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jueves, octubre 22, 2026

“Hoy el periodista no sólo tiene que seducir al lector, también al algoritmo”

Por Rocío Barrios Irureta

La forma en que las personas se informan cambió de manera radical en los últimos años. Las redes sociales dejaron de ser sólo espacios de intercambio para convertirse en el principal filtro de acceso a las noticias, mientras los algoritmos deciden qué contenidos aparecen frente a cada usuario. En ese escenario, el periodismo enfrenta desafíos inéditos como competir por la atención, sostener la calidad de la información y adaptarse al avance de la inteligencia artificial sin perder credibilidad. 

Para el periodista y escritor Esteban Magnani, el problema no pasa únicamente por la tecnología, sino por el modelo de negocios que la sostiene. En esta entrevista reflexiona sobre el impacto de los algoritmos, el consumo fragmentado de noticias, el lugar que ocupa hoy la inteligencia artificial y las habilidades que necesitarán quienes hoy se forman para ejercer el periodismo en un momento de constante transformación.

—¿Qué papel cumplen hoy en día los algoritmos en la construcción de la agenda informativa?
—Cumplen un rol muy importante porque funcionan como filtros de hecho. Según estudios de Pew Research, las generaciones mayores siguen informándose principalmente por televisión y diarios, mientras que las más jóvenes lo hacen a través de las redes sociales. Eso implica que el filtro ya no depende del supuesto rol democrático de los medios masivos, sino del modelo de negocios de las plataformas cuyo objetivo es captar atención. Los algoritmos apuntan a la parte pre racional de nuestro cerebro, que priorizan la indignación, el enojo, la furia, la incredulidad e incluso la ternura. Por eso suelen favorecer contenidos falsos, muy sesgados o que confirman nuestras propias opiniones. Además, no seleccionan la información de manera masiva, sino que la microsegmentan según quién está del otro lado de la pantalla. Eso hace que la agenda informativa se distorsione y se fragmente entre distintos grupos y perfiles. Cada persona termina recibiendo una agenda distinta, diseñada según sus intereses y su comportamiento previo. De esa manera, ya no existe una agenda común, sino múltiples agendas construidas a partir de la lógica de segmentación que utilizan las plataformas.

—¿Cómo impacta eso en el trabajo periodístico?
—Las redes sociales son, más que un espacio donde se produce información, el principal filtro a través del cual esta circula. Es cierto que hay gente que genera contenido, aunque habría que discutir si eso siempre es información, opinión o polémica. Para el periodismo el impacto es claro porque ya no alcanza con seducir al lector, sino que también hay que seducir al algoritmo. Eso se refleja en los titulares, el clickbait y en muchas de las estrategias que hoy utilizan los medios para ganar visibilidad. Esa lógica modifica la manera en que se producen y presentan las noticias. Los medios no sólo compiten entre sí, sino también con una enorme cantidad de contenidos que circulan permanentemente en las plataformas. La necesidad de captar atención obliga muchas veces a privilegiar formatos más llamativos o títulos pensados para que el algoritmo los favorezca, incluso cuando eso puede terminar afectando la profundidad del contenido.

—¿Qué consecuencias tiene para la sociedad la tendencia a consumir información cada vez más breve y fragmentada?
—Los slogans y las explicaciones simples tienen mucho más espacio para prosperar porque terminan transformándose en sentido común sin necesidad de profundizar en los fundamentos de aquello que está circulando. En ese contexto, las ideas complejas encuentran cada vez menos lugar para desarrollarse, porque la velocidad con la que circula la información favorece los mensajes breves, directos y emocionales por encima de los análisis más elaborados.

—¿Qué habilidades considerás fundamentales para quienes hoy se están formando en comunicación y periodismo frente a estas transformaciones tecnológicas?
—Lo fundamental sigue siendo lo mismo de siempre, que es tener una formación amplia, sólida y flexible, que permita analizar los cambios constantes en la sociedad y en las formas de comunicar. Aprender a usar una plataforma específica hoy tiene poca utilidad, porque sus condiciones y algoritmos cambian permanentemente. Lo importante es comprender la sociedad, la comunicación, la historia, la economía y la antropología. Es decir, hay que ser un híbrido de muchas disciplinas para entender hacia dónde van estos cambios y cómo desenvolverse en un contexto que se transforma todo el tiempo. Por eso, más que dominar una herramienta específica, considero indispensable desarrollar criterios para interpretar esos cambios. Las plataformas, los algoritmos y las tecnologías cambian constantemente; en cambio, una formación sólida permite comprender esos procesos y adaptarse a escenarios nuevos sin depender de una única herramienta.

—¿Qué lugar ocupa hoy la inteligencia artificial dentro del periodismo? ¿La ves principalmente como una herramienta de apoyo o también como un desafío para la profesión?
—La inteligencia artificial plantea muchas cuestiones. En primer lugar, todavía no está claro si será una tecnología sostenible en el tiempo, aunque hoy existe una enorme presión para utilizarla en todos los ámbitos, como si quedarse afuera implicara perder una oportunidad decisiva. Ya ocurrió con otras tecnologías que terminaron teniendo un menor impacto del que se anunciaba. En el periodismo, la IA aparece asociada al aumento de la productividad, donde permite generar más contenidos y más ingresos. Sin embargo, esa búsqueda permanente de productividad puede terminar desvalorizando el propio trabajo periodístico. Si el objetivo pasa únicamente por producir cada vez más contenido, la calidad deja de ser el principal criterio y comienza a imponerse la cantidad. Es una carrera difícil de ganar, si todo el contenido termina siendo equivalente, ya ni siquiera va a hacer falta un periodista, va a alcanzar con que haya una inteligencia artificial produciendo material de manera masiva para saturar las plataformas y ver qué logra viralizarse o generar ingresos publicitarios.

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