Buenos Aires

viernes, junio 19, 2026

La impunidad del poder en el manejo del discurso

Por Facundo García Beraudi

“¿Y si de repente una pesadilla de la que habíamos despertado hace tiempo, que apenas recordábamos, arremetiera mortalmente contra nosotros?” El escritor y corresponsal italiano Siegmund Ginzberg cuestionó el presente con una mirada en el pasado. “Partidos que no son ni de izquierdas ni de derechas sino ‘del pueblo’, voces que se alzan para acallar a la prensa, polarización y discursos de odio, políticos acusados de traición y un gobierno demagógico e irresponsable.” Las características que otorgaron identidad al fascismo se ven volcadas en las democracias liberales actuales. Las analogías que presenta Ginzberg sintetizan la idea de que el autoritarismo puede volver a través de las urnas.

Los últimos diez años, a partir del ascenso de Donald Trump en Washington y las corrientes de ultraderecha a nivel global, asemejan el escenario político a un déjà vu de la década que vio nacer al fascismo en Europa. Los garantes de la democracia, tales como las instituciones del Estado, la prensa y la clase política, retornaron a viejos mecanismos o los transformaron para acomodarse a las demandas de la sociedad liberal contemporánea.

En décadas anteriores, sectores como la juventud tuvieron afinidad con las agrupaciones revolucionarias de la izquierda, guiados por la filosofía del “hombre nuevo”. Hoy ese mismo sector, que carecía de representación política, fue capitalizado por la ultraderecha que se impone en Occidente. La “nueva” tendencia occidental repite las viejas canciones que sonaron con el surgimiento del neoliberalismo en las décadas de 1970 y 1980.

“Una mentira contada muchas veces se transforma en una verdad”, decía Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi entre 1933 y 1945. Goebbels era filólogo y comprendía la importancia y el valor de las palabras en el discurso. Traducido a la digitalidad que define al siglo XXI, este mismo mecanismo se transformó en la “slopaganda” (mezcla de “basura” en inglés y “propaganda”), cuya consigna es “contar tantas mentiras y que la verdad no sea creíble”. No se trata de convencer al individuo mediante los hechos, sino de anular su capacidad crítica. “Lo que importa de una mentira no es su veracidad ni su verosimilitud, sino las emociones que despierta”, asegura el autor italiano.

Los medios de comunicación debieron redefinirse con la llegada de las redes sociales. Los líderes globales manejan el discurso y el relato con impunidad. Tal es el caso de Donald Trump, quien creó su propia plataforma de comunicación, cuyo nombre ya desconcierta al sentenciar una única versión de la realidad, sin posibilidad de discrepancias: Truth Social (“verdad” en inglés). La impunidad del actual ocupante de la Casa Blanca en sus discursos se traduce diariamente en contradecirse de manera continua en beneficio de sus propios intereses.

La prensa es tanto un aliado como un antagonista de los sistemas hegemónicos de poder. La Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, índice elaborado por Reporteros Sin Fronteras desde 2001, evidenció un aumento en la criminalización del periodismo y una intensificación de la violencia contra aquellos cuya materia prima de trabajo es la información. La Argentina bajó quince puntos respecto de 2025 y quedó en el puesto 98. Esta caída se reflejó tanto en democracias como en regímenes autoritarios y autocráticos.

La construcción de un “enemigo” es una herramienta clásica de la política. Lo fueron los judíos en Alemania, los “subversivos” en las dictaduras latinoamericanas del siglo XX, los comunistas en Occidente durante la Guerra Fría y todo aquel que no se identifique liberal en parte de las democracias modernas. El ataque físico parece lejano, pero la violencia verbal que persiste en los discursos de odio de los líderes se estableció como nueva normalidad. El historiador italiano Emilio Gentile afirma: “Lo que existe hoy es el peligro de una democracia que, en nombre de la soberanía popular, pueda asumir características racistas, antisemitas y xenófobas”. Y agrega: “El peligro es que la democracia puede convertirse en una forma de represión con el consentimiento popular“.

+ DE ESTE TEMA

+Temas

ENTREVISTAS

LO ÚLTIMO