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sábado, julio 18, 2026

Toronto, la ciudad que el mundo eligió antes que el fútbol

Por Jon Zabala, Eliana Cabrera y Sofía Rodríguez Ramos

Más de 250 etnias. Más de 190 idiomas. La mitad de sus habitantes nacidos fuera de Canadá. No es un eslogan turístico, sino datos oficiales. Desde la Organización de las Naciones Unidas, a través de su Programa para el Desarrollo, hasta la cadena británica BBC reconocieron a Toronto como la ciudad más diversa del planeta, y FIFA simplemente le puso nombre al fenómeno: “The World in a City”.

Toronto tiene el segundo porcentaje más alto de residentes nacidos en el extranjero entre todas las ciudades del mundo, sólo por detrás de Miami. La diferencia crucial es que en Toronto no hay una cultura ni una nacionalidad dominantes. Eso cambia todo. Mientras que en Miami la diversidad tiene acento, en Toronto la diversidad no tiene centro.

En 2026, la población de la ciudad canadiense ronda los 2,86 millones de habitantes. Capital de Ontario y centro financiero y comercial de Canadá, es la cuarta metrópoli más grande de América del Norte y una de las sedes en las que ese país recibe por primera vez al Mundial de Fútbol.

Allí se juegan seis partidos entre el 12 de junio y el 2 de julio, cinco de fases de grupos y uno de eliminación directa. El primero, Canadá contra Bosnia y Herzegovina, se disputó en el BMO Field, rebautizado Toronto Stadium para el Mundial. Es la sede más pequeña de todo el torneo, pero lo que pierde en dimensiones lo recupera en atmósfera, ya que es un estadio construido específicamente para el fútbol, íntimo e intenso.

La icónica CN Tower domina el horizonte desde hace 50 años. Desde su cima, la vista panorámica se extiende sobre el lago Ontario y toda la ciudad. La línea costera, las Islas Toronto -una cadena de pequeñas islas en el lago-, el St. Lawrence Market -considerado uno de los mejores mercados de comida del mundo-, el histórico Distillery District y su arquitectura victoriana, y el Kensington Market configuran un mapa físico de la diversidad.

Chinatown, Little Italy y Greektown, los barrios de las comunidades china, italiana y griega respectivamente, coexisten a pocas cuadras entre sí. No como atracción folclórica, sino como geografía cotidiana. Toronto no tiene un plato nacional porque no necesita uno.

Durante el torneo, el FIFA Fan Festival en Fort York y The Bentway -un flamante espacio público que se extiende por debajo de la autopista Gardiner- ofrecerá música en vivo, transmisiones en pantalla gigante y comida con más de 30 puestos.

Antes del primer saque, Toronto ya protagonizó el debate político más encendido del Mundial. La intendenta Olivia Chow presentó una moción para oponerse a cualquier participación de agentes del ICE, la agencia de inmigración de Estados Unidos, durante los partidos. “Cualquier presencia del ICE en Toronto generará miedo en un momento en que queremos darle la bienvenida al mundo”, sostuvo Chow.

El costo de organizar los seis partidos que se disputarán en esta ciudad escaló de 300 a 380 millones de dólares canadienses. La propia intendenta admitió que no habría aceptado la candidatura de haber conocido la cifra real. La ciudad igual recibe al mundo. Porque en Toronto eso no es novedad.

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