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martes, octubre 13, 2026

“Es terrible la cantidad de espacios culturales que cierran por problemas económicos”

Por Sofía Menica

Kiara “Kyky” Rodríguez Sande tiene 19 años, creció en Tres de Febrero, en 2021 empezó publicando fotos que tomaba en conciertos en una cuenta de archivo de Instagram, y con el tiempo la fueron acreditando en algunos shows para que trabajara gratis. Cinco años después de ahorrar, se compró una cámara Sony A6400, y hoy dirige, filma y produce videoclips como también shows musicales en la Argentina y Uruguay con la productora audiovisual que ella misma creó.

“Tuve que recurrir a la autogestión en el último videoclip, yo sola lo produje: dirigí, grabé y dirigí arte y creativa durante dos meses de trabajo super intensos que lo único que te dan a cambio es el resultado”, relata la joven de zona oeste que actualmente vive en Capital. Ella explica que “a veces no hay plata para pagarle a un filmmaker y a un fotógrafo, entonces, uno hace las dos cosas a la vez o como se pueda”. Y agrega que “no hay un subsidio del Estado al que sea fácil de acceder para poder llevar a cabo la cultura en Argentina”.

–¿A cuál canción te remite la industria audiovisual en la Argentina?
–Definitivamente a “The Man”, de Taylor Swift, porque hay una brecha enorme entre los laburos y el dinero que te ofrecen si sos mujer. De por sí es muy complicado que te paguen lo que se debería por tus trabajos, y si sos mujer te ofrecen menos, está muy naturalizado. También, si te contratan para una cobertura, capaz que suben tus fotos pero ni te etiquetan o dan créditos, pero si las saca un hombre es fija que le dan y todos lo aplauden.

–¿Hubo algún proyecto interesante que no hayas podido hacer por algún motivo económico o legal?
–Como productora audiovisual es imposible contar las veces que me vienen con ideas increíbles, pero que una vez que se ven los números se tiene que cambiar todo porque no se puede pagar. La mayoría de los trabajos de las personas en el mundo audiovisual son gratis o te los pagan de manera simbólica con diez o quince lucas, que es lo que gastás en el Uber para ir. Es un peligro ir con tus equipos en transporte público. Hace poco a una conocida le robaron todo su equipo y material y tuvo que vender rifas para poder subsidiar una partecita. Todas las cámaras, trípodes, gimbals y luces son carísimos y muy difíciles de costear.

–¿La industria audiovisual en la era de Milei está tan desfinanciada y empobrecida a nivel cultural como se suele decir?
–Sí, completamente. Hago muchas coberturas en eventos en vivo y es terrible la cantidad de espacios culturales que están cerrando por problemas de financiamiento. Cada vez hay menos presupuesto para todo, si ponen las entradas a un precio que refleja lo que cuesta el show, no va nadie; entonces, se termina haciendo todo lo posible para hacerlo más barato y terminan perdiendo todos: el artista, el fotógrafo o filmmaker y el venue, también. Si no tenés una cámara que salga dos millones de pesos o más, no te contratan ni te toman en cuenta. O te invitan a grabar en otras provincias, pero te tenés que cubrir vos el pasaje y es inviable. Además, en la ciudad de Buenos Aires, antes de esta gestión se solían hacer entre dos y seis festivales gratuitos al año que eran una oportunidad para los fans, los artistas y la gente de la industria que recién empieza y quiere trabajar en algo grande. Pero ya hace como tres años que no hay ninguna oportunidad del estilo.

–¿Cuáles son los mayores impedimentos, justificaciones o excusas del Estado para no financiar parte de un proyecto?
–Casi nunca hay convocatorias, subsidios o fondos a los que se puede intentar acceder, y cuando los hay, los tiempos administrativos no coinciden con los tiempos reales de producción. Desde mi lugar, el efecto más concreto es que muchos proyectos terminan recurriendo a la autogestión: equipos que trabajan con sus propios recursos. Todos los artistas que conozco financian sus videoclips o registros. Por otro lado, hace poco una amiga participó en un concurso del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, “Revelaciones de Moda”, que como premio daba una beca para estudiar en España. Se suponía que era para “fotógrafos de moda emergentes”, pero ganó una mujer grande que trabaja hace años en la fotografía y que tiene los recursos para abonar ese curso en el extranjero. Mi amiga quedó en segundo lugar e hizo todo sola: era ella, de diecinueve años, contra fotógrafos que tienen años de experiencia y trabajan con marcas que les pagan.

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