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martes, septiembre 15, 2026

11-S, el día que cambió el mundo 

Por Sofía Ceballos

Hay fechas que se convierten en una frontera. El 11 de septiembre de 2001 es una de ellas. Hasta esa mañana, Estados Unidos se consideraba relativamente protegido de un ataque de semejante magnitud dentro de su territorio. Después de la caída de las Torres Gemelas, el mundo ingresó en una etapa marcada por el terrorismo internacional, las guerras preventivas y una transformación profunda de los sistemas de seguridad.

Los atentados dejaron 2.976 víctimas, sin contar a los 19 secuestradores. Pero su impacto fue mucho mayor. La respuesta de Washington desencadenó la invasión de Afganistán, modificó las estructuras de inteligencia, endureció los controles en aeropuertos y fronteras y, dos años después, llevó a Estados Unidos a otra guerra en Irak. Casi una década más tarde, el principal responsable de los atentados, Osama Bin Laden, fue localizado y asesinado en Pakistán.

ESTADOS UNIDOS BAJO ATAQUE

A las 8.46 de la mañana, el vuelo American Airlines 11 se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center. La primera reacción fue pensar en un accidente. Pero apenas 17 minutos después, otro avión, el United Airlines 175, impactó contra la Torre Sur. La segunda colisión eliminó cualquier posibilidad de que se tratara de un hecho accidental: Estados Unidos estaba bajo ataque.

En Washington, la situación se agravó minutos después. A las 9.37, el vuelo American Airlines 77 impactó contra el Pentágono, sede del Departamento de Defensa. Mientras tanto, el cuarto avión secuestrado, el United Airlines 93, terminó estrellándose en Pensilvania después de que los pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave.

A las 9.59, la Torre Sur colapsó. Media hora después, a las 10.28, cayó la Torre Norte. En cuestión de minutos, el paisaje del sur de Manhattan quedó completamente transformado. Miles de personas habían quedado atrapadas en los edificios y otras miles intentaban escapar de la zona. Bomberos, policías, paramédicos y civiles ingresaron en la zona mientras todavía existía un enorme peligro de derrumbes.

La tragedia terminó con 2.976 personas muertas, sin incluir a los 19 terroristas, de acuerdo con los registros oficiales utilizados por las autoridades estadounidenses. Entre las víctimas hubo trabajadores de las Torres Gemelas, pasajeros de los cuatro aviones, empleados del Pentágono y 343 bomberos del FDNY, además de policías y otros integrantes de los servicios de emergencia.

GEORGE W. BUSH FRENTE A LA CRISIS

El presidente George W. Bush se encontraba visitando una escuela primaria de Sarasota, Florida, cuando recibió la primera información sobre el ataque. La escena en la que un asesor se acerca y le habla al oído mientras el presidente se encuentra sentado frente a un grupo de alumnos quedó como una de las imágenes más reconocibles de aquel día. Bush fue informado de que un segundo avión había impactado contra las Torres Gemelas y permaneció durante varios minutos en el aula antes de abandonar el lugar.

El presidente fue trasladado a distintos sitios considerados seguros mientras las autoridades intentaban determinar si existían nuevos ataques en curso. Recién por la noche regresó a Washington y se dirigió a los estadounidenses desde la Casa Blanca con un mensaje contundente: quienes habían organizado los atentados serían perseguidos, pero también serían considerados responsables los gobiernos que permitieran que organizaciones terroristas operaran desde sus territorios.

AL QAEDA Y LA BÚSQUEDA DE UN RESPONSABLE

Las investigaciones determinaron rápidamente que detrás de los ataques estaba Al Qaeda, la organización encabezada por Osama Bin Laden. Bin Laden no era un desconocido para los servicios de inteligencia estadounidenses. Durante los años 90 había sido señalado como una amenaza creciente y su organización ya había participado en atentados contra intereses estadounidenses en África y Medio Oriente.

La investigación posterior al 11-S también reveló que diferentes organismos estadounidenses habían acumulado información sobre integrantes de Al Qaeda antes de los atentados. Sin embargo, esos datos no fueron conectados de manera eficaz para impedir el ataque. Ese fracaso se convirtió en uno de los principales puntos analizados por la Comisión del 11-S, que investigó cómo fue posible que 19 secuestradores organizaran la operación dentro de Estados Unidos.

