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miércoles, noviembre 4, 2026

Las artes electrónicas se dan cita en Mar del Plata

Por Mariana Fabris

Pleamar es un festival de artes electrónicas con enfoque interdisciplinario que se realizará del 20 al 22 de noviembre en Mar del Plata. Luciana Aldegani y Mariana Fernández Cabrera cuentan el trabajo de un equipo chico que, sin ser una productora, lleva el arte y la tecnología a espacios públicos de acceso libre y teje alianzas con Suiza y Berlín.

–¿Cómo nació Pleamar y por qué eligieron Mar del Plata para ponerlo en marcha?
Luciana Aldegani: –Pleamar nació de un conjunto de actividades de formación. Entre 2017 y 2018 notamos que en Mar del Plata había mucha gente experimentando con sonido y tecnología. Con Ernesto Romeo empezamos a organizar workshops, conferencias y capacitaciones, online y presenciales, en un espacio propio y en el Museo MAR. ¿Por qué Mar del Plata? Porque es donde vivo y donde empezó todo.

–¿Cuál es el público de Pleamar? ¿Cómo lo describirían?
L. A.: –Por un lado están los estudiantes, sobre todo de carreras de arte y tecnología, y los profesionales del ecosistema de arte, ciencia y tecnología: artistas, músicos, docentes, investigadores. Por otro lado, y cada vez más, el público en general. La mayor parte de nuestras actividades suceden en instituciones públicas y con acceso libre. Las artes electrónicas suelen ser caras y con entrada, y llevarlas a espacios públicos democratiza el acceso. También habilita el encuentro casual: el turista que entra a conocer un espacio público y termina en una sala inmersiva. En el Museo MAR, un proyecto curatorial de seis meses lo recorre muchísima gente entre fines de semana largos, verano y vacaciones de invierno. Las actividades más técnicas, como un workshop de sintetizadores, convocan a un público específico, mientras que las performances son el punto de encuentro entre el nicho y el público general.

–¿Cómo es el calendario de trabajo de una edición? ¿Con cuánta anticipación empiezan a organizarla?
L. A.: –Es un trabajo continuo. Los proyectos de mayor escala llevan entre un año y medio y dos años de gestión. Cada edición combina proyectos que maduraron durante años con otros que se vuelven posibles en plazos más cortos. Cada uno encuentra su lugar en el festival, en el ciclo Pleamar Inmersiva o en otro programa durante el año. 

–¿Cómo definen el eje de cada año? ¿Quién toma las decisiones de programación?
L. A.: –La curaduría general de la programación anual está a mi cargo, pero no es una tarea solitaria. En cada área invitamos a otras profesionales para el desarrollo de los proyectos curatoriales. Fer Molina es el curador audiovisual del festival y Agustina Rinaldi estuvo este año a cargo de los proyectos curatoriales del segmento multimedia. Ernesto Romeo acompaña sobre todo las actividades de formación. 

–¿Cómo funciona el Open Call? ¿Cuántas propuestas reciben, quién las selecciona y qué se prioriza?
L. A.: –Desde hace algunos años tenemos un convenio con la Untref (Universidad Nacional Tres de Febrero) para hacer convocatorias dirigidas a estudiantes y graduados de la Licenciatura en Artes Electrónicas, un segmento bastante acotado. Sin embargo, las convocatorias abiertas, como las de piezas audiovisuales o sonoras, tienen mucha repercusión. Para seleccionar priorizamos tres cosas. La primera es que las propuestas dialoguen con el eje curatorial del festival y de cada disciplina. La segunda, cuando la convocatoria es federal, es que el conjunto refleje expresiones de distintos puntos del país. La tercera es el equilibrio entre disciplinas. 

–¿Por qué eligieron el Museo MAR como sede?
L. A.: –El Museo MAR forma parte de la historia de Pleamar desde el principio: ahí dimos algunas de nuestras primeras conferencias. Es una institución pública, con acceso libre y un flujo enorme de visitantes durante todo el año. Eso nos permite sostener proyectos de larga duración y llegar mucho más allá del público especializado.

–¿Qué criterio usan para decidir qué actividades son gratuitas y cuáles con entrada? ¿Cómo fijan los precios?
L. A.: –La mayoría de nuestras actividades son gratuitas. En los casos en que se fija un arancel como en los workshops o en algunas presentaciones los valores son accesibles, pensados para que estudiantes, artistas y profesionales de la cultura puedan participar.

–¿Cómo comunican la agenda? ¿Qué canales funcionan mejor para llegar al público?
L. A.: Es una combinación de todo. Nuestra comunicación es casi enteramente orgánica: el newsletter es un canal central, junto con la comunidad que se forma en redes. También ayudan los artistas que participan y difunden su trabajo, las instituciones y museos con sus propios canales, la prensa en los festivales más grandes y, sobre todo, el boca en boca. La pauta paga es una excepción.

–¿Cuál fue el mayor obstáculo que enfrentaron como organizadoras?
L. A.: –Nuestras actividades están orientadas a audiencias más específicas, y eso hace que las grandes marcas muestren menos interés. Además, las empresas de tecnología tienen el foco direccionado a Asia, Estados Unidos o Europa. Eso limita el acceso a tecnología y a artistas de proyección internacional y también la logística, porque traslados y alojamiento tienen un costo alto. La contracara es que se genera una dinámica más horizontal y comunitaria, con un intercambio de saberes muy genuino.

–¿Hay algo sobre Pleamar que nunca les preguntan y que les gustaría contar?
L. A.: –Lo que no se ve. Desde afuera, Pleamar parece un proyecto enorme, y lo es. Puertas adentro somos un equipo chico que trabaja muchísimo para sostener el estándar que creemos que el festival tiene que tener. No somos una productora: somos artistas trabajando con artistas, un colectivo que busca amplificar los proyectos de la comunidad.
Mariana Fernández Cabrera: –Detrás de cada obra terminada hay muchísima gestión: aplicar a fondos, escribir proyectos hasta la madrugada, mandar presupuestos y miles de mails. Hoy estamos impulsando coExistence, un programa de residencias internacional junto al HEK (Suiza) y transmediale (Alemania), financiado por Pro Helvetia. Antes de sentarnos a la mesa a diseñarlo hubo un viaje previo de Luciana y meses de articulación. También hubo algo que no se mide en tiempo: conocer a las personas y construir un vínculo real con ellas.
L. A.: –Hay un compromiso con algo más grande que cada uno de nosotros: abrir espacios y oportunidades no solo para nosotras, sino para otros artistas, y que eso se multiplique. Una vez escuché a un director de cine decir que la naturaleza de los proyectos es no ocurrir. Ocurren porque un conjunto de voluntades se articula alrededor de un sueño común. Y justamente ese es el filamento sutil de Pleamar: las ganas de materializar un deseo colectivo.

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