Buenos Aires

miércoles, abril 22, 2026

Sibila Camps, una periodista de método

Por Mariana Fabris

“Fui a Tucumán por quince días en mis vacaciones y después me lo tuve que sacar de encima al Malevo Ferreyra porque me perseguía para matarme.” Con esta mezcla de audacia y naturalidad, Sibila Camps describe lo que para ella es simplemente “hacer el trabajo”. La anécdota se remonta a sus investigaciones en el norte argentino, donde su rastreo de la corrupción y la violencia institucional la puso en la mira de personajes tan oscuros como el excomisario tucumano. Para Camps, el periodismo no se hace desde la comodidad de un escritorio, sino poniendo el cuerpo, incluso cuando eso implica financiar las propias investigaciones o enfrentar amenazas de muerte.

Periodista, escritora y docente, Camps es una de las figuras más respetadas del periodismo de investigación en la Argentina. Durante décadas, desde las páginas de Clarín, transformó la forma de narrar la realidad social y fue pionera en visibilizar la trata de personas y los femicidios con un rigor documental casi obsesivo. Autora de libros clave como El sheriff y La red, se define como una “artesana” que prefiere la profundidad del dato y la ética profesional por sobre el ruido de la inmediatez digital. En esta entrevista, recorremos una vida dedicada a desenterrar verdades incómodas y a defender el oficio con una integridad inquebrantable.

DEFENDER EL OFICIO

La periodista Sibila Camps comenzó su carrera en el segmento de espectáculos del diario La Opinión. En 1983 entró a trabajar en la sección de Información General-Sociedad de Clarín –diario en el que estuvo treinta años–, donde fue la sexta integrante mujer de la redacción.

Fue en enero de 2008 que empezó a detectar un incremento en casos de asesinatos de mujeres. En aquel entonces, el espacio en la redacción era escaso debido a la temporada de verano y, al revisar los cables, notó una acumulación de casos que otros pasaban por alto. “Me pareció que eran muchos, empecé a seguir un poquito el tema. Esto es un problema social, pensé, no me lo dijo nadie, no me lo explicó nadie”, relató Sibila. Bajo su análisis, lo que para otros eran hechos aislados, para ella formaban una trama compleja: “Un caso, Norita Dalmasso, policiales. Marita Verón, otro caso policial… Pero uno más, uno más, uno más, uno más uno es un problema social“.

A partir de ese momento, comenzó una investigación que le permitió redactar una nota publicada en formato digital en la sección Sociedad. Fue la primera vez que en ese diario se habló de “femicidios” y de “violencia de género”, términos que, según reconoce, incluso ella desconocía en ese momento. Su intuición con las fuentes fue clave: “Di en el clavo con las fuentes. Lo hice medio por intuición, pero funcionó bien y ese fue un camino de ida”.

Para fines de 2008, comenzó a trabajar con temas como la trata de personas con fines de explotación laboral y sexual. Ese mismo año, una colega, Silvina Molina, la invitó a participar en la Red Par (Periodistas de Argentina en red por una comunicación no sexista). Junto a este colectivo, elaboró el “Decálogo para el Tratamiento Periodístico de la Violencia contra las Mujeres”.

Consciente del alcance de su medio, Sibila asumió una misión pedagógica interna: “Hice un trabajo en el diario de empezar a entregar el cuadernillo entre compañeros y compañeras que podrían tener contacto con esta temática”. Explicaba que, cuando veía notas que hablaban de “crimen pasional”, se acercaba a sus colegas para explicarles por qué el enfoque era erróneo. “Siempre me recibieron muy bien y realmente eso fue cambiando las cosas”, recordó sobre aquel trabajo de “hormiga” en la redacción.

EL CASO MARITA VERÓN

El caso de Marita Verón la marcó profundamente. Aunque inicialmente había descartado cubrirlo por el peligro que representaba investigar a figuras como La Chancha Alé –”Tampoco voy a ser tan tonta de meter la cabeza en la boca del león”, admitió–, la apertura del juicio en Tucumán la hizo cambiar de opinión: “Dije: no me jubilo un carajo, esto no me lo pierdo de ninguna manera“. Tras solo dos semanas de audiencias, comprendió que allí había una historia mayor y decidió escribir su libro La red.

Esta cobertura transformó su perspectiva personal y profesional: “Me hice abolicionista. Yo tenía una idea distinta de lo que era la prostitución, cuando empecé a escuchar los testimonios de los acusados, de las víctimas, y comencé a hablar con mujeres travestis y trans… ahí tuve otra idea”. Descubrió que la inmensa mayoría son iniciadas siendo menores de edad y que la prostitución, la explotación y la trata son un camino reversible que requiere la intervención del Estado.

Camps, especialista en desastres y problemáticas sociales, resalta que el periodismo de investigación sobre trata debe ser multidisciplinario: “Hablás de política, legislación, psicología, temas jurídicos, y tenés que tener contacto exclusivo con las personas que lo padecen… No lo podés hacer desde un escritorio”. Así y todo, reconoció que los temas con los que trabaja la han hecho llorar más de una vez y resaltó la importancia de poner un límite ético y empático a la hora de abordar estas realidades.                                                                                                               

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