Por Ana Otharán
Una de las voces más carismáticas e irrepetibles de la música del Uruguay se fue ayer por la tarde. Rubén Rada, símbolo del candombe, el jazz y la murga, falleció a los 83 años a raíz de las complicaciones derivadas de una neumonía bilateral, tal como expresó su familia a través de un comunicado en redes sociales.
Nacido el 16 de julio de 1943 en el tradicional barrio de Palermo, en Montevideo, la historia de Rada es la historia misma de la identidad musical rioplatense. Su ADN sonoro estuvo marcado desde el primer día por un cruce cultural entre la herencia afrouruguaya del candombe por el lado paterno y las raíces brasileñas transmitidas por su madre. Sus primeros pasos los dio desde muy niño en la comparsa Morenada, donde aprendió a sentir el latido de las llamadas de carnaval.
El Negro, como le decían, gran exponente de la cultura popular de latinoamérica, también regaló en sus sesenta años de trayectoria rock, funk, salsa, tango y gritos de rebeldía en todo el continente, que hizo fiesta y canto con su voz. Además de músico y cantante, Rada fue un gran comediante e improvisador durante las décadas del 60, 70 y 90. Por eso del ritmo, de la sensibilidad, por eso de la supervivencia. Lo que suena es lo que transmitía, y ahí no hay mentiras, hay quienes afirman que su comedia desbordaba de una manera natural y muy genuina, tal como quedó inmortalizada en programas históricos como Telecataplúm, Jaujarana o Hupumorpo a través de personajes entrañables como El Murciélago.
A lo largo de los años, su genio creativo impulsó agrupaciones fundamentales de la historia regional como El Kinto, Totem y Opa. Además, Rada construyó una carrera solista repleta de himnos que atravesaron épocas y fronteras. Temas como “¿Quién va a cantar?”, lanzado a principios de la década de 2000, demostraron su capacidad para conmover, tender puentes y reflexionar a través de la calidez de su melodía. Pasados más de 25 años, esa misma canción, como tantas otras, sigue resonando y llevándonos de la mano con sus letras. Más allá de sus melodías y actuaciones, logró lo que solo consiguen los grandes populares: entrar de lleno en el corazón de la gente.

Rada era incapaz de detenerse. Su pasión por la música lo mantuvo activo hasta sus últimos días. Apenas un mes antes de su partida había anunciado un nuevo proyecto de emisión musical online y se encontraba preparando con ilusión el regreso de Totem a los escenarios para el mes de octubre.
Su fallecimiento tras tres semanas de internación por una neumonía bilateral deja un vacío inmenso en ambas orillas del Río de la Plata, y una emoción visceral que no tiene explicación. Algo inexplicable sucede cuando un músico como Rada deja el plano físico. De este lado del charco fue adoptado por el público y los músicos como un hermano indispensable de la cultura argentina.
Artistas de distintas generaciones y géneros –desde Charly García, Fito Páez y Luis Alberto Spinetta hasta referentes de la música urbana actual como Trueno, con quien colaboró en el tema “Uruguay” para cruzar el rap con la fuerza del candombe– encontraron en él a un maestro, un pionero y un amigo entrañable. Esa hermandad rioplatense, tejida entre géneros y épocas, reflejó el cariño de un país que siempre lo sintió parte y que hoy lo despide con profunda gratitud. Gracias por tu música, Negro, y un enorme abrazo a nuestros hermanos uruguayos.
