Por Bianca Salvatore
El martes 5 de abril de 1994, con una escopeta en la mano, restos de heroína en su cuerpo y una carta de suicidio, Kurt Cobain, el músico y vocalista de Nirvana, se quitó la vida en el invernadero de su casa de Seattle.
Fue el fin de una vida trágica, que irónicamente salvaría a fanáticos de sus propias tragedias. Cobain jamás había elegido su destino, y aun así, fue quien decidió su propia muerte. Su vida estuvo marcada por disgustos: desde el bullying en la escuela hasta el divorcio de sus padres cuando él tenía 8 años. Durante su infancia y adolescencia vivió en casa de su madre, luego con su padre y después con sus abuelos y su tío. Cobain era trasladado de un lugar a otro porque ninguno de sus familiares quería vivir con él. A los catorce años, empezó a fumar marihuana y consumir alcohol, pero también descubrió su amor por la música.
Así es como el artista comenzó a componer sus obras junto a su amigo Krist Novoselic.
Cobain decidió abandonar la escuela en su último año y se fue de la casa de su madre. Vivió durante un tiempo en un departamento barato y en malas condiciones hasta conoció a quien sería su novia, Tracy Marander. Ambos comenzaron a vivir juntos, pero la convivencia no funcionaba: Marander trabajaba durante largas jornadas mientras que Cobain estaba desempleado y su música no daba frutos.
Cuando se separaron, Cobain se fue a vivir en casa de sus amigos hasta que no le quedó otra opción que dormir debajo de un puente. La depresión, la tristeza, la vergüenza y la ira contra un sistema que lo rechazaba se empezaron a asentar de manera cada vez más fuerte en el joven artista, que todavía no encontraba en dónde canalizar su pasión por la música.
LOS INICIOS
A finales de los 80, Cobain recibió una propuesta para crear una banda. Así, en 1989 nació Nirvana, que, en contraposición a su nombre, mantenía un estilo catártico, rítmico, oscuro y hasta agresivo, caracterizado por voz rasposa de Cobain gritando su odio y su angustia y los rasgueos salvajes a la guitarra. La manera en que Cobain podía alcanzar el nirvana, su liberación del sufrimiento, era a través de la música. A partir de sus obras echaba en cara a la sociedad todo el odio le guardaba y de esa manera transformaba su dolor en arte.

Con la publicación de su primer álbum, Bleach, Nirvana presentó su personalidad y carácter fuerte, pero el single que llevaría a la fama a Krist Novoselic, Dave Grohl y Kurt Cobain sería “Smells Like Teen Spirit”, de su segundo álbum, el famoso Nevermind, editado en 1991. El sencillo pronto se convirtió en un himno de la rebeldía y revolución adolescente. En menos de seis meses, Nevermind recibió una certificación de triple platino en Estados Unidos.
Junto con con Pearl Jam, Alice in Chains y Soundgarden, Nirvana pasó a ser una de las bandas fundadoras del grunge, un subgénero del rock alternativo con toques de punk y heavy metal. El grunge buscaba ser disruptivo y revolucionario, no solo a partir de letras con poco sentido y palabras al azar, con guitarras desafinadas y distorsionadas, sino desde una estética y estilo fuera de lo glamoroso y elitista. Uno de los padres del grunge, Cobain puso de moda en sus performances los jeans rotos y gastados, las zapatillas Converse viejas y sucias, los suéteres y la ropa desaliñada.
Pero Cobain llevó el grunge a otro nivel. Con su música, logró ser escuchado no solo por jóvenes como él, sino también por un mundo que le había dado la espalda y que ahora comenzaba a mirarlo con admiración. El artista gritaba por los ignorados, por los rechazados, por los marginados. “Something in the way” (Nevermind) narra de manera cuasi autobiográfica la terrorífica experiencia de vivir en la calle. “School” (Bleach), dedicada al horror y bullying que el artista sufrió en la escuela, repite con desesperación, con miedo y con ira “no hay recreo, estás en la escuela de nuevo”.
EL PESO DE LA FAMA
Cobain también fue un ícono del activismo, usaba vestidos y maquillaje en recitales y entrevistas. Su canción “Polly” (Nevermind) narra la historia real del secuestro de una niña. “Rape me” (In Utero) representa el odio y el deseo de venganza de una persona hacia su abusador. En “Stay Away” (Nevermind) Cobain canta “God is gay” (Dios es gay); la canción lucha contra la homofobia sino y contra los moldes y exigencias en las que uno debe encajar. “Been a Son” (Incesticide) narra cómo la sociedad prefiere a los varones: “Ella debería haber muerto cuando nació”. “Serve the Servants” (Servir a los sirvientes) hace referencia a la desigualdad social y critica los prejuicios y persecuciones así como en la antigüedad se juzgaba a las brujas: “Autoproclamados jueces juzgan”, “Si ella flota entonces no es una bruja como lo habíamos pensado”. También hace referencia a las polémicas de los famosos y presenta su propia polémica: “La angustia adolescente me dio sus frutos, ahora soy viejo y aburrido”.

