Por Candela Quiroga
Desde que el gobierno de Javier Milei designó al economista Carlos Pirovano al frente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), en marzo de 2024, el organismo acumuló un recorte del 64% en términos reales en dos años, con 49,1% en 2024 y otro 28,7% en 2025. Francisco Castro Pizzo, director de cine y docente en la Universidad del Cine, plantea su postura frente a esta dificultad. Ha dirigido cortometrajes con presencia en festivales internacionales, estrenó el largometraje Eliana en 2021 y filma su segundo proyecto, Jeven.
—Desde que comenzaste a dirigir, ¿qué cambios notaste en las condiciones para hacer una película en Argentina?
—Cuando comencé a dirigir existían condiciones favorables para conseguir apoyo del INCAA para filmar ficción. Incluso para directores noveles, los concursos de ópera prima eran una buena vía para comenzar un recorrido como director cinematográfico. Hoy las condiciones cambiaron bastante. Las producciones dependen de las plataformas de streaming o de fondos de otros países para poder realizarse, y la cantidad de producciones nacionales que no dependen de factores externos se ha reducido a números históricos. Para quienes recién comienzan, esto hace que sea mucho más difícil encontrar una vía para llevar adelante una película.
—¿Qué lugar ocupaba el INCAA antes en el proceso de producción y qué lugar ocupa hoy?
—Antes el INCAA era una vía para producir ficción y documental, tanto para directores nuevos como para gente establecida, porque proveía parte del apoyo económico para subsidiar la producción. Era una herramienta que permitía que distintos proyectos pudieran concretarse. Hoy en día, con suerte, se puede realizar un cortometraje con el apoyo del INCAA. El cambio en el rol del instituto hizo que los realizadores tengan que buscar otras alternativas para poder financiar sus películas.
—¿Qué otras alternativas de financiamiento están apareciendo: productoras privadas, coproducciones internacionales, plataformas, fondos extranjeros?
—Principalmente las plataformas de streaming, los festivales internacionales y los fondos internacionales. Son alternativas que permiten realizar producciones, pero también generan una pérdida de autonomía a la hora de elegir qué historias se pueden contar. Las películas terminan dependiendo de lo que le interese al streaming o de una determinada mirada extranjera. Eso reduce la posibilidad de realizar cine de autor que no responda a las lógicas capitalistas. El problema no es solamente conseguir financiamiento, sino también qué condiciones existen para decidir qué película se quiere hacer.
—¿Creés que el Estado debería seguir teniendo un rol central en el financiamiento del cine nacional? ¿Por qué?
—Más que el Estado, creo que el INCAA debería recuperar su rol autárquico de promotor de la industria cultural cinematográfica. No debería depender del Estado ni del gobierno de turno, sino que el organismo pueda volver a funcionar como lo hacía originalmente, utilizando impuestos sobre las películas extranjeras para garantizar la producción de cine nacional. Me parece importante que exista un mecanismo que permita sostener la industria cinematográfica y que no dependa exclusivamente de plataformas, fondos extranjeros o intereses privados, porque eso también termina condicionando las historias que se pueden contar.
