Buenos Aires

jueves, marzo 19, 2026

“Los medios ayudaron a robustecer el consenso golpista y sostener la dictadura”

Por Constanza Berdún, Martina Gutiérrez, Rocío Barrios, Rocío González, Cándida Casco, Francisco García y Lisandro Luque

Eduardo Blaustein, coautor del libro Decíamos ayer. La prensa argentina ante el golpe y la dictadura 1976-1983, describe los criterios de selección de las tapas de los diarios, la centralidad de la prensa en la época y cómo los medios actuaron como actores políticos que prepararon el terreno para la intervención militar y robustecieron el consenso golpista.

–¿Cómo llevaron adelante la búsqueda y el relevamiento de las tapas que incluyen en Decíamos ayer? ¿Qué criterios usaron para seleccionar ese material?
–Las tapas de los diarios de entonces eran los diarios, la radio y la tele, sobre todo los noticieros de las ocho, con lo cual las tapas tienen una centralidad absoluta: eran el gran campanazo a la mañana, cuando te tiraban el diario a la puerta o ibas al kiosco; eran los únicos campanazos informativos fuertes que recibía la sociedad junto con los otros medios tradicionales. Los diarios en papel eran infinitamente más importantes que hoy en día. Marcaban la agenda del conjunto de los medios de comunicación. La idea original del libro, que fue idea de la editorial y no mía, fue construir un libro únicamente sobre las portadas o tapas de los diarios: qué decían sobre las cosas que iban sucediendo, qué campanazo fuerte daban. A esa idea original yo le iba añadiendo una serie de contenido más complejos: fragmentos, pedacitos, “cachitos” de notas, publicidades de época y demás. 

–¿Qué criterios usaron para seleccionar ese material?
–Para seleccionar las tapas era cuestión de ver qué potencia política tenían los sucesos que se iban desarrollando en el tiempo, qué noticias económicas tenían que ver con el plan económico de la dictadura, qué manipulaciones, qué decían sobre lo que se llamaba “la guerra contra la subversión”. En ese caso uno veía titulares como “Aparecieron cadáveres en el Río de la Plata flotando” o “Abatieron a 15 extremistas”, que eran todas formas de seguir asustando y dar una guerra contra la guerrilla armada que se hacía eterna, que no se acababa nunca. Siempre aparecía el enemigo subversivo como una cosa que sustentaba las necesidades de la dictadura. Ese fue el criterio de selección: caídas de presidentes, novedades económicas, la persecución de Jacobo Timerman y su detención, la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 1979 y la guerra de Malvinas.

–¿Qué elementos periodísticos muestran, según usted, que la prensa estaba preparando simbólicamente el terreno para la intervención militar?
–La prensa fue preparando el terreno antes del golpe con dos mecanismos básicos. Por un lado, potenciar el caos, el desorden, que era el gobierno de Isabel Perón (caos que era real, una presidente muy neurótica, impotente, incapaz); las huelgas, la violencia armada, las manifestaciones y la pérdida de la autoridad presidencial. A esa imagen le contraponen lo fabuloso que iba a hacer un gobierno de las Fuerzas Armadas, que se presentaba como la preocupación, la seriedad y la austeridad de los militares versus la corrupción peronista: un sentido de unidad nacional que podrían encabezar los militares contra el desorden del gobierno democrático. 

–¿Qué diferencias existieron entre la prensa “conservadora tradicional”, como La Prensa y La Razón, y la prensa “moderna”, como Clarín y La Opinión?  
La Opinión era el diario más intelectual y más rico hasta el golpe, dirigido para clases medias ilustradas, ejecutivos, lectores más atentos y politizados. Clarín era moderno en un sentido que tenía mucha astucia, mucho olfato para lo popular, para secciones como Información General o Deportes. La Prensa era un diario ultraconservador, el más antiperonista junto con La Nación. Por otro lado, La Razón estaba en manos del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército, así que fue el del comportamiento más horroroso, que editaba mucho a través de los títulos de tapa, por eso también el tema del valor de las tapas, de qué manera se titulaba.

–¿Y cómo titulaban?
–Titular es una forma de opinar, de editorializar, y los titulares de La Razón eran claramente los más espantosos. Clarín, en dictadura, se refugió en una especie de opacidad, aunque también de apoyos explícitos, mientras que La Nación también tenía mucho apoyo explícito, pero mucha más soltura, porque los militares, la gente que manejaba las políticas agropecuarias y económicas, eran parte del universo de los lectores de La Nación. Eso hizo que se sintiera más liberado para hacer algunos análisis políticos un poco más sueltos, pero siempre con un énfasis en el apoyo a la dictadura. Los diarios no se callaron o se autocensuraron, apoyaban a la dictadura con muchos argumentos que eran superiores y más elaborados que los discursos que los propios militares tenían capacidad de generar.

–¿Los medios actuaron como meros observadores de la crisis o como actores políticos que empujaron la desestabilización? 
Fueron actores políticos, no fueron meros observadores, fueron parte de la usina “cultural propagandística de la dictadura”, con más argumentos, complejidad y con diferentes registros discursivos de los discursos monolíticos, aburridos, patrioteros que podían usar los militares. 

–¿Sin este tipo de construcción mediática hubiese sido posible un golpe con tanto consenso social?
–Es difícil de responder porque siempre se debate hasta dónde llega la influencia de los medios y su capacidad de manipulación, pero sí es obvio que ayudaron a robustecer el consenso golpista y sostener a la dictadura. Es inimaginable pensar la dictadura sin los medios que existieron, no hay una especie de situación contrafáctica o utópica en la cual los medios fueran una cosa distinta de la que fueron, así estaba conformada la Argentina. Pero, suponiendo que los diarios resistían un poco más o denunciaban en el exterior lo que estaba pasando en la Argentina, posiblemente la vida de la dictadura hubiera sido más breve y muchísimo menor la cantidad de víctimas por represión o la cantidad de víctimas vía políticas económicas, que empezaron en la dictadura pero siguen hasta el día de hoy.

–¿Qué impacto tuvieron estos discursos mediáticos en la opinión pública? 
–Tuvieron y tienen un papel influyente, pero también desinformaron y ocultaron mucho. No todos los ciudadanos de a pie tuvieron la capacidad de reacción, o la creatividad o lucidez, de buscar fuentes informativas alternativas porque prácticamente no las hubo en la Argentina. Salvo las denuncias por violaciones a los derechos humanos del diario The Buenos Aires Herald, que era un medio para la comunidad angloparlante, muy liberal y muy apoyador de la política económica del gobierno, pero que se preocupaba por la represión ilegal. Eso le costó un bombazo y un exilio al director de ese diario, Robert Cox.

+ DE ESTE TEMA

+Temas

ENTREVISTAS

LO ÚLTIMO