AFGANISTÁN: LA PRIMERA RESPUESTA MILITAR

Menos de un mes después de los atentados, Estados Unidos pasó de la investigación a la acción militar. El 7 de octubre de 2001, las fuerzas estadounidenses y británicas comenzaron ataques contra objetivos de Al Qaeda y del régimen talibán en Afganistán. Washington acusaba a los talibanes de haber permitido que Bin Laden y sus seguidores utilizaran territorio afgano como refugio y centro de operaciones.

La ofensiva fue inicialmente rápida. Los talibanes perdieron el control de Kabul y otras ciudades importantes, mientras las fuerzas estadounidenses buscaban a los dirigentes de Al Qaeda. Pero Bin Laden logró escapar.

La persecución se concentró especialmente en la zona montañosa de Tora Bora, donde las fuerzas estadounidenses creían que podía encontrarse. Sin embargo, el líder terrorista consiguió abandonar la región y durante años su paradero fue uno de los grandes misterios de la inteligencia internacional.

EL MUNDO CAMBIA

La transformación no ocurrió únicamente en el campo de batalla. Dentro de Estados Unidos, el atentado produjo una profunda reorganización de la seguridad nacional. En octubre de 2001, el Congreso aprobó la USA Patriot Act, que amplió las facultades de investigación de las autoridades para combatir el terrorismo. Al año siguiente comenzó a estructurarse el Department of Homeland Security, destinado a coordinar diferentes organismos vinculados con la seguridad interna.

Los aeropuertos también cambiaron para siempre. Los controles de pasajeros y equipajes se volvieron mucho más estrictos y el gobierno federal asumió un papel central en la seguridad aérea. El FBI, además, modificó sus prioridades. La prevención de atentados y la inteligencia pasaron a ocupar un lugar mucho más importante dentro de su funcionamiento.

EL FRENTE IRAQUÍ

La administración Bush no tardó en ampliar su estrategia internacional. En marzo de 2003, Estados Unidos y sus aliados invadieron Irak. El gobierno estadounidense argumentó que Saddam Hussein representaba una amenaza debido a sus supuestos programas de armas de destrucción masiva. La guerra se produjo dentro del clima político creado por el 11-S, pero hay una distinción histórica fundamental: Saddam Hussein y el gobierno de Irak no fueron identificados como responsables de los atentados del 11 de septiembre.

El régimen iraquí fue derrocado rápidamente, pero las armas de destrucción masiva que habían sido utilizadas como uno de los argumentos centrales para justificar la invasión no fueron encontradas. La intervención derivó en una prolongada etapa de violencia, insurgencia y enfrentamientos sectarios. La guerra de Irak se convirtió con el tiempo en uno de los capítulos más cuestionados de la política exterior de Bush.

UNA DÉCADA DE PISTAS

Mientras Estados Unidos libraba dos guerras, la búsqueda de Bin Laden continuaba.
El líder de Al Qaeda evitó durante años utilizar canales de comunicación que pudieran ser interceptados y se mantuvo oculto. La CIA siguió diferentes pistas hasta concentrarse en un hombre identificado como uno de sus principales mensajeros.

Los servicios de inteligencia comenzaron a seguir los movimientos de ese mensajero. Finalmente, llegaron hasta una residencia ubicada en Abbottabad, Pakistán. El complejo llamó la atención por sus características. Tenía altos muros, medidas de seguridad inusuales y prácticamente ninguna conexión visible con el exterior. Además, se encontraba en una ciudad que no estaba aislada de los centros urbanos y que albergaba una importante academia militar pakistaní.

Para Estados Unidos, la posibilidad de que Bin Laden estuviera allí planteaba una enorme decisión: había que determinar si realmente era él y cómo actuar sin poner en riesgo innecesariamente a civiles.

Para entonces, Barack Obama había llegado a la Casa Blanca. La CIA presentó al presidente la hipótesis de que Bin Laden podía encontrarse en el complejo. Las autoridades no tenían una certeza absoluta, pero consideraban que las evidencias acumuladas eran suficientes para plantear una operación.

Obama reunió a sus principales asesores de seguridad nacional y analizó diferentes alternativas. Entre ellas estaba la posibilidad de realizar un ataque aéreo o ejecutar una operación terrestre con fuerzas especiales. Finalmente, eligió la segunda opción.

