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miércoles, junio 17, 2026

Seattle y el grunge: cuando una ciudad se convirtió en música

Por L. Marmo Mattiussi, L. Luque Albornoz, S. Vázquez y F. García

Hablar del grunge es hablar de Seattle. Aunque el género alcanzó una repercusión mundial a principios de los años 90 gracias a bandas como Nirvana, Soundgarden, Alice in Chains o Pearl Jam, su identidad comenzó a construirse mucho antes en una ciudad que parecía estar lejos de todo. Rodeada de bosques, atravesada por una fuerte tradición obrera y marcada por el aislamiento geográfico, Seattle se convirtió en mucho más que el lugar de origen del movimiento: fue una de sus principales influencias.

La lluvia, el frío y los cielos grises suelen ocupar un lugar central en el imaginario grunge. Sin embargo, la relación entre la ciudad y la música va mucho más allá del clima. “Era una ciudad más fría, más nostálgica”, recuerda Sebastián Fernández, productor argentino que vivió en Estados Unidos durante los años 90, en diálogo con Publicable. “Hasta las películas hacían alusión a eso. Sintonía de amor (Sleepless in Seattle) mostraba una ciudad más tenue.” Esa atmósfera ayudó a construir una sensibilidad que se reflejó en las letras, el sonido y la estética de la escena local.

A fines de los años 80, Seattle estaba lejos de los grandes centros de la industria musical estadounidense. “Todo estaba en Los Ángeles”, explica Fernández al evocar su decisión de instalarse allí. Esa distancia permitió que la ciudad desarrollara una comunidad artística propia. En clubes pequeños, sellos independientes y salas de ensayo comenzó a tomar forma una escena que mezclaba la energía del punk, la pesadez del metal y una mirada desencantada sobre la realidad.

Seattle también dejó su huella en la estética del movimiento. Las camisas de franela, convertidas en símbolo del grunge, eran una prenda habitual entre trabajadores de la industria maderera del estado de Washington. Además, muchos músicos de la escena vestían ropa de segunda mano obtenida en tiendas de beneficencia, ferias o a través de donaciones, más por necesidad económica que por una búsqueda estética. Lo que el mundo interpretó como una moda era, en realidad, parte de la vida cotidiana del noroeste estadounidense y de las condiciones en las que se desarrolló aquella comunidad musical.

En el libro Come as You Are: The Story of Nirvana, Michael Azerrad describe una escena donde las bandas compartían escenarios, influencias y una misma identidad regional. El propio Kurt Cobain llegó a definir a Seattle como una ciudad “aislada y lluviosa”, una característica que, según él, había contribuido a que los músicos locales desarrollaran una identidad propia, alejada de las tendencias dominantes de la industria musical estadounidense.

Más de tres décadas después, resulta difícil separar al grunge de la ciudad que lo vio nacer. Porque antes de convertirse en un género musical, el grunge fue también una expresión de Seattle, de su aislamiento, de su cultura obrera y de una comunidad que encontró en la música una voz propia.

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