Por Julián Brunet
Antes de escribir libros, cubrir conflictos internacionales o recorrer los senderos de la Patagonia, Gonzalo Sánchez tenía un objetivo claro: conocer el mundo. “Yo decidí estudiar periodismo porque quería conocer el mundo y no sabía cuál era una buena herramienta para viajar, hasta que leí una vez un libro de Arturo Pérez Reverte, en los años 90, sobre el campo de la guerra en Yugoslavia y me había fascinado. Quise ese trabajo y me parecía que era la manera de andar dando vueltas. Además había como un componente medio vocacional, que venía del colegio, así que dije bueno vamos por acá”, recuerda. Esa vocación inicial, más cercana a un deseo que a un plan, terminó convirtiéndose en un camino extenso y marcado por la curiosidad dentro de los medios de comunicación.
Nacido en Burzaco, zona sur de la Provincia de Buenos Aires, en 1977, el actual periodista y conductor de Infobae se formó en TEA durante un año y luego en Letras, en la Universidad del Salvador. “En un momento sentí que TEA no era lo que yo quería como formativo, y dije bueno, ordeno un poco el método de lectura y no lo hago desordenadamente, entonces Letras en el Salvador me sirvió para eso”, cuenta.
Sus primeros pasos en el periodismo no fueron planeados. “Entré por la ventana”, dice sobre sus inicios en el diario Perfil, en 1998. Ingresó como colaborador en la sección Policiales, aunque su camino fue corto, ya que el periódico cerró al poco tiempo. Pero eso le permitió ingresar a la Editorial Perfil. “Ahí empecé una especie de peregrinaje por distintas publicaciones, muchas de espectáculos, que me sirvieron mucho para aprender a entrevistar”, recuerda. Además del aprendizaje, Sánchez se encontró con una camada de periodistas de renombre, muchos de ellos fueron sus jefes y maestros a la vez. En su siguiente paso, que fue en la revista Noticias, se fue perfilando a un periodismo de información general o de sociedad, más que de política: “Era una muy buena escuela para aprender el oficio”.
“En los años 90 viajé mucho a la Patagonia por diferentes motivos, y terminé convirtiéndome en un amateur de las montañas, y andaba mucho en el sur y subiendo montañas, entonces era como mi otra pasión”, cuenta. En ese contexto y a partir de su vínculo personal con la Patagonia, surgió uno de los proyectos que marcaría su carrera. A comienzos de los 2000, mientras trabajaba en Noticias, empezó a investigar la compra de tierras de esa región argentina por parte de grandes empresarios extranjeros. Esa investigación derivó en su primer libro, La Patagonia Vendida, los nuevos dueños de la tierra, publicado en 2006. “No tenía idea de cómo se hacía un libro, lo hice con técnica periodística: ir a buscar entrevistas y contar historias de cada uno de los personajes que elegía”.
Uno de los momentos más importantes fue la entrevista al polémico multimillonario británico Joe Lewis, dueño de miles de hectáreas que rodean y limitan el paso libre de personas al Lago Escondido, ubicado en la provincia de Rio Negro. “Me gasté la plata que no tenía para hacer esa nota, pero lo encontré, hice la nota, la publiqué en Noticias y después lo conté en el libro. Fue todo como medio un escandalete”, recuerda. “En el año 2006 salió el libro, que fue una especie de pico de trabajo, fue buenísimo, y la publicación de ese libro, el primero, también fue el cierre de mi etapa en Perfil”.
Según Sánchez, en aquella época, había “un auge en la crónica, entonces muchos periodistas que queríamos escribir bien, o pretendíamos escribir bien, con manejo de la escena, información, pero sobre todo con mucho tono, estábamos muy metidos en eso”.
Ese trabajo marcó un punto de inflexión en su carrera. A partir de ahí dio un salto que lo llevó a integrar la Revista XXIII. “Me llegó una oferta que me duplicaba el sueldo y pasaba de ser redactor a subeditor y me fui”. En XXIII conoció a dos personas que marcarían su vida: “(Jorge) Lanata y Andrea Rodríguez, hoy trabajo con ella todavía. Ella era la productora histórica de Lanata, además de su ex esposa, y ahí me hice un camino que duró poquito, porque él activó el diario Crítica y me quise tirar de cabeza”, recuerda Sánchez sobre aquella etapa. También destaca el aprendizaje y la intensidad de trabajo que encontró en una generación de periodistas interesados en la crónica y en una escritura narrativa de los hechos. “Era un gran proyecto, con (Martín) Caparrós, a quien yo ya lo admiraba y ya estaba dentro del mundo periodístico fuerte. Ahí me empecé a cruzar con muchos periodistas generacionalmente más cerca mío como, Nicolás Wiñazki, Osvaldo Bazán o Hernán Brienza”.
