Por Constanza Berdún
Paula de Luque es una directora de cine, guionista, bailarina, coreógrafa y gestora cultural con una destacada trayectoria como directora de festivales internacionales. Actualmente se desempeña como directora del Festival Internacional de Cine de la Provincia de Buenos Aires (FICPBA). Su filmografía incluye obras con impronta social e histórica como Néstor Kirchner, la película; Todas esas cosas y La forma de las horas.
-¿Cómo definirías el estado actual de la industria audiovisual en Argentina?
-El estado actual del cine y de toda la industria audiovisual es que se está desmantelando desde el Estado nacional. Estamos siendo víctimas de un plan de desmantelamiento masivo de la cultura. Un intento de acallar voces y de disolver nuestra identidad, que además se enmarca en el plan de desmantelamiento de toda la industria nacional.
–A lo largo de tu carrera viste pasar diferentes gestiones. ¿Qué es lo que hace que el cine argentino sea tan resistente y siempre le busque la vuelta para seguir filmando?
-El hecho de que el cine argentino sea tan bueno es porque durante muchos años, y sostenidamente, hubo un plan de fomento del cine nacional. No hay casualidades. Es así. El cine argentino está lleno de talento porque cuando hay cine hay también escuelas de cine, festivales de cine, películas en las que toda una industria se profesionaliza y logra estándares de excelencia en todos los rubros.
-¿Qué rol pasan a tener los festivales provinciales como el FICPBA?
-La tarea de los festivales de cine es fundamental. Se produce la circulación de películas a las que, de otro modo, sería imposible acceder. Desde FICPBA traemos películas de todo el mundo más allá de las reglas del mercado y garantizamos el acceso libre y gratuito a la cultura. Además de talleres y de un mercado de la industria.
–Ante un escenario de menor financiamiento público, ¿se puede sostener el cine argentino únicamente con inversiones privadas o coproducciones internacionales?
-Cualquier coproducción internacional se realiza entre el INCAA y un organismo paralelo de otro país para garantizarla. No es posible hacer cine sin el apoyo del Estado. Por eso nuestra ley y nuestra autarquía son ejemplos en todo el mundo. Los países inteligentes, sean de la ideología que sean, apoyan su industria del cine porque genera decenas de miles de puestos de trabajo.
–¿Creés que las plataformas pueden llegar a beneficiar la diversidad de voces o se encierran en sus propias normas?
-Las plataformas son empresas privadas que, como tales, tienen sus propias reglas, no fueron inventadas para proteger las identidades ni para fomentar la industria nacional sino que, como es perfectamente entendible, tienen una lógica de negocio, de mercado. No reemplazan al rol del Estado, que es, justamente, la protección de la industria, del empleo, de la pluralidad de voces, de la identidad, de lo que somos, de cómo nos vemos y cómo nos hacemos conocer. Los pueblos exportan cultura a través del cine, y desmantelar el cine no es ingenuo, no es un tema de ahorro, es desmantelar miles de miradas y de voces porque el cine es un vasto territorio de disputa de sentido, de resistencia y de cuestionamiento. Tener un país que sólo produce con plataformas extranjeras no es tener una industria cinematográfica nacional.
