciones de fondo funciona como la banda sonora de una era hiperconectada, donde el flujo informativo parece no frenar nunca. En medio de ese torbellino digital, el desafío de procesar el pulso del mundo en tiempo real se vuelve una tarea complicada para quienes habitan las redacciones contemporáneas.
Desde la pantalla de Todo Noticias (TN) hasta las producciones largas para plataformas como Aura, la labor cotidiana de Gonzalo Bañez consiste en transformar ese ruido ensordecedor en relatos con sentido, rigor y profundidad. No se trata de repasar un listado de coberturas o un currículum de destinos peligrosos, sino de comprender cómo la profesión periodística se reconfigura ante un usuario que scrollea sin pausa en la pantalla de su celular. La paciencia, en este contexto, emerge como una herramienta fundamental de preservación frente a la inmediatez que domina la escena actual.
“Es preferible, en cierto sentido, esperar algunos minutos más para tener realmente confirmada y verificada la información antes de publicar”, sostiene Bañez con firmeza, rescatando el valor del silencio estratégico por sobre el apuro que desdibuja la verdad. En su visión, el oficio atraviesa una mutación inevitable impulsada por algoritmos y redes, pero el núcleo de la profesión permanece inalterable ante el avance tecnológico.
Con la experiencia de haber registrado las vivencias de los voluntarios que viajan al conflicto la guerra en Ucrania para su documental Morir en guerra, el periodista comprende que el verdadero valor agregado radica en la sensibilidad del ojo humano y en la verificación en el terreno. “Ese es el factor humano que siempre va a diferenciar al periodista real de la tecnología: poder contar los hechos con una mirada humana”, afirma.

Para desentrañar el nuevo ecosistema informativo, Bañez propone una lectura que entrelaza la gestión del caos y las narrativas multiplataforma. Sostiene que frente al agobio del caudal desmedido de datos, la mejor estrategia radica en consolidar profesionales y medios de referencia específicos, un ejercicio que demanda la paciencia necesaria para verificar antes de lanzar cualquier contenido.
-¿Cómo es el método diario para procesar, editar y distribuir el caos del mundo en tiempo real sin perder el rigor y la precisión?
-Es cierto que hoy la cantidad y el caudal de información, y, sobre todas las cosas, la diversidad de plataformas a través de las cuales uno se puede informar, parece que a veces nos supera. Uno se siente hasta agobiado y que se está pasando la información por los costados sin tener realmente claro cuál es la información cierta, concreta, veraz e importante. Yo creo que en este contexto lo mejor, y es lo que aplicamos en TN y lo que aplico también en mi vida personal como periodista, es tener medios de referencia para cada uno de los temas que uno trata y periodistas, nombres de referencia, con quien uno puede chequear. Hay que ser paciente. Es preferible, en cierto sentido, esperar algunos minutos más para tener realmente confirmada y verificada la información antes de publicar.
-Como periodista que trabaja tanto en el vivo de la tele como en formatos de profundidad, ¿cómo se explica un conflicto complejo en formatos cortos mientras el usuario hace scroll en el celular?
-El gran desafío que tenemos los que trabajamos en medios audiovisuales es que ya no es solamente un medio televisivo, sino que es algo multiplataforma donde trabajamos con formatos, mini documentales, documentales, redes sociales y la televisión. Sobre los documentales, uno va entendiendo que hay partes que pueden contarse de forma muy concreta en un reel de un minuto y medio. Ahí tenés dos cuestiones: que ese formato corto conecte y haga que haya una transición del consumidor, o simplemente que el que lo consume se quede con el reel pero entienda el concepto de lo que uno quiere hacer. De esa manera uno cubre las distintas audiencias, plataformas y formato de consumo sobre todas las cosas.

-¿Creés que las herramientas digitales nos están dando más ojos para ver la realidad de frente o nos están creando una pantalla de humo?
-Yo creo que hay que separar entre redes sociales e inteligencia artificial. Las redes sociales sí son uno de los principales causantes de esta desinformación que encontramos en el último tiempo, impulsada por la inteligencia artificial, y permiten una interlocución muy directa donde no hay prácticamente control. La inteligencia artificial es transversal y tiene pros y contras distintos. Tiene el riesgo de inventar esas imágenes que parecen reales pero en realidad son ficticias, pero al mismo tiempo, bien usada, ayuda mucho a ordenar ese contenido, puede detectar imágenes falsas, videos adulterados y ordenar información.
-¿Y en cuanto a la inmediatez?
-Ahí sí coincido que en la era digital muchas veces uno se queda con el video o la imagen impactante, pero no llega a comprender lo que hay de fondo. Creo que ese es el trabajo que tenemos que hacer desde los medios: hacer un doble clic en esos lugares que se necesita dar un marco de explicación teórico para entender qué hay detrás.
-¿Qué lugar le queda a la palabra escrita y al libro ante el avance de lo audiovisual y del consumo fragmentado en pantallas?
-Creo que la prensa escrita se va transformando, va encontrando nuevos nichos y nuevas audiencias, tal como pasó en su momento con la radio. Un libro es un elemento en el que uno se sienta y sabe que le va a destinar tiempo, no lo agarra como al celular cinco minutos y sigue scrolleando. Los diarios de los fines de semana, con columnas de opinión y las notas en profundidad, van hacia esa vertiente. El desafío es publicar un paso más allá de lo que se consume a diario de forma rápida, porque hoy las métricas de los sitios web muestran que una nota tiene un promedio general de un minuto o veinte segundos de lectura. Ante el declive de la compra de ejemplares, se están transformando en estos productos de profundidad.
A la distancia, la conversación con Gonzalo fluye de manera natural. Entre el ida y vuelta de mensajes y audios de WhatsApp, sus reflexiones dejan en claro que, sin importar las distancias o los formatos, el compromiso periodístico se mantiene intacto cuando la mirada humana sigue siendo la prioridad.
