Por Rocío Lastra
Ivy Cángaro comenzó en el periodismo de manera fortuita. Apenas había terminado la escuela secundaria cuando se topó con un caso que marcó un antes y un después en su vida, una secta internacional llamada Los Niños de Dios. “Empecé a participar un poco de manera fronteriza con el grupo hasta que me di cuenta de que había cosas que no me cerraban. Entonces seguí yendo. Empecé a prestar más atención. Empecé a robarles material. Hasta que me di cuenta de que estaba en una organización de trata de menores.”
En ese momento, ella trabajaba en un anticuario muy prestigioso y su idea era dedicarse al rubro de la decoración, el diseño y la arquitectura. “La vida me llevó para otro lado absolutamente”, dice ahora. Con la audacia propia de la juventud decidió llevar el caso a la prensa, al diario La Capital de Mar del Plata, ciudad en la que vivía. Ahí le dijeron: “Mirá, el tema es pesadísimo. Nosotros lo publicamos, pero si vos escribís la nota y la firmás”. Y ella aceptó.
—¿Cuál fue la siguiente después de esa investigación? ¿Cómo continuaste?
—Eso me llevó mucho tiempo. Porque derivó en una seguidilla, no solo de artículos periodísticos, sino en casi especializarme en el tema. Durante años me dediqué a la cuestión de las sectas religiosas. Conferencias y demás. Pero seguía trabajando en la casa de antigüedades. Y en paralelo empecé a hacer esto de la música. Ahí mismo, para el diario La Capital, empecé a formar parte de lo que se llamaban las Columnas de la Juventud, que era un suplemento joven. Yo cubría los recitales de rock, de bandas locales y de bandas que venían a Mar del Plata. Era el fin de los 80, principio de los 90, así que fue un tiempo fantástico para la música, para el rock.
Así comenzó su carrera periodística. Tiene formación en historia y es genealogista, tres disciplinas íntegramente relacionadas con su forma de trabajo. “Todo tiene que ver con la paciencia, con la investigación, con el unir datos, con encadenar historias. Están absolutamente relacionadas las tres disciplinas. Son tres labores de paciencia, de observación, de memoria también, pero una memoria no de registro enciclopédico sino de poder unir datos.”
Su método se basa en la intuición, el análisis, la memoria y el pensamiento lateral. La obsesiona el avance de la extrema derecha, principalmente en América Latina, desde hace cuarenta años. Recuerda el siguiente caso para explicar su forma de razonamiento: “En 2021 noto que empieza a tomar predominio este grupo Revolución Federal, los que quemaban barbijos, todas esas manifestaciones anticuarentena, no parecían muy espontáneas algunas cosas. Empecé a seguir más o menos el rastro en las redes y en los medios. Cuando surge el fallo de Cristina, yo hago una publicación en agosto, diciendo que es el momento propicio para que atenten contra Cristina, algo que sucedió un mes después”.
Esto llevó a que sus mismos compañeros sospecharan que trabajaba para los servicios de inteligencia. Pero ella asegura: “No es que lo sabía, es que venía viendo cómo funcionaba y era una decantación natural que eso sucediera”.
—Sos de Tandil, pero viviste muchos años en Mar del Plata.
—Nací en Tandil. Cuando tenía 11 años nos fuimos a vivir a Mar del Plata. Viví ahí de mis 11 a mis 28. Pasé toda mi adolescencia y juventud y a los 28 volví a Tandil. Con algunos lapsos en que estuve acá en Buenos Aires también.
—¿Qué particularidad tiene hacer periodismo desde un lugar fuera de Capital Federal?
