Por Matías Riso
En las últimas semanas, el nombre de Sophie Cunningham dejó de estar asociado únicamente a su rendimiento dentro de la cancha. La escolta de 29 años quedó en el centro de una de las discusiones más sensibles luego de expresar públicamente su rechazo a que mujeres compitan contra “hombres biológicos” en categorías femeninas. Sus declaraciones desencadenaron manifestaciones a favor y en contra durante los partidos de la WNBA, la liga de básquet profesional femenino de Estados Unidos, y reabrieron un debate que involucra cuestiones deportivas, científicas, sociales y políticas.
El pasado 31 de julio, antes del encuentro entre Indiana Fever y Portland Fire, Cunningham fue consultada por la repercusión de sus dichos y dejó en claro que la polémica no modificó su enfoque. “Al final del día, entro y hago mi trabajo”, aseguró. Además, sostuvo que quienes la conocen saben que su intención nunca fue promover el odio hacia las personas trans, sino expresar una preocupación sobre la protección de las mujeres y niñas dentro del deporte.
DE UNA ENTREVISTA A UNA DISCUSIÓN NACIONAL
La controversia había comenzado diez días antes tras una entrevista concedida a ESPN, en la que Cunningham explicó su postura respecto de la participación de atletas transgénero en competencias femeninas.
“Quiero proteger a las niñas jóvenes en el vestuario y en el deporte, que no deberían tener que enfrentarse a hombres biológicos”, afirmó. Ante las críticas recibidas en redes sociales, volvió sobre el tema días después y aclaró: “Nunca dije que odiara a las personas trans. Estoy aquí para extender amor, pero también creo que con ese amor vienen la verdad y la honestidad”. Finalmente, reafirmó su posición al definirla como una cuestión de “sentido común”.
Las declaraciones generaron una inmediata repercusión dentro y fuera del ambiente deportivo. En los partidos posteriores de Indiana Fever comenzaron a organizarse concentraciones de apoyo a Cunningham en las afueras de los estadios de Seattle y Portland, mientras que otros aficionados la recibieron con abucheos y banderas con los colores de la comunidad trans. Incluso se anunció una tercera manifestación en Minneapolis, en coincidencia con el partido frente a Minnesota Lynx.
EL “SOPHIE POINT”, EL EPISODIO QUE LA VOLVIÓ VIRAL
Aunque muchos asociaron la polémica con un supuesto enfrentamiento en la cancha, el episodio que convirtió a Cunningham en una figura viral no estuvo relacionado con el debate sobre atletas trans.
A fines de junio, durante un partido entre Indiana Fever y Phoenix Mercury, una jugada física derivó en un cruce entre DeWanna Bonner y Caitlin Clark. Cunningham intervino para defender a su compañera y, luego de intercambiar reclamos con Bonner, permaneció durante 22 segundos señalándola con el dedo y sosteniendo la mirada sin pronunciar una sola palabra. La escena obligó a otras jugadoras a intervenir para evitar que la discusión escalara y ambas fueron sancionadas con una falta técnica.
El momento recorrió las redes sociales bajo el nombre de “Sophie Point” y convirtió a la escolta de Indiana Fever en uno de los rostros más reconocibles de la temporada, mucho antes de que comenzara la controversia por sus declaraciones.
UN DEBATE QUE VA MUCHO MÁS ALLÁ DEL BÁSQUET
El caso Cunningham volvió a instalar una discusión que desde hace años atraviesa al deporte internacional y desencadena una pregunta: ¿es posible compatibilizar la inclusión de las personas trans con la igualdad de condiciones en las competencias femeninas?
En los últimos años, distintas federaciones deportivas modificaron sus reglamentos a partir de investigaciones sobre el impacto de la terapia hormonal en el rendimiento físico. Sin embargo, no existe un criterio uniforme entre los organismos internacionales y cada disciplina adoptó regulaciones diferentes.
Mientras algunos sectores sostienen que las diferencias fisiológicas derivadas de la pubertad masculina pueden representar una ventaja competitiva incluso después de la transición, otros consideran que la evidencia científica debe analizarse caso por caso y que la inclusión de atletas trans puede convivir con la equidad deportiva mediante políticas específicas.
En Estados Unidos, además, la discusión excede el ámbito deportivo. El tema forma parte del debate político y judicial en distintos estados, donde se impulsan proyectos para restringir o permitir la participación de atletas trans en competencias femeninas, uno de los asuntos más polarizantes de los últimos años.
LAS RESPUESTAS Y LAS OTRAS MIRADAS
Las declaraciones de Cunningham también encontraron respuestas desde el ámbito científico. Kristi Miller, exatleta olímpica australiana que realizó su transición de género y actualmente investiga el impacto de la terapia hormonal en el rendimiento deportivo, sostuvo que “no es justo que un hombre compita en la WNBA”, aunque remarcó que el caso de las mujeres trans requiere un análisis diferente.
Miller citó una revisión sistemática publicada en 2026 por el British Journal of Sports Medicine, según la cual las mujeres trans que reciben entre uno y tres años de terapia hormonal presentan niveles de fuerza y capacidad aeróbica comparables a los de mujeres cisgénero en varios indicadores analizados. A partir de esa evidencia, afirmó que “la equidad y la inclusión pueden coexistir” mediante regulaciones construidas sobre bases científicas y no a partir de prohibiciones generales.
La entrenadora de Indiana Fever, Stephanie White, también se refirió al tema. Si bien reconoció que la controversia generó frustración dentro del equipo por el desplazamiento del foco deportivo, pidió que el debate pueda desarrollarse desde el diálogo y sostuvo que “la exclusión nunca debería ser la respuesta”.
Por su lado, la tenista bielorrusa Aryna Sabalenka, actual número 1 del ranking WTA, declaró durante una entrevista con el periodista británico Piers Morgan: “No es justo para una mujer enfrentarse básicamente a un hombre, biológicamente hablando”, dijo, al argumentar que las mujeres han trabajado toda su vida para alcanzar su límite físico y no deberían competir contra oponentes biológicamente más fuertes. Así, se mostró en disconformidad con el reglamento, ya que la WTA permite la participación de mujeres trans bajo estrictos requisitos, como mantener niveles de testosterona inferiores a 2,5 nmol/L durante al menos dos años y presentar una declaración de identidad de género femenina o no binaria.
UN DEBATE ABIERTO
La repercusión de las palabras de Sophie Cunningham volvió a demostrar que la discusión sobre la participación de atletas transgénero ya no se limita a dirigentes, federaciones o especialistas. También involucra a las propias deportistas, a las instituciones y al público que sigue cada competencia.
Mientras el deporte continúa buscando criterios que contemplen tanto la inclusión como la igualdad competitiva, casos como el de Cunningham reflejan que aún no existe un consenso capaz de cerrar una discusión que, lejos de apagarse, sigue creciendo dentro y fuera de las canchas.
