Por Felipe Valdés
Victoria Basualdo es investigadora del Conicet en el área de Economía y Tecnología de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), donde coordina desde hace más de dieciséis años el programa de Estudios del Trabajo, Movimiento Sindical y Organización Industrial. Es licenciada en Historia y profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
Para su tesis doctoral está investigando la historia de los trabajadores y el movimiento sindical en la Argentina y en América Latina, con especial interés en las transformaciones que tuvieron las relaciones laborales durante las últimas décadas. Una de las líneas más importantes de su estudio es durante las dictaduras, un fenómeno que observa desde una perspectiva de clase y con la atención puesta en la dimensión capital-trabajo.
“Durante la dictadura se dio un proceso de transformación internacional del capitalismo. Se pasó del fordismo al postfordismo y cambió el patrón de acumulación de la segunda industrialización sustitutiva a uno centrado en la valorización financiera, lo que implicó profundas transformaciones en la estructura económica y social. Por supuesto, con impactos muy profundos en la clase trabajadora y el movimiento sindical”, señala Basualdo. Y agrega: “Lo que vemos es una disminución brutal de la participación de los trabajadores en el ingreso nacional”.
–¿Cómo analizás esa relación entre ingreso y participación obrera en el tiempo?
–Esta discusión había sido un eje muy importante en las décadas previas, especialmente en 1955 con el derrocamiento del gobierno de Juan Domingo Perón y la instauración de la dictadura autodenominada “Revolución Libertadora”. El tema de la destrucción del ingreso fue muy importante entre el 55 y el 76. Se había llegado al legendario 50 y 50 de participación en las ganancias entre trabajadores y patrones, pero lo que se ve después es una diferencia muy grande, un descenso muy profundo que llega a una participación de entre el 30 y 35 por ciento en los primeros años de la democracia.
–¿Cuáles fueron esas transformaciones?
–Hubo una verdadera ofensiva contra la clase trabajadora, que tuvo tres componentes. Por un lado, un componente estructural que apuntaba a dinamitar las bases fundamentales de este poder obrero que se había organizado a partir de grandes sindicatos por rama de actividad y con una presencia muy fuerte de delegados y comisiones en los espacios de trabajo, que además tenían una estructura sindical muy sólida. En segundo lugar, a partir de políticas laborales de la dictadura, el Estado fue no sólo interventor, sino que hizo un activismo legislativo muy importante con la instalación de la Comisión de Asesoramiento Legislativo (CAL). Por supuesto, se disolvió el Congreso y todas las libertades democráticas y las posibilidades de organización. La tercera fue la política represiva, con el establecimiento de cerca de 800 centros clandestinos de detención y la instauración de un plan sistemático de represión a la oposición y al pensamiento crítico en todo el país; en especial, a la clase trabajadora, el movimiento sindical y sus representantes más activos y combativos.
Basualdo también señala muchas continuidades de esas transformaciones ya durante la democracia recuperada. “A partir de la dictadura de 1976, con todo este cambio estructural y la política represiva, crecieron muy fuertemente algunas de las estrategias del capital que fueron centrales para dividir el colectivo obrero durante la primera fase de expansión. Eso siguió creciendo en los ochenta y se convirtió en determinante en la década de los noventa”, señala la historiadora.
En ese sentido, menciona la tercerización y precarización laboral. “Además, estos cambios se dan en un proceso de cambio global del capitalismo y con una profunda flexibilización laboral que trata de imponerse de la mano del crecimiento, la expansión y el desarrollo del neoliberalismo”, agrega.
–¿Cuánto más se habla de derechos humanos en el ambiente laboral, en las fábricas, en las oficinas, luego de la dictadura?
–La recuperación democrática fue muy compleja y difícil. En algunos casos, hay cuestiones centrales que cambiaron durante la dictadura que hoy persisten y no cambiaron en estas cinco décadas. Muchos de los cambios de la dictadura en el marco del espacio de trabajo hoy perduran. El miedo dura generaciones y se transmite. La dictadura del 76 instauró este miedo en lo social y lo sindical. Esto se revirtió en parte gracias a un enorme esfuerzo cultural en la etapa democrática.
Entre sus temas de interés, Basualdo investiga sobre la responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Delitos que involucran a sectores empresariales directamente vinculados a los procesos represivos de la mano de las Fuerzas Armadas. “Eso es muy importante y llevó a condenas emblemáticas como la causa Ford. Lo instalado fue muy difícil de revertir; en verdad, hay que pensar en una democracia condicionada tanto por la crisis de la deuda en la década de 1980 como por el peso del poder económico sobre ella, que exigía desde Estado transferencias del capital concentrado y la continuidad de procesos de endeudamiento con una cantidad de ventajas y beneficios que fueron centrales para la consolidación de grupos económicos”, concluye.