El desarrollo de sus investigaciones le abrió puertas fuera del país. Comenzó a trabajar en proyectos documentales para la televisión española y francesa, desempeñándose como productor de investigación. “Todo lo que hice en Patagonia es la base de mi carrera. Todo ese laburo me dio una estampa de contador de historias periodísticas. Después las cosas cambiaron, se siguieron abriendo puertas. Por eso Lanata me propuso en un momento hacer los documentales BRIC, que fue un delirio de Jorge, viajar por el mundo; terminamos en China, India, Rusia, en Uruguay. Así que ahí hubo una relación de, entre comillas, amistad con él, era un ídolo”. El cambio de formato, de la gráfica a lo audiovisual, no alteró, según explica, su forma de trabajo. “El laburo siempre es el mismo: buscar la información, hacer entrevistas y conseguir que las personas hablen”.
En 2010 su vida dio otro giro, el más importante, con su llegada al diario Clarín, donde se desempeñó como Jefe de Redacción de la sección Sociedad por más de quince años. Esa etapa representó una consolidación profesional, pero también una nueva dinámica de trabajo: “Fue el lugar donde me ordené, donde me consolidé como trabajador de prensa”. Aunque en un primer momento sus viajes disminuyeron, siempre se hizo un lugar para poder hacer coberturas e investigaciones. “Trataba de tener dos o tres viajes donde yo podía hacer mi cobertura, entre ellos la guerra de Ucrania. Eso fue para el final de mi etapa en Clarín, donde me tocó el mejor laburo”.
En paralelo, nunca dejó de escribir libros: La Patagonia Perdida, la lucha por la tierra del fin del mundo (2011), Malvinas, los vuelos secretos (2012) y Calafate el paraíso perdido de la década ganada (2015), ampliando sus investigaciones hacia temas políticos y de medio ambiente. En 2016 se produjo uno de los cambios más importantes de su carrera: el ingreso a la radio. “Se me abrió algo que yo no esperaba, que es el mundo de hablar. Hoy vivo más de eso que de escribir y se convirtió en mi medio de vida. Desde el principio fue lindo, divertido y siempre salió bien”, dice sobre su llegada a Radio Mitre. La experiencia, lejos de resultar dificultosa, le resultó natural. Esa naturalidad la atribuye a sus años de escritura en gráfica, que le permitieron ordenar las ideas.
Según cuenta, nunca desarrolló una metodología rígida de trabajo, al contrario: “Nunca fui muy ordenado, mi método es preguntar y, cuando termino, pensar que otra entrevista se abre”.
Es imposible en estas épocas no pensar en la inteligencia artificial y el rol que van a ocupar los periodistas en el nuevo mundo, que cada vez tiene menos de novedoso. Para Sánchez, el periodismo atraviesa un momento complejo, marcado por la precarización laboral y la transformación de los medios. “Los periodistas en las redacciones son autómatas que van abasteciendo lo que pide el algoritmo y no se trabaja como llegué a trabajar yo, que era pensar un buen tema e investigar. Hoy los periodistas hacen tres o cuatro notas por día y ni siquiera las firman. Antes vos firmabas una nota con tu nombre y sentías un orgullo porque habías puesto lo mejor de tu escritura, lo mejor de tu investigación. Ahora eso ya no pasa más porque la gente no lo pide”.
En ese contexto, considera que el periodismo gráfico enfrenta una crisis profunda, con pocas áreas que lograrán sostenerse. “Con la aparición de la IA creo que hay una reconversión hacia el mundo que estoy habitando, que es el del streaming, el audiovisual”. Al mismo tiempo, señala que el consumo de información ha cambiado radicalmente. Las nuevas audiencias priorizan formatos audiovisuales, contenidos breves y plataformas digitales. “Una buena historia se puede contar escrita, muy larga, muy corta, en vivo, en video o en audio. Nadie debe pensar que las cosas se cuentan de una sola manera. Hay que pensar que uno es periodista de todos los formatos y que los medios están mutando a lo que propone el mercado“.
En relación con la formación de nuevos periodistas, Sánchez menciona que “para los que siguen eligiendo esta carrera es la misma técnica: detectar historias y saber contarlas”. “Siento que sigue siendo novedoso que alguien cuente algo por primera vez, no hay con qué darle a que vos te obsesiones con un tema del cual no se está hablando, lo propongas y lo instales en la discusión. Es lo único que va a salvar esto”, sostiene.
Aquel joven que eligió al periodismo como un medio de vida para recorrer el mundo y contar historias parece haber cumplido su meta, si es que alguna vez hubo una meta. Pero también parece haber encontrado algo más: una manera de mirar, observar y contar la realidad. En un contexto de constantes cambios en el periodismo, su recorrido profesional ofrece, al menos, una certeza: este oficio sigue teniendo sentido cuando descubre y logra contar historias que valen la pena.
