Por Rocío Barrios Irureta
Luciana Piantanida es directora, guionista y productora audiovisual. Con una trayectoria de casi treinta años en la industria, dirigió Todas las fuerzas (2025) y participó en películas como Los ausentes (2014) y Mala (2013). Actualmente se desempeña como docente y tutora de proyectos cinematográficos en desarrollo. En diálogo con Diario Publicable, la realizadora habla sobre la situación del cine argentino.
-¿Cómo describirías el estado actual de la industria audiovisual argentina?
-Es muy grave. Trabajo hace casi 30 años en la industria, y desde que empecé hasta ahora siento que es el peor momento que estamos atravesando. Hay varias razones: por un lado están las decisiones relacionadas con el INCAA y con la distribución de los fondos públicos para hacer cine. A eso se suma la llegada masiva de las plataformas, que fueron monopolizando gran parte de la producción y de la atención de los espectadores. Por otro lado, un proceso que comenzó durante la pandemia: la pérdida del hábito de ir al cine.
-¿Qué cambió en los últimos años a la hora de producir una película?
-Lo principal que cambió es la modalidad de acceso a los subsidios del INCAA. Hace diez años, con la productora independiente Pensar con las manos hicimos casi diez películas en un contexto en el que existía un sistema donde un jurado evaluaba cada proyecto. Ese subsidio no cubría el 100% de la producción, pero la hacía posible y servía como aval para conseguir fondos internacionales. Ese modelo nos daba la continuidad y previsibilidad necesaria para encadenar proyectos y poder vivir de nuestro trabajo.
-¿Cuáles son hoy las dificultades para producir cine en Argentina?
-Las mayores dificultades para producir cine en Argentina pasan por las trabas en el financiamiento. El dinero llega a pocos proyectos mediante concursos, lo que castiga al cine independiente. Además del difícil acceso a los fondos del INCAA, la traba principal está en el financiamiento internacional, que por un lado nos piden conseguir dinero afuera, pero por el otro el Instituto impone plazos de entrega tan estrictos que chocan con los tiempos internacionales, haciendo que en la práctica sea muy complicado cumplir.
-¿La crisis afecta solamente a la producción o también a la distribución y al acceso del público?
–La distribución ya era un problema en gestiones anteriores, ahora se agravó. Un ejemplo es el área de Espacios INCAA: antes había un equipo que pensaba estratégicamente cada estreno, en qué provincia, en qué sala, cuándo y cómo acercar la película al público. Hoy sólo queda una persona y se hace lo administrativamente indispensable. Entonces las películas no sólo se ven poco, sino que la gente directamente no se entera de que existen. En CABA teníamos el Gaumont, una sala muy popular y accesible, con un público propio y una programación constante de cine argentino. Eso ayudaba a formar espectadores y a acercar películas diversas. Hoy, con una programación distinta, el cine argentino corre riesgo de convertirse cada vez más en algo de nicho.
-¿Qué cambios considerás necesarios para que el cine argentino pueda sostenerse a largo plazo?
-Tiene que existir un apoyo fuerte del Estado tanto en la producción como en la distribución. La cultura necesita cierta independencia del mercado porque la construcción de una identidad audiovisual no puede quedar en manos de intereses económicos. Garantizar que se puedan hacer películas diversas y que lo hagan personas de distintas regiones y sectores sociales, no sólo quienes tienen más recursos o viven en el AMBA. También, regular las plataformas. Hubo proyectos para establecer impuestos destinados al INCAA; esos recursos podrían ayudar a financiar especialmente al cine independiente. Deberían pensar en la distribución, en la formación de espectadores y en cómo volver a llevar a las nuevas generaciones a las salas. Pensar qué puede aportar el cine frente a los nuevos hábitos de consumo y de atención.
-¿Cómo imaginás el futuro del cine argentino?
-Soy optimista, sé que hay demasiado talento y ganas en el país y en distintas generaciones. Como docente veo jóvenes con muchas ideas y entusiasmo. Somos un país con mucha fuerza y acostumbrados a resistir. Ojalá de la mezcla de todas estas transformaciones, incluyendo las plataformas, pueda salir enriquecido el cine argentino. Yo confío en que va a ser así.
