Por Sofía Ménica
Amal Khalil es la periodista libanesa asesinada el miércoles pasado en la localidad sureña de At-Tiri. Fue luego del doble bombardeo israelí que recibió el vehículo que manejaba y la casa donde se refugió luego. Estuvo seis horas bajó los escombros de un edificio sin recibir ayuda debido a que el Ejército israelí bloqueó su acceso lanzando desde un dron una granada aturdidora, mientras Reporteros Sin Fronteras pedía presión internacional para que los equipos de rescate llegaran a la zona afectada.
La secuencia de la muerte de Amal Khalil concluyó con cientos de personas viajando a su aldea natal, Baysariyeh, para despedirse de ella y sostener un cartel con una foto de su fulgente rostro o el eslogan “muerte a Israel”. En el centro estaba el ataúd al que le colocaron un casco de prensa y un cedro verde, en referencia a la bandera y la profesión por las que dejó la vida. Por otro lado, en Beirut, importantes periodistas le realizaron un homenaje colectivo y exigieron que se lleven a cabo investigaciones internacionales sobre la muerte de comunicadores a manos de Israel. Hasta el presidente, Joseph Aoun, y el primer ministro, Nawaf Salam, expresaron sus condolencias en X.
En el funeral, el hermano de la periodista, Ali Khalil, recordó que “no fue la primera vez que los israelíes amenazaron a Amal” y que “tres ataques en dos horas, o en una hora y media, son prueba de que tenían la intención de asesinarla”. Amal Khalil ya había mencionado en distintas entrevistas que desde septiembre de 2024 recibía mensajes amenazantes desde un número de teléfono israelí y que no sabía si “se trataba de alguien del Ejército, un funcionario o un particular”.

“Entre Gaza y el Líbano, desde 2023, creo que van ciento cincuenta periodistas asesinados por Israel“, criticó Said Chaya, miembro del Comité de Medio Oriente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Además, “por tercer año consecutivo, Israel es el país que ha asesinado a mayor cantidad de periodistas“, agregó el docente en la Universidad Austral, quien aseguró que Líbano “ha sido el país que tradicionalmente ha consumido mayor cantidad de noticias”. El también expresidente de la sede en Buenos Aires de la Unión Cultural Argentino-Libanesa (UCAL) conoce de cerca el diario en el que trabajaba Amal Khalil, al que calificó como “un medio progresista de centroizquierda”, aunque esta afirmación es “un poco temeraria para lo que son los medios en la región”.
UNA VIDA DEDICADA AL PERIODISMO
Amal Khalil, en abril de 2006 y con 22 años, se unió al diario que recién había salido con el nombre de Al-Akhbar. En julio del mismo año estalló la Guerra de los 33 Días entre Hezbolá e Israel. Amal empezó a cubrir desde la ciudad de Tiro hacia la localidad fenicia, “hija de la pequeña montaña”, Bint Jbeil, y la en aquel entonces pintoresca Nabatiye, hasta llegar en 2011 a cubrir todo el sur país.
Pero no fue fácil para ella llegar a escribir en el medio, ya que su padre no la dejó estudiar periodismo cuando era chica porque tenía en mira la Universidad Libanesa de Beirut. Tuvo que matricularse en Literatura árabe. Sin embargo, ella se las ingenió para empezar a escribir sobre cosmética en la revista femenina panárabe libanesa Al-Hasnaa, y enseguida redactar en Shabab as-Safir, un diario vinculado a Hezbolá y a la Alianza del 8 de Marzo.

Algo que identificaba a Amal Khalil era su admiración por el difunto poeta iraquí Muzaffar al-Nawwab, que para ella “fue el primero en comprender el vínculo orgánico entre los sureños y sus armas”. En el Líbano, su voz de solidaridad con Palestina y de lucha contra la represión árabe lo convirtió en uno de los poetas más influyentes del siglo XX y a sus versos, en significativas consignas de manifestaciones de izquierda. Amal Khalil adjuntó un poema suyo en una nota de Al-Akhbar publicada en agosto del año pasado:
“Su unidad avanzó
cruzó el Litani
Lo perdimos
seguimos el aroma del valor y la sangre
y lo encontramos
intentamos quitarle el rifle
pero no pudimos
Lo enterramos con su fusil en la llanura”.