—Hacer periodismo en una ciudad del interior, una ciudad mediana como Tandil, que tiene 150 mil habitantes, tiene cosas de consumo absolutamente local, por supuesto. Pero lo que sucede también es que hay un centralismo porteño muy grande. En una ciudad así, pasando la General Paz, en Tandil, es más probable que tengan conocimiento de que hay un corte de calles en Palermo a lo que pasa en su propia esquina. Los medios masivos reproducen lo que sucede acá, porque se genera la noticia desde acá. Tenés que batallar con la competencia de los medios nacionales que imponen su propia agenda. Tenés que batallar con los intereses genuinos de tus vecinos, que a veces están en pugna con lo que uno quiere decir. Porque además muchísimas veces estás hablando o cuestionando a tu vecino, literalmente, a gente que te cruzás en la calle. Esa cotidianeidad también de alguna manera atenta contra el periodismo. Y además, porque para esas personas es “pero mirá que esta va a decir algo piola si vive acá a la vuelta”. Eso también, si además sos mujer, si además no tenés una belleza hegemónica. Acá también sucede, pero no tenés la lucha contra gigantes mediáticos haciéndote competencia por la noticia.
En la actualidad trabaja codo a codo con Mauro Federico. Una de sus recientes investigaciones es el escandaloso caso de la Secretaría Nacional de Discapacidad (ANDIS). La dinámica entre los dos funciona, se complementan. Los audios los recibió él y se los dio a ella para que se fijara si había algo. Y sí, había algo. Tras horas de escuchar audios inconexos de una voz irreconocible, logró interpretar que se hablaba de una entrevista de Alejandro Fantino. Entonces, se tomó el trabajo de buscar algún entrevistado a quien no le reconociera la voz. Lo encontró, era Diego Spagnuolo. Lo que decía en la entrevista tenía sentido y finalmente se topó con la cita a la que refería el audio. Había dado en el clavo, ya sabía quién era el protagonista y que se trataba de datos reales: “Me di cuenta de lo que teníamos. Le dije a Mauro: esto es un bombazo”.
Ivy se había mudado a la ciudad de Buenos Aires solo un mes antes, para participar presencialmente del streaming Data Clave, en Carnaval. Pasó de trabajar desde la comodidad de su casa en Tandil, a estar muy expuesta en los medios: “Después de eso salía a la vereda y de repente me pedían selfies, y hasta ese momento si alguien me saludaba en la calle era porque yo también lo conocía, ahora me saluda gente que no conozco“. El caso, cree, fue lo más importante con lo que se toparon en los últimos años y le dio una visibilidad que hasta entonces no tenía.
Pero también resultó en amenazas. Desde fotos de periodistas asesinados, hasta un dron en el patio de su casa. Ivy convivió con hostigamientos de todo tipo desde que se inició en el periodismo. El precio de incomodar y contar lo que algunos no quieren que se sepa. “Yo era adolescente, iba a bailar y tenía que ir a bailar con una custodia”, recuerda. Por el caso de los Niños de Dios, también su casa sufrió ataques dos veces.
Con los años eso dejó de suceder, pero solo por un tiempo. “Esas situaciones volvieron cuando empecé a exponer a estos grupos de extrema derecha. Los primeros en amenazarme fueron los de Revolución Federal, Jonathan Morel y demás, porque empecé a escribir y a exponer quiénes eran y además qué participación habían tenido en el atentado contra Cristina.”
Empezó a exponer las vinculaciones de estas agrupaciones con libertarios y con el actual presidente de la Nación, Javier Milei: “Entre ellos un grupo que se llamaba Fuerza Unidaria, un grupo con sede en La Plata que es esencialmente nazi, literalmente nazi Fuerza Unid-aria. Milei participó de actos y de encuentros de esa agrupación, hay fotos, las he publicado”.
Fue cuando salió una nota que había escrito acerca de esta organización y su simbología nazi, como los tatuajes de Fernando Sabag-Montiel, condenado por el intento de asesinato de Cristina Fernández de Kirchner, que comenzó el acoso: “Amenazas de muerte directa, doxeo, pusieron todos mis datos personales en todas las redes sociales, teléfono, dirección, mías y de mi hijo. Me mandaban fotos de cadáveres de periodistas de otras partes del mundo, fotos de seguimiento de mi hijo”. Los dos tuvieron custodia fija las 24 horas del día por un año y medio.
