Buenos Aires

martes, junio 16, 2026

La última misa ricotera

Por Donatella Nuñez Palavecino

Las despedidas son esos dolores dulces: tras ser anunciada oficialmente el viernes 5 de junio, la muerte del Indio Solari conmovió a una gran parte del pueblo argentino. Organizado por la provincia de Buenos Aires, el velorio de la estrella movilizó a un millón de personas de todas partes del país. La locación encargada de aglomerar a los ricoteros fue la ciudad de Avellaneda, más específicamente el Polideportivo Gatica de Villa Domínico. 

El vocalista y líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota fue velado durante 18 horas en las que fanáticos y familiares se acercaron para darle un último adiós y dejarle un regalo: desde banderas y flores hasta remeras. Ni la lluvia, ni el frío, ni las más de setenta cuadras de fila frenaron a los fieles seguidores para despedir a su único héroe en este lío, como dijo uno de los fans presentes. En estas 18 horas de velorio ininterrumpidas se estima que pasaron 15 mil personas por hora frente al féretro, lo que deja una cifra aproximada de 300 mil almas que pudieron despedir a su ídolo y agradecerle por su aporte.

Los fanáticos, acongojados, compartieron sus vivencias personales y contaron cómo las relacionaban al artista. Personas con problemas de adicción que pudieron salir adelante por canciones de la banda o que atravesaron duelos y se reconfortaron con las letras que Solari supo escribir. Una de las tantas personas que pasaron por el predio se quebró apenas ingresó al recinto, y fue consolada por Viru, la viuda del cantante, quien le acarició la mejilla y le dijo: “Sé fuerte, yo le mando un beso al Indio por vos”. Entre el público se vivió una complicidad colectiva, la de extraños con diferentes historias pero que compartían la misma angustia, el mismo dolor. Que saltaban, reían y cantaban para nublar el nudo en el pecho por estar haciendo esa fila. No era una de esas tantas que habían hecho para ver sus shows, era la última fila que harían para ver a quien los atravesó de maneras inimaginables. El Indio traspasó generaciones, y eso se vio claramente reflejado en las calles.

En esta última misa ricotera se oyeron canciones de los Redondos y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, la última banda liderada por el Indio. Desde “El infierno está encantador” hasta “Un ángel para tu soledad”, canciones más alegres y canciones más melancólicas: pero todas se corearon de igual manera, con una sonrisa amplia y una tristeza entrelazada con una alegría conocida.

En “Encuentro con un ángel amateur”, Solari dice: “Solo me falta saber la fecha y el lugar, y allí iré cantando”. Y así fue, se lo despidió como a él le hubiese gustado: en armonía, cantando y con un vaso en la mano. Por las grandes avenidas del municipio se respiraba una nostalgia contagiosa, rememorando viejos recitales de la banda y reencuentros de fans después de mucho tiempo que hacían emocionar a cualquiera que pasase por allí. Vecinos colgando sus banderas por los balcones y poniendo los parlantes a todo volumen: porque al final de cuentas, donde hay dolor, habrá canciones. 

Hace diez años, antes de que diera uno de sus últimos shows, Mario Pergolini le preguntó: “¿Y si mañana es el último concierto?”. El indio le respondió: “Festejemos”. El público entendió eso. Abrazos entre extraños y cantos con un lagrimón piantado. Definitivamente, el Indio era eso: unión. 

Como dice un poema atribuido a Pablo Neruda, “solo muere quien es olvidado”, y después de este velatorio multitudinario se puede afirmar que Carlos Solari vivirá eternamente en los corazones de quienes lo recordarán por lo que fue: un artista que dejó un legado imborrable que es el cariño de la gente, porque si no hay amor, que no haya nada. 

+ DE ESTE TEMA

+Temas

ENTREVISTAS

LO ÚLTIMO