Por Atuel Lemos
Argentina se encuentra en un contexto de gran efervescencia católica. La última Peregrinación Juvenil a Luján (la 52° en su historia), celebrada el sábado 3 de octubre, obtuvo cifras récord con un total de 2.700.000 peregrinos presentes, según el gobierno de la provincia de Buenos Aires. Sumado a esto, el papa León XIV visitará el país del 8 al 11 de noviembre, en un recorrido que tendrá varias estaciones: Casa Rosada, el Monumento de los Españoles, la Basílica de Luján, el Pequeño Cottolengo de Don Orione, entre otras. Además, el lunes 9 de noviembre será decretado feriado nacional, el martes 10 con alcance limitado únicamente para CABA y Córdoba y el miércoles 11 únicamente para la provincia de Buenos Aires. Todo este protocolo es llevado a cabo desde el gobierno nacional con el fin de que la población esté disponible para recibir al Sumo Pontífice.
Mientras tanto, en el otro lado del planeta, Bartolomé I –el patriarca ecuménico de Constantinopla– sigue manifestando su deseo de que ortodoxos y católicos vuelvan a compartir la plena comunión eclesial. Desde su intervención en el 27° Congreso Internacional de la Sociedad para el Derecho de las Iglesias Orientales, celebrado en Budapest, Bartolomé I ha dejado bien en claro sus intenciones: “Esperamos, por la gracia y la ayuda de Dios, la restauración de la plena comunión con la Iglesia de Roma dentro del único Cuerpo de la Iglesia, santa, católica y apostólica“.
Además, señaló que le había planteado esto mismo al papa Francisco, quien recibió sus preocupaciones “con su característica apertura y cordialidad”. Nuevamente manifestó sus pretensiones el pasado martes 6 de octubre en Chantilly, Francia, en un encuentro que reunió a todo el mundo ortodoxo en el que, además, recordó la reunión entre él y León XIV en Estambul en noviembre del año pasado.
Este martes ambos representantes se verán las caras en la ciudad italiana de Asís para el encuentro internacional por la paz organizado por la Comunidad de San Egidio. No se sabe con certeza qué palabras se dedicarán las iglesias mutuamente, más allá de lo meramente protocolar, o si este encuentro cambiará la perspectiva con la vendrá el Papa a la Argentina. ¿Hablará para todas las comunidades cristianas presentes en el país? ¿Le dedicará algunas palabras en especial a la comunidad ortodoxa nacional? ¿Cambiará el discurso de serenidad que estuvo sosteniendo hasta este año?

No obstante, es necesario conocer por qué ambas instituciones funcionan por cuenta propia hasta el día de hoy. Las iglesias sufrieron su ruptura definitiva en el denominado Gran Cisma de 1054, debido a múltiples puntos de vista que separaban oriente de occidente. Entre ellos, la autoridad papal, a la que Roma sostenía como autoridad universal sobre toda la cristiandad, mientras que oriente consideraba que el Papa tenía igual importancia que el resto de los obispos y que las decisiones debían tomarse de forma conjunta entre concilios. Este fue el principal motivo de su separación –además de ser la primera que sufrió el cristianismo–, sin contar otros aspectos teológicos, culturales y lingüísticos que se fueron profundizando conforme pasaron los años.
LA POSIBILIDAD DE LA REUNIFICACIÓN
Con más fuerza desde el siglo pasado, se ha intensificado la interacción entre ambas iglesias para lograr una unificación, que se centra en el diálogo ecuménico, la herencia común y el fortalecimiento del testimonio cristiano. Asimismo, surgen cientos de debates en el ámbito religioso acerca de las ventajas y desventajas que traería una reunificación: ¿se perdería parte de la identidad con la imposición del ecumenismo? ¿Qué aspectos doctrinales habría que relegar y cuáles podrían conservarse de cada una? ¿Qué pasaría con el Vaticano y con la figura del Papa?
Varios miembros tanto de la Iglesia católica apostólica romana como de la Iglesia católica apostólica ortodoxa fueron consultados sobre la posibilidad de una posible unificación, los intereses que habría de por medio y si verían positiva esta posibilidad. “Actualmente, veo dificultosa una real unificación de las iglesias católica y ortodoxa. Sigue existiendo una muy fuerte división desde los puntos de vista histórico, dogmático y organizacional. Por lo tanto, me inclinaría a pensar que la existencia de un diálogo fluido entre ambas instituciones es la opción más factible en la actualidad”, afirmó Romina Paoloni, docente de sociología y catequista en la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, Wilde.
Sobre otra de las diferencias que aleja una de la otra se expresó Carolina Pascual, docente de construcción de la ciudadanía y de formación religiosa en el Colegio San Ignacio, Wilde: “A pesar de coincidir en muchos aspectos desde la teología, los sectores más conservadores de la Iglesia ortodoxa ven el diálogo entre su líder y el Papa como una estrategia geopolítica de Occidente para diluir la identidad ortodoxa y sus propias costumbres“.

Sin embargo, desde el punto de vista ortodoxo se ha evidenciado una postura considerablemente más positiva. “Consideramos a los católicos como nuestros hermanos, aunque estemos distanciados, es posible volver a compartir la plena comunión. Queremos la unificación“, sentenció la madre María Oliveira, monja brasileña –convertida desde el catolicismo– de la Iglesia ortodoxa serbia San Sava.
No obstante, señaló aquellos aspectos que las mantienen distanciadas: “El motivo de la separación fue y es la figura del Papa de Roma, autoridad que nosotros no tenemos en esas magnitudes. Asimismo, creo que juega un papel muy importante, ya que papas como Juan Pablo II y el propio Francisco se han acercado e intentado hacer las paces. Sería muy positivo otro concilio“.
Por su parte, la hermana Mónica Crispino (exmonja carmelita), argentina perteneciente a la Iglesia ortodoxa serbia San Sava, exclamó: “Una unificación sería increíble a nivel humano, significaría mucho para este momento delicado de la fe en todo el mundo. Seríamos una especie de súper potencia religiosa”.