Una de las situaciones insólitas que vivió en este aspecto sucedió cuando expuso en una nota quién era Fernando Cerimedo, el fundador de La Derecha Diario y de toda la campaña de trolls e influencers de Milei. “Estaba saliendo al aire en C5N contando eso y automáticamente llegan a mi WhatsApp decenas de mensajes de amenazas. Y en la ventana, estando al aire, un dron asomado. Entró por el patio de mi casa”, recuerda. Al día de hoy continúa con custodia dinámica.
—¿Qué reflexión hacés acerca de este accionar típico de este gobierno hacia periodistas y en gran parte mujeres?
—Su discurso de odio empezó siendo personal por múltiples factores de su vida, que no me interesa analizar, pero llegó a ser lo que es en su formateo absolutamente misógino. Y ese discurso permeó en todos sus seguidores, todos encontraron algún tipo de identificación. La mayoría, sobre todo los primeros, que se empezaron a nuclear alrededor de él, son del mismo formateo: incels, personajes muy rotos. En todos hay una matriz misógina absoluta. Pero no solo en los fanáticos, que vos decís “es un pibe detrás de la compu”, y hasta se los suele parodiar; también en los que él toma como referentes de sí mismo. Como Nicolás Márquez, como Agustín Laje. Un tipo como Nicolás Márquez, que además de abusar de su propia hija, que tenía cuatro años, tiene múltiples causas de violencia de género, golpeador. Con un discurso de espanto, Laje también, son las dos cabezas que más han influido en el formateo del presidente. Entonces es como que se retroalimentan. Él empezó siendo un roto solo que se juntó con otros rotos. Y se retroalimentan en esta cosa que los terminó llevando al poder.
—Ese ensañamiento, lo de “no odiamos lo suficiente a los periodistas”, por ejemplo, ¿es un ataque a la libertad de expresión?
—No hay duda de eso. Y además te lanza a los lobos, a merced de un montón de gente que no sabés qué puede llegar a hacer por congraciarse con él. No podés agitar ese discurso de odio cuando no tenés el control de las consecuencias, y no las tiene. No es solo poner en peligro a las personas físicas en el sentido más literal, sino que fundamentalmente es un método de censura y amedrentamiento como no se vió jamás. Porque habrá algunas periodistas que te digan que el kirchnerismo fue peor. ¿Qué te pasó en el kirchnerismo? ¿La presidenta te trató así? ¿O peor? No, entonces, ¿por qué fue peor? La realidad es que no sucedió nunca desde la democracia hasta ahora. Ni a mí, ni a nadie. Siempre hubo algún apriete, alguna cosa, pero era de otra manera. No era bajado desde la cima hacia abajo. Quedaba en cierta horizontalidad, en ámbitos más reducidos, era una cuestión casi personal. Esto no se vivió nunca. Y me parece de una gravedad absoluta, únicamente equiparable a los peores momentos del fascismo en el mundo. Para mí este es un gobierno netamente fascista. Y sus medidas son fascistas. Con un discurso de moral y de libertad, del “respeto irrestricto al pensamiento”, sabemos que no. Claro está que no. Y si encima sos mujer como en mi caso, y sos una mujer de una edad avanzada –yo estoy pisando los 60–, si no tenés una belleza hegemónica, estás muy en el horno. Vos mirás mis redes sociales y las del canal, en cualquier recorte que se suba, no importa lo que esté diciendo, vas a ver abajo una chorrera, no tanto en mi Twitter porque bloqueo, pero en las del canal, de cincuenta comentarios 45 van a ser de libertarios. Muchas cuentas troll que tienen cero o dos seguidores. “Gorda”, “vieja sidosa”, “vieja puta”, “almacén de ravioles”. Todo relacionado a mi físico, a mi edad, a todas esas cuestiones. Entonces, ¿por qué tenemos que estar especulando que cualquiera de estos rotos que son capaces de escribir eso por pertenecer no den un paso más? ¿Por qué no lo harían? ¿Por qué no te van a esperar acá a darte un sopapo? Eso es fascismo. Yo ya estoy grande, y hay cosas que voy a decir “bueno, ya no me afectan”, pero en el fondo te afectan. No es grato todo el tiempo estar recibiendo ese tipo de guarangadas, de insultos. Y nos pasa creo que a todos, pero si somos mujeres, más.