El operativo recibió el nombre de Neptune Spear y quedó a cargo de integrantes de las fuerzas especiales estadounidenses. Durante la noche del 1 al 2 de mayo de 2011, según el horario local de Pakistán, helicópteros estadounidenses ingresaron en territorio pakistaní.

La misión se desarrolló dentro del complejo de Abbottabad. Uno de los helicópteros sufrió un accidente durante la operación, pero los efectivos continuaron con el procedimiento. Bin Laden fue encontrado dentro de la residencia y murió durante el operativo. Los integrantes del equipo confirmaron posteriormente su identidad y abandonaron el lugar con material obtenido en el complejo. La operación duró menos de una hora.

Poco después, Obama apareció en televisión y anunció que Osama Bin Laden había muerto. La noticia provocó concentraciones espontáneas frente a la Casa Blanca y en distintos lugares de Estados Unidos. Para muchos estadounidenses, la muerte del hombre considerado responsable de los ataques cerraba un capítulo iniciado casi diez años antes.

Pero la muerte de Bin Laden no terminó con Al Qaeda, que continuó funcionando a través de diferentes estructuras y dirigentes. Al mismo tiempo, otros grupos extremistas adquirieron protagonismo durante la década siguiente. El más importante fue el Estado Islámico, que llegó a controlar extensos territorios de Irak y Siria antes de perder la mayor parte de ese dominio territorial.

El mapa del terrorismo internacional también cambió. El fenómeno dejó de estar concentrado en una única organización y pasó a estar integrado por diferentes grupos, células y movimientos regionales.

AFGANISTÁN: VEINTE AÑOS DE GUERRA

La guerra que había comenzado como respuesta al 11-S terminó convirtiéndose en uno de los conflictos militares más largos de la historia estadounidense. Estados Unidos permaneció en Afganistán durante casi veinte años. La misión pasó de perseguir a Al Qaeda a combatir a la insurgencia talibán y tratar de construir instituciones políticas y fuerzas de seguridad afganas capaces de sostener el gobierno.

En agosto de 2021, las tropas estadounidenses abandonaron Afganistán. Los talibanes recuperaron rápidamente el control de Kabul y volvieron al poder. La imagen de personas intentando escapar desde el aeropuerto de Kabul se convirtió en uno de los símbolos del final de aquella guerra.

Así, dos décadas después de la invasión iniciada como respuesta al 11-S, Estados Unidos abandonaba Afganistán sin haber conseguido construir el escenario político que había buscado durante años.

LAS CONSECUENCIAS EN ESTADOS UNIDOS

El 11-S también dejó una huella profunda dentro de la sociedad estadounidense. Los controles de seguridad se incorporaron a la vida cotidiana. Los viajeros comenzaron a acostumbrarse a nuevas restricciones y procedimientos en los aeropuertos. Las agencias de inteligencia obtuvieron mayores capacidades y el debate sobre la vigilancia estatal pasó a ocupar un lugar central.

También surgieron fuertes discusiones sobre las condiciones de detención de sospechosos de terrorismo, los interrogatorios, la utilización de centros de detención como Guantánamo y los límites que el Estado debía respetar incluso frente a amenazas terroristas. Para algunos sectores, las medidas adoptadas después de los atentados fueron necesarias para evitar nuevos ataques. Para otros, significaron una expansión excesiva del poder estatal y una reducción de determinadas garantías individuales. Ese debate continúa 25 años después.

UNA TRAGEDIA QUE TODAVÍA PROVOCA VÍCTIMAS

La historia tampoco terminó para quienes estuvieron en la Zona Cero. El polvo liberado por el derrumbe de las Torres Gemelas contenía una mezcla de partículas y sustancias peligrosas. Bomberos, policías, trabajadores de emergencia, voluntarios y vecinos estuvieron expuestos durante las tareas de rescate y limpieza. Con los años aparecieron enfermedades respiratorias, distintos tipos de cáncer, problemas digestivos y trastornos de salud mental.

En 2026, el World Trade Center Health Program atiende a más de 150 mil personas vinculadas con la exposición del 11-S. El FDNY, además, registra más de seiscientas muertes posteriores relacionadas con enfermedades vinculadas a las tareas de rescate y recuperación. El dato explica por qué, a 25 años del atentado, el 11-S sigue siendo también una emergencia sanitaria de largo plazo.

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