El artista que había sido invisibilizado durante toda su vida saltaba a la fama en cuestión de meses. La banda se llenaba de giras y recitales, los perseguían los paparazzi y tenían que atender a entrevistas en todo el mundo. Las exigencias por respuestas, las críticas y el fanatismo extremista desesperaban a Cobain, que nunca había deseado ser famoso.
El músico lidiaba con otro problema: la heroína. Desde pequeño Cobain sufría de fuertes dolores de estómago que sus médicos nunca pudieron resolver. El artista descubrió con los años que la heroína no solo apagaba su dolor físico sino también su dolor mental.
En el auge de su fama Cobain conoció a Courtney Love, la vocalista y guitarrista de la banda Hole. Ambos se enamoraron y tuvieron una relación repleta de peleas, recaídas, drogas y dependencia.
El 18 de agosto de 1992 nació Frances Bean Cobain, la hija de Love y Cobain. La pareja creía que tener una hija sería el sostén de sus vidas, pero poco tiempo después de su nacimiento el Servicio de Protección al Menor les quitó a Frances y la llevó a vivir con la hermana de Love. Semanas más tarde, Vanity Fair publicó una entrevista con Love en la que ella declaraba que se había drogado durante el embarazo. Según la artista eso era mentira y la revista había tergiversado sus dichos.

Durante este período la pareja mejoró y recayó numerosas veces. No lograron mantener el sueño que siempre habían tenido de darle a su hija la familia que ellos nunca habían podido tener.
UNA NUEVA ETAPA: EL FINAL
En 1993 Nirvana publicó In Utero y se abrió una nueva etapa para la banda. El álbum llegó al puesto 1 de 200 en Billboard, pero Cobain seguía infeliz. Lo único que lo motivaba era la música, pero ahora solo la veía como otra presión más.
El artista quería cancelar la gira de In Utero pero no le quedó otra opción que aceptar. Su consumo de heroína aumentó y tuvo que cortar el recital de la banda en Munich porque se quedó sin voz. Nirvana decidió suspender la gira por un tiempo y Cobain fue a Roma con Love. La noche de su reencuentro tomaron ansiolíticos con champagne y a la mañana siguiente Love encontró a Cobain inconsciente. Fue el primer intento de suicidio del artista.
La pareja se fue a vivir a Seattle, pero luego de una pelea, Cobain se encerró en el baño con un arma. Love insistió en que ambos fueran a rehabilitación, pero él se negó, por lo que ella fue sola.
El 29 de marzo de 1994 Cobain sufrió de nuevo una sobredosis y después del episodio le pidió a un amigo que le prestara su arma para poder defenderse de los acosadores que entraran a la casa y le juró que iría a rehabilitación. En su cuarto día de tratamiento en el hospital recibió a su hija Frances, que ya tenía un año, pasó su última tarde con ella y cuando llamó a Courtney Love por teléfono le dijo: “Pase lo que pase, no olvides que te amo”.
Esa noche Cobain escapó del hospital y tomó un taxi hasta su casa. Entró al invernadero, tomó la escopeta, se inyectó heroína y escribió su carta de suicidio, dedicada a su amigo imaginario de la infancia, Boddah: “Necesito estar un poco anestesiado para recuperar el entusiasmo que tenía cuando era un niño (…) Solo hay bien en mí, y pienso que simplemente amo demasiado a la gente. Tanto, que eso me hace sentir triste. ¡Dios mío! ¿Por qué no puedo disfrutar? ¡No lo sé!”. En el siguiente párrafo se contradice: “Desde los siete años odio a la gente en general”. Y finaliza agradeciendo: “Gracias a todos desde lo más profundo de mi estómago nauseabundo por sus cartas y su interés durante los últimos años. Se me ha acabado la pasión, y recuerden que es mejor quemarse que desvanecerse de a poco. Paz, amor y comprensión. Kurt Cobain. Por favor, Courtney, sigue adelante por Frances, por su vida que será mucho más feliz sin mí. Las amo. ¡Las amo!”.
Así finalizó la vida del artista cuyos gritos representaban el pedido de auxilio de una generación rota y cansada de las exigencias, los estereotipos, lo caro, lo elegante y la falsa idea de educación. Un grito de justicia por cada joven que al igual que Cobain estaba decepcionado, desanimado, deprimido, que no encontraba ninguna salida de su dolor, excepto a través del arte. Un arte explosivo, violento, agresivo en la voz grave, decaída, infectada con heroína que narraba a partir de sus obras catárticas su deseo por tener una vida mejor y la decepción de nunca llegar a conseguirla.
Una estrella que nunca quiso serlo, con el sueño era ser el chico que tocaba la guitarra en el fondo del escenario, se volvió el protagonista de una generación que necesitaba un héroe.
Y entre el duelo, la angustia, las críticas y rumores, se escuchó el canto de Courtney Love en Metro, Chicago, solo seis meses después del suicidio de Cobain. Con ojos cansados y el delineador corrido, Love performó “I Think I Would Die”, desganada, agotada, cansada de luchar, cansada de ser la tenía que seguir viva en completa soledad, cambió la letra en vivo: “I want him, and he’s all gone” (“lo quiero a él pero ya se ha ido”), con un grito desgarrado, ronca, impotente, detestaba, amaba y lloraba por un amor que no había podido salvar.