S. EZCURRA @EZCURRASOFIA Y A. FULCO @AGUUSFULCO

“Mi historia es sobrevivir dos veces”, repite cuando le preguntan acerca de su vida. Mujer entera, de pelo corto, rubio, prolijo y la mayoría de las veces cubierto por el pañuelo blanco que simboliza su pelea y la de cada Madre de Playa de Mayo. Así se presenta ante los demás. Su sonrisa esperanzadora no trasluce sus años de lucha, aunque su mirada refleja la vida que le tocó vivir. Su infancia no fue fácil, vivió en carne propia la mayor miseria humana: el nazismo. “A mis 14 años ya me sentía adulta”, cuenta Sara, quien tuvo que crecer de golpe, aprender a sobrevivir dentro del campo de concentración de Auschwitz, soportar la pérdida de un hermano y cuidar a su madre enferma.  “Sobreviví a una guerra. Esperabamos que los aliados nos vengan a salvar porque estabamos prácticamente sin vida. El 5 de mayo de 1945 llegaron los americanos. Desde que la Cruz Roja tomó bajo su cuidado el campo de exterminio, los nazis dejaron de quemar y matar a la gente”, explica Rus. Pero su lucha no terminó ahí. Con su personalidad guerrera, volvió a enfrentar al destino, que le arrebató a su hijo Daniel Lázaro Rus. “Empecé a acercarme a las instituciones del gobierno, fui a Plaza de Mayo, junto con las Madres comenzamos con las marchas y presentamos habeas corpus. Viajamos a Washington, Austria, España, a todos lados para pedir por nuestros hijos y nos decían que mandaban pedidos a Buenos Aires pero no recibían ninguna respuesta. Lucho por la memoria y el no olvido”, afirma la Madre.  Sobre su forma de ser ante los demás, Carmen, la secretaria del edificio de la Línea Fundadora, comentó que es muy amable y dulce, siempre esta atenta a los demás en todo momento. Dispuesta ayudar a cualquiera que se lo pida sin dudarlo. “Una mujer que, a pesar de los 41 años que transcurrieron desde el golpe de Estado y la pérdida de su hijo, se levanta todos los días y continúa dando pelea a la vida”, expresó Carmen. Llena de pérdidas, en sus 90 años no bajó nunca los brazos. Casi sin poder caminar y con la ayuda de oxígeno, ya que le cuesta mucho hablar, promete “seguir contando, mientras viva, mi historia y la de mi hijo”.

“Mi historia es sobrevivir dos veces”, repite Sara Rus cuando le preguntan acerca de su vida. Mujer entera, de pelo corto, rubio, prolijo y la mayoría de las veces cubierto por el pañuelo blanco que simboliza su pelea y la de cada Madre de Playa de Mayo. Así se presenta ante los demás. Su sonrisa esperanzadora no trasluce sus años de lucha, aunque su mirada refleja la vida que le tocó vivir.

Su infancia no fue fácil, vivió en carne propia la mayor miseria humana: el nazismo. “A mis 14 años ya me sentía adulta”, cuenta Sara, quien tuvo que crecer de golpe, aprender a sobrevivir dentro del campo de concentración de Auschwitz, soportar la pérdida de un hermano y cuidar a su madre enferma. 

“Sobreviví a una guerra. Esperábamos que los aliados nos vinieran a salvar porque estábamos prácticamente sin vida. El 5 de mayo de 1945 llegaron los americanos. Desde que la Cruz Roja tomó bajo su cuidado el campo de exterminio, los nazis dejaron de quemar y matar a la gente”, explica Rus.

Pero su lucha no terminó ahí. Con su personalidad guerrera, volvió a enfrentar al destino cuando le arrebató a su hijo Daniel Lázaro Rus, que desapareció el 15 de julio de 1977. “Empecé a acercarme a las instituciones del gobierno, fui a Plaza de Mayo, junto con las Madres comenzamos con las marchas y presentamos hábeas corpus. Viajamos a Washington, Austria, España, a todos lados, para pedir por nuestros hijos y nos decían que mandaban pedidos a Buenos Aires pero no recibían ninguna respuesta. Lucho por la memoria y el no olvido”, afirma la Madre.

Sobre su forma de ser ante los demás, Carmen, la secretaria del edificio de la Línea Fundadora, dice que es muy amable y dulce, que siempre está atenta a los demás en todo momento, ispuesta a ayudar a cualquiera que se lo pida sin dudarlo. “Es una mujer que, a pesar de los 41 años que transcurrieron desde el golpe de Estado y la pérdida de su hijo, se levanta todos los días y continúa dando pelea a la vida, expresó Carmen.

Llena de pérdidas, en sus 90 años Sara no bajó nunca los brazos. Casi sin poder caminar y con la ayuda de oxígeno, ya que le cuesta mucho hablar, promete: “Seguir contando, mientras viva, mi historia y la de mi hijo”.