—El periodismo sigue siendo un ambiente mayoritariamente masculino. ¿Qué implica ser mujer en el periodismo político? ¿Cómo es sentarse en un panel de hombres a discutir de igual a igual?
—Yo no tengo una carrera prototípica, por esto que te decía, que vivía en el interior, porque nunca me importó demasiado ni la fama, ni la guita, entonces no me manejé a los codazos, o un poco, pero o nunca vine a tocar un timbre de nada, nunca le mandé una nota a nadie. O sea que llegué a donde llegué medio de pedo y porque me han convocado, y me han convocado varones, increíblemente. Toda esta etapa se la debo fundamentalmente a Mauro Federico y a Jorge Rial, que sin conocerme apostaron desde el minuto uno en mí. Pero fuera de ellos, después es bastante difícil. En general si hay una mujer en un panel es porque… Bueno, vos miras el programa ahora, estoy rodeada de cuatro varones. En el control son todos varones, tres productores, y el resto. Soy la única mujer de toda una estructura en ese horario. Y en el canal no somos muchas más. En todos lados es lo mismo. Tenés que hacer una revalidación mucho más grande de tus capacidades. Y ellos no tienen que validar sus capacidades todo el tiempo.
EL FUTURO
“No sé muy bien lo que pienso porque la realidad es que me he equivocado tanto con algunos pronósticos, cuando uno decía nunca más, daba por entendido que nunca más. Nunca más es nunca más. Que había cosas que no se iban a debatir nunca más. Y ahora estamos debatiendo si la Tierra es plana“, señala. “Es impredecible, los que en 2018 dijimos, bueno, hay cosas que ya nunca más, tres años después nos dimos cuenta de que era casi la reacción inversa y se generaron otras contracorrientes.”
En cuanto al feminismo, la periodista cree que se podría volver a un estado similar al de los años 80: “Estos últimos diez años han sido simpáticos, muy pendulares y me parece que la decantación obvia es volver a un status quo previo, que tampoco es el mejor. No sé cuánto más se puede volver a trabajar sobre eso”. Asegura que si bien hay reivindicaciones que ya son incuestionables, como el voto femenino, lo más probable es la conformación de la sociedad a una situación “conveniente para la mayoría”.
Insiste con que su pensamiento no es pesimista, pero “la realidad es que a una celeridad tremenda nos están llevando a extremos de espanto nunca vistos. De regodeo en la crueldad, porque ya ni siquiera es una cuestión ideológica de extrema derecha, además de ser de extrema derecha, hay un regodeo de la crueldad”.
“Mi mirada hacia el futuro no es negativa, es triste, es oscura”, dice. En una reciente conversación con su hijo, le dijo: “Si yo hubiera sabido que el mundo que te voy a dejar en tu adultez iba a ser tan miserable, no te hubiera tenido”. “Porque –explica– es imposible predecir lo que va a ser en el mundo en cinco años. ¿Cómo podemos pensar lo que va a ser en el mundo cuando él envejezca? Entonces vos decís sí, tuve una infancia feliz, pero después, ¿setenta años de bosta? No, para eso no te tengo”.
“Ojalá me equivoque y haya un vuelco positivo, no se vislumbra, pero bueno. También sucedieron revoluciones cuando todo parecía súper oscuro”, admite. Para ella, la incertidumbre está relacionada con la falta de precedente: “Lo que pasa es que tampoco hay una referencia en donde anclar en la historia porque el avance tecnológico no existió nunca como está pasando ahora. Es la primera vez en que la humanidad puede ser manejada por máquinas”.
