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miércoles, octubre 7, 2026

“Me indigna que una persona de 50 años siga esperando que el INCAA le financie la película”

Por Clara Crusvar

Desde que asumió la presidencia del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), en febrero de 2024, la gestión de Carlos Pirovano viene acumulando cuestionamientos del sector audiovisual: durante 2024 y 2025 no se aprobó ninguna película nueva, hubo despidos masivos dentro del organismo y en 2026 apenas se autorizaron 12 rodajes, mientras la concurrencia a salas cayó un 22%.

A eso se suman frases que generaron rechazo, como su comentario de que “los argentinos no tienen tiempo de ver 250 películas al año”, y la respuesta que le dio el Espacio Audiovisual Nacional, que refutó punto por punto su relato sobre el financiamiento a festivales. El Sindicato Argentino de Televisión, Servicios Audiovisuales, Interactivos y de Datos (SATSAID) y la Asociación Argentina de Actores, por su parte, cuestionaron las condiciones laborales del sector bajo su gestión. De todo eso, y más, habla Pirovano.

-¿Con qué te encontraste al asumir la presidencia del INCAA?
-Recaudábamos unos 20 millones de dólares por año. De eso, 15 millones se iban en sueldos y gastos de estructura, y sólo quedaban cinco millones para apoyar al sector, cuando la ley establecía que debía ser bastante más. Si no tomábamos ninguna medida, el déficit iba a llegar a ocho millones de dólares hacia fin de 2024.

-¿Qué medidas tomaste al respecto? 
-El primer día cancelamos 140 contratos de locación de servicios sin mirar a quién representaban. Cerramos cuatro de los ocho edificios que tenía el organismo y bajamos la planta de 850 a 246 empleados. En cuatro meses pasamos de un déficit de dos millones de dólares a un superávit de dos millones.

-¿Y por qué dicen que no se aprobaron películas en estos dos años?
-Porque cambiamos el esquema de subsidios. La ley del 94 establece que se paga según la recaudación en sala: si una película hace 100 millones de pesos en taquilla, el INCAA aporta otros 100 millones. Eso se había reemplazado por anticipos que no exigían ningún resultado a cambio, algo que considero directamente ilegal. Si te dan la plata sin pedirte nada, tu interés pasa a ser hacer la película lo más barata posible para quedarte con el resto.

-¿Cuánto le dan en concreto a una película hoy?
-En las convocatorias de cine de autor, que suelen costar entre 500.000 y 700.000 dólares, el premio de película terminada es de 250.000 dólares: estamos bancando cerca de la mitad de esa película. Este año entregamos 14 millones de dólares en este tipo de concursos, cuando en los cuatro años anteriores no se destinó nada a ese rubro. En total, la ayuda al cine pasó de 5 a 25 millones de dólares por año.

-¿No le están restando lugar al cine como expresión artística para privilegiar lo comercial?
-Dividimos la producción en dos tipos: la industrial, que tiene que tener una propuesta de valor y ganar plata, y las industrias creativas, que son de autor, de exploración, incluso experimentales, y no van a tener una audiencia masiva. Pero en los dos casos buscamos que la película tenga la mayor aceptación posible por parte de la gente. Si escribís un poema y no lo lee nadie, su influencia en la cultura es cero.

-¿Qué cambia en el Festival de Mar del Plata?
–Se había vuelto un festival más de nicho, casi un BAFICI. Queremos volver a posicionarlo como un festival de la gente, con películas que después tengan buen recorrido comercial.

-¿Qué tipo de proyectos busca alentar tu gestión?
-Nuestro rol es detectar y acompañar el talento en su desarrollo primario. Después hay que soltarlo. Me parece casi indignante que una persona de 40, 50 o 60 años siga esperando que el INCAA le financie la película. ¿Cuándo vas a destetarte? En algún momento tenés que crecer.

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