Por Matías Riso
A las 20.54 del 31 de agosto de 1999, hace hoy 27 años, el vuelo 3142 de Líneas Aéreas Privadas Argentinas (LAPA) comenzó su carrera de despegue desde el Aeroparque Jorge Newbery. El destino era Córdoba. A bordo del Boeing 737-204C, matrícula LV-WRZ, viajaban 98 pasajeros y cinco tripulantes. Ninguno podía saber que serían los protagonistas de la principal tragedia aérea de la historia argentina, con un saldo de 65 muertos.
UN VUELO COMPLICADO
El vuelo ya había comenzado con demoras. Los mecánicos habían tenido que revisar uno de los motores y el avión había perdido cuatro posiciones de despegue mientras esperaba en tierra. Finalmente llegó su turno y se ubicó en la cabecera de la pista 13. El Boeing aceleró. Pero había un problema. Durante la carrera comenzó a sonar una alarma en la cabina. El sistema advertía que el avión no estaba correctamente configurado para despegar. Los flaps, unas superficies móviles de las alas que permiten aumentar la sustentación durante esa maniobra, no habían sido extendidos.
La alarma siguió sonando. Los pilotos, Gustavo Weigel y Luis Etcheverry, continuaron con el despegue. Según la investigación de la Junta de Investigaciones de Accidentes de Aviación Civil (JIAAC), la alarma sonó durante 52 segundos. Durante ese tiempo, el avión alcanzó la V1, la velocidad a partir de la cual ya no resultaba posible abortar el despegue de manera segura.

El Boeing llegó a la velocidad de rotación, pero no logró despegar. Continuó avanzando sobre sus ruedas hasta superar los límites de Aeroparque. Rompió la reja perimetral, cruzó la avenida Costanera Rafael Obligado y embistió a un automóvil. Después, impactó contra maquinaria vial, un terraplén y una planta reguladora de gas.
La pérdida de combustible y la rotura de la planta provocaron un incendio que envolvió rápidamente a la aeronave. Murieron 65 personas: 60 pasajeros, los tres integrantes de la tripulación y Oscar Ramonino y Andrea Grilli, que viajaban en el automóvil alcanzado por el avión. Hubo además 34 heridos.
LOS SEGUNDOS PREVIOS
Las grabaciones de la cabina y los registros recuperados después del accidente permitieron reconstruir lo que había ocurrido durante los minutos previos. La investigación encontró conversaciones personales mezcladas con las tareas de preparación del vuelo, interrupciones en la lectura de las listas de procedimientos y acciones que se mencionaban pero que no necesariamente se realizaban.
La propia JIAAC señaló que los pilotos habían presentado anteriormente características de vuelo negativas en sus comprobaciones y entrenamientos. En el caso del comandante Weigel, además, el análisis de su trayectoria profesional tuvo un papel central durante el proceso judicial.

En el momento del despegue, sin embargo, el problema fundamental era concreto: los flaps no estaban configurados y la tripulación desatendió la alarma que advertía esa situación. La JIAAC consideró que esa había sido la causa inmediata del accidente. Pero la investigación judicial decidió formular otra pregunta: ¿por qué había sido posible llegar hasta ese punto?
MÁS ALLÁ DE LA CABINA
El expediente quedó en manos de la Justicia Federal porteña. El juez Gustavo Literas y el fiscal Carlos Rívolo comenzaron a investigar el accidente desde una perspectiva que buscaba superar la explicación centrada exclusivamente en los pilotos. Fue una investigación sistémica. Además de reconstruir lo ocurrido dentro del avión, se analizaron las condiciones de funcionamiento de LAPA y los controles ejercidos por los organismos estatales.
La investigación puso bajo la lupa la cultura operacional de la empresa, sus procedimientos, la capacitación de sus pilotos y el funcionamiento de los mecanismos de supervisión.

Uno de los puntos analizados fue la decisión de promover a Weigel como comandante de Boeing 737. Los jueces que posteriormente condenaron a dos directivos de LAPA consideraron que se había elevado el riesgo permitido al tomar esa decisión, teniendo en cuenta antecedentes registrados en su carrera profesional. También fueron investigados funcionarios de la Fuerza Aérea vinculados con los controles de la actividad aerocomercial.
La discusión, entonces, dejó de ser solamente quién había cometido el error durante el despegue. El caso empezó a mostrar una cadena de responsabilidades posibles, desde la cabina hasta la estructura de la empresa y los organismos que debían supervisarla.
UNA JUSTICIA QUE TARDÓ AÑOS
El expediente fue elevado a juicio en 2005, casi seis años después de la tragedia. Nueve personas llegaron acusadas: seis directivos de LAPA y tres integrantes de la Fuerza Aérea. El 2 de febrero de 2010, el Tribunal Oral Federal N° 4 absolvió a la mayoría de los acusados. Los únicos condenados fueron Valerio Francisco Diehl, exgerente de Operaciones de LAPA, y Gabriel María Borsani, exjefe de la línea Boeing 737. Ambos recibieron tres años de prisión en suspenso por el delito de estrago culposo agravado.
El fallo generó una fuerte discusión. Los fiscales habían pedido condenas para todos los acusados y la investigación había intentado establecer responsabilidades que fueran más allá de la tripulación fallecida en el accidente.

El proceso continuó con recursos y apelaciones. Finalmente, la Cámara Federal de Casación declaró prescripta la acción penal respecto de distintos acusados y, en 2014, la Corte Suprema confirmó esa situación. La causa había recorrido quince años desde aquella noche de agosto de 1999.
UNA TRAGEDIA QUE DEJÓ PREGUNTAS
LAPA había crecido con fuerza durante la década del 90 y se había convertido en una alternativa de bajo costo frente a Aerolíneas Argentinas y Austral. La ruta Buenos Aires-Córdoba era una de las más importantes de la compañía. Después de la tragedia, la empresa atravesó una profunda crisis y dejó de operar en 2003.
Pero el impacto del vuelo 3142 fue más allá de la desaparición de una aerolínea. El caso LAPA dejó una discusión que todavía resulta central cuando se analiza cualquier accidente: un error humano puede ser el último eslabón de una cadena, pero rara vez explica por sí solo todo lo que ocurrió.
El 31 de agosto de 1999, el vuelo 3142 recorrió apenas unos cientos de metros antes de convertirse en tragedia. El avión nunca llegó a Córdoba. Pero la investigación posterior intentó demostrar que, para entender por qué un avión no pudo despegar, había que mirar mucho más atrás que lo sucedido en la pista aquella noche en Aeroparque.
