Buenos Aires

viernes, junio 12, 2026

“Esta causa no es solo del pueblo palestino, sino de la humanidad”

Por Sofía Menica

Publicable conversó con la exlegisladora de CABA Celeste Fierro, tras su regreso al país luego de estar detenida en un barco-cárcel en el Mediterráneo por haberse involucrado en una misión internacional de ayuda humanitaria para Gaza,la Global Sumud Flotilla, por la que otros dos argentinos están desaparecidos desde el 24 de mayo tras ser detenidos en Libia por las Fuerzas Armadas Árabes Libias (LAAF).

–¿Cuál fue tu último contacto con los activistas argentinos desaparecidos, Paula Giménez y Lucas Aguilera, y qué es lo que más valorás de ambos ? (NdR: Lucas Aguilera y Paula Giménez son los directores de investigación de Nodal, un portal informativo de América Latina y el Caribe)
–Con ellos no tuve vínculo porque salieron junto a otros ocho activistas de España, Italia, Portugal, Polonia, Túnez, Uruguay y Estados Unidos en el Global Sumud Magreb por tierra desde el norte de África y nosotros salimos desde Barcelona. Pero nos une haber puesto el cuerpo para esta lucha justa. Por eso seguimos exigiendo a la Cancillería argentina que realice la presión diplomática sobre Israel para que los liberen, y más en este momento en que está ratificado que están en condiciones críticas, tanto humanitarias como sanitarias.

–Un mes atrás estuviste detenida en el Mediterráneo pero el año pasado también, por la misma misión de ayuda humanitaria, en el desierto de Israel. ¿Cuáles fueron las principales diferencias entre ambas detenciones?
–En la primera detención fuimos casi quinientos detenidos en Ktzi’ot, una cárcel de máxima seguridad en la Palestina ocupada, y además, estuve una semana: desde el 1° hasta al 7 de octubre. Primero en el barco, después un día más en todo lo que fue el procesamiento desde que llegamos al puerto y después el resto de los días en esta cárcel donde estuve la mayor cantidad de tiempo en una celda, con trece mujeres. Como duró más la detención compartí mucho más tiempo con estas compañeras que, por suerte, pude volver a encontrar este año en los barcos de rescate en el Mediterráneo. Me produjo mucha angustia pensar que hoy el Mediterráneo es el cementerio más grande del mundo. En el caso de la cárcel flotante (2026) fuimos 181 personas detenidas ahí, todas juntas. Duró menos y había una especie de patio donde se podía caminar, pero fue mucho más violenta.

–¿Qué es lo más fuerte que te tocó vivir en esta última detención? 
–El momento donde los soldados israelíes entraron con las armas y nos tiraron al piso a todos. Me acuerdo de que se llevaron al compañero que tenía al lado y me pisaron en ese momento. Tenía el moretón en la pierna de esa pisada, como de un costado. Pero, después fue lo mismo que a todos. Mucho tiempo de rodillas, boca abajo, te hacían como la llave para que camines bien torcido hacia adelante.

–¿Recordás una conversación, un gesto o una oración que te haya dado un instante de paz entre el horror carcelario?
–Sí, principalmente, me llevo el intercambio con los compañeros y las compañeras de dar el aliento para aguantar, desde compartir un vaso de agua entre todos hasta escuchar las historias de por qué cada uno y cada una estaban ahí. Además, algo que me motivaba ahí adentro era ver el reflejo de la solidaridad internacional en la unidad de los participantes del convoy a pesar de la diversidad en los proyectos políticos que muchos defienden. Este año, niñas muy jóvenes se unieron y eso también me dio esperanza.

–De los testimonios que escuchaste de activistas sobre qué los trajo a la misión humanitaria, ¿hay alguno que te haya quedado grabado?
–Más que uno en particular, tienen mucho peso para mí los compañeros y las compañeras que hace mucho tiempo dejan todo y ponen en riesgo su vida por esta causa que no es solo del pueblo palestino, sino de la humanidad. En una situación donde vemos que la colaboración por parte de los Estados se perpetúa e Israel lejos de dar marcha atrás, sigue para adelante en su plan global que es Gran Israel y por eso vemos cómo hoy está atacando Líbano, tomar eso de aquellos activistas que dejan todo y que lo volverían a hacer muestra que hay un compromiso y solidaridad internacional que crece lejos de los discursos de “sálvese quien pueda” que hoy intentan ser los que priman.

–¿Qué estados son cómplices del genocidio en Gaza y de qué manera?
–Europa es el principal cómplice de Israel en materia económica. Y, sin embargo, muchos países del continente han denunciado discursivamente el genocidio, pero siguen permitiendo que buques israelíes que luego llevan insumos a la ocupación, toquen sus puertos. Además, no han roto relaciones comerciales o diplomáticas con Israel. Por ejemplo, hay acuerdos del 2000 que se han planteado en las últimas reuniones de la Unión Europea y no se ha podido avanzar, al menos para suspenderlos por un tiempo.

–¿Qué te convoca a arriesgar tu vida y dedicar meses enteros a luchar por el fin del genocidio en la otra punta del mundo?
–Las infancias. Son lo que me ha marcado y por lo cual viajé la primera vez y volví a ir ahora. Más allá de abrazar esta causa hace más de veinte años con toda mi militancia, en los últimos años cuando el genocidio ha quedado totalmente expuesto, hemos visto que desde muy temprana edad esas infancias están en peligro y cómo avanzan contra ellas sin importar absolutamente nada. Hemos visto cómo asesinaron a niños y niñas cuando estaban yendo a buscar comida y hay muchos niños con huecos de bala en la cabeza, como también nos enteramos por informes de que algunos sufrieron tiros en el pecho y en los genitales. Pensar que eso le podría estar pasando a mi hija de diez años es lo que me involucra más de lleno con el compromiso palestino, y a muchas compañeras activistas les pasó lo mismo.

–Habiendo conocido en primera persona las tierras y la gente, ¿qué es lo que más admirás del pueblo palestino?
–Durante décadas y décadas su lucha fue casi en soledad. Pensar que la política de exterminio de Israel para poder apropiarse de todo el territorio palestino no es solo datos o historia. Son personas, son familias, son casas. Y ese avance y destrucción en muchos casos impulsaría a directamente abandonar y, sin embargo, permanecen defendiendo su territorio y no se bajan esas banderas por el derecho al retorno, por la autodeterminación, por la Palestina única y libre de genocidio.

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