Por Luisina Arozarena

En los últimos años, hemos visto cómo los actores y actrices más talentosos parecen congelarse en el tiempo, manteniendo su apariencia juvenil, muchas veces a costa de perder gran parte de su capacidad expresiva. A medida que envejecen, la industria les reduce la cantidad de papeles disponibles, una presión particularmente denunciada por las actrices pero que afecta cada vez más a los actores. Quienes resisten al cambio son la excepción antes que la norma.

Hay decenas de actores que consiguieron reconocimiento y nominaciones a premios gracias a la intensidad de sus miradas, sin necesidad de mover un músculo facial. Sin embargo, el escenario de rejuvenecimiento plantea una pregunta crucial sobre el futuro del cine: ¿qué efecto tendrá la pérdida de expresividad sobre la calidad interpretativa?

EL ROSTRO, VEHÍCULO DE EMOCIONES

Desde las épocas del cine mudo, la expresión facial ha sido fundamental para comunicar emociones, desarrollar personajes y hacer avanzar la trama. La habilidad para comunicar con gestos y movimientos corporales era crucial. Actores como Charlie Chaplin, Buster Keaton y Greta Garbo, entre otros, se convirtieron en maestros en el arte de la expresión sin palabras. Chaplin, por ejemplo, podía contar historias enteras de esa manera. Así lo demuestran películas como El chico (1921) y Luces de la ciudad (1931), en las que materializaba la alegría, la tristeza, el amor y el dolor con una profundidad que trascendía las barreras lingüísticas.

La llegada del sonido, a fines de la década de 1920, trajo una nueva dimensión al cine. Al permitir que los personajes hablaran, se sumó otra capa de complejidad a las actuaciones. Sin embargo, la expresión facial continuó siendo un elemento esencial en la caja de herramientas de cualquier actor.

Chaplin, maestro de la expresividad.

¿UN NUEVO PARADIGMA?

Las cirugías tuvieron un impacto significativo en la industria, tanto en términos estéticos como interpretativos. Si bien estas intervenciones pueden aumentar la confianza y mejorar la apariencia física, también plantean desafíos importantes para la expresividad y la autenticidad en la actuación. Uno de los efectos más visibles es la homogeneización de los rasgos faciales, lo cual puede llevar a una falta de diversidad en los gestos naturales, esenciales para transmitir emociones en pantalla. Esto puede afectar la capacidad de los actores para conectar con el público de manera genuina, limitando la variedad de roles que pueden abordar con credibilidad.

En términos creativos, el cine podría enfrentar un panorama donde los actores carezcan de la versatilidad suficiente para abordar interpretaciones profundas y complejas. Esto podría impactar en la calidad y la autenticidad de las narrativas, afectando la forma en que las audiencias se conectan emocionalmente con las historias. Por si fuera poco, el avance de la inteligencia artificial aumenta la tentación de suplir las limitaciones humanas con recursos técnicos.

LA IMPORTANCIA DE LA GESTUALIDAD

Films como Casablanca (1942), con Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, y Psicosis (1960), de Alfred Hitchcock, dependen en gran medida de la capacidad expresiva de sus actores. Aunque muchas películas contemporáneas continúan aprovechando la riqueza facial de sus intérpretes, la tendencia hacia un cine más superficial y orientado al espectáculo visual antes que a la exploración emocional y psicológica de los personajes empieza a acentuarse. Esta cuestión fue tema de debate en El irlandés (2019), de Martin Scorsese, ya que se rejuveneció digitalmente a los actores principales, Robert De Niro y Al Pacino.

Meryl Streep, una de las actrices más importantes de Hollywood.

En contraste, artistas como Meryl Streep han envejecido naturalmente. La actriz de los mil premios continúa abordando una amplia variedad de roles con éxito y la capacidad intacta para transmitir emociones a través de sutiles expresiones faciales. Su enfoque en la profundidad y la autenticidad contrasta con la tendencia de alterar la apariencia mediante intervenciones estéticas.

A medida que avanza la tecnología y cambian los paradigmas de belleza de la sociedad, se vuelve fundamental reflexionar sobre cómo estos cambios afectan la esencia de la actuación y qué tipo de cine nos espera si continúan predominando las consideraciones estéticas sobre la expresividad y la autenticidad emocional de los actores.