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martes, octubre 6, 2026

Monseñor Roberto: ¿otro papa de las periferias?

Por Candela Quiroga

Robert Francis Prevost, más conocido como León XIV, nació en Chicago y llegó por primera vez a Perú en 1985 como misionero agustino. Durante cuarenta años desarrolló allí gran parte de su trayectoria religiosa, primero como sacerdote y luego como obispo de Chiclayo. Su trabajo pastoral, su vínculo con las comunidades y su nacionalización peruana marcaron una relación con él mismo y con ese país que visitará del 11 al 16 de noviembre.

A los 30 años, Robert fue enviado por la Orden de San Agustín a la misión de Chulucanas, en el departamento de Piura. Un año después regresó a Estados Unidos, pero en 1988 volvió a Perú, esta vez a Trujillo, donde permaneció durante varios años. Fue formador de seminaristas, profesor, superior de la comunidad agustiniana y también desarrolló tareas pastorales en distintas parroquias.

En 2014, el papa Francisco lo nombró administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo y, al año siguiente, se convirtió oficialmente en su obispo. Fue durante ese período que adoptó la nacionalidad peruana. Los fieles que compartieron con él recuerdan especialmente su cercanía con la gente, su trabajo pastoral y su presencia en distintos momentos de la vida de las comunidades que acompañó.

Un seminarista que conoció al papa León XIV en su época de obispo de Chiclayo contó a Publicable: “Yo salía conduciendo el auto del colegio Santo Toribio hacia el seminario, donde vivo, y apenas habíamos salido lo vi a monseñor Roberto parado en la calle, solo. Me acerqué, lo saludé y le pregunté qué hacía por ahí. Me contó que había dejado el auto para que le hicieran mantenimiento y que estaba esperando un taxi, le dije que podía llevarlo. Me agradeció y, sin más, subió al auto y se sentó atrás, a pesar de que el director, que iba como copiloto, le pidió que se sentara adelante. Él no quiso, así que el director también se pasó al asiento de atrás. Durante el viaje aprovechamos para conversar sobre los proyectos del colegio y sobre la visión que tenía para los demás colegios católicos de nuestra diócesis. Me llamó mucho la atención su sencillez y cómo no se hacía problema, él se hacía a lo que había. Al llegar al obispado me agradeció y me dijo que era un buen chofer. Ese momento nos dejó una lección de sencillez y humildad”.

Su vínculo con Perú también estuvo atravesado por situaciones de emergencia como la pandemia, que ocurrió durante su etapa como obispo. En esa época, también participó en iniciativas de ayuda frente a las inundaciones y con acciones de asistencia. Desde el Vaticano también se destacó su trabajo con jóvenes, familias, comedores para personas necesitadas y otras iniciativas sociales que impulsó durante sus años en el país.

Prevost con el papa Francisco.

La relación entre Prevost y Perú quedó especialmente expuesta el día de su elección como papa. En sus primeras palabras desde el balcón de la Basílica de San Pedro, después de saludar en italiano, se dirigió en español a la comunidad peruana y recordó especialmente a la diócesis que había encabezado. “Mi querida diócesis de Chiclayo, en el Perú”, dijo. El gesto fue recibido con emoción en la ciudad donde había sido obispo.

En su gira por Latinoamérica, el Santo Padre tendrá una parada especialmente significativa en Chiclayo, donde celebrará una misa, se reunirá con representantes de la Iglesia y tendrá un encuentro con el mundo universitario. También visitará otras regiones del país, entre ellas Cusco y Pucallpa.

Su regreso significará el reencuentro con una tierra que fue mucho más que un destino dentro de su trayectoria religiosa. Perú fue el lugar donde comenzó su experiencia misionera, donde acompañó comunidades, formó seminaristas y ejerció como obispo. Por eso, su próxima visita no será solamente un viaje diplomático y apostólico, sino un regreso al comienzo de su historia; a la semilla que luego germinó en el cargo de Sumo Pontífice.

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