Por Sofía Menica
El fin de semana del 22 y 23 de agosto se realizó la primera Feria Experiencial de Objetos Católicos, donde más de setenta emprendedores estuvieron vendiendo, junto a un escenario circular donde siempre hubo música en vivo, desde joyería religiosa y rompecabezas de “Madres Protectoras” hasta remeras con frases del catolicismo contemporáneo y cuadros en óleo de lecturas de la Biblia. Hasta la solista Athenas, que tiene quinientos mil oyentes mensuales en Spotify, dio un minishow de canciones religiosas.
El evento se realizó en el jardín del Colegio Carmen Arriola de Marín, que empezó siendo pupilo en 1912. Este colegio bilingüe y sede anual de Pascua Joven de San Isidro, que el año pasado fue portada en La Nación, hoy es probablemente el que tiene más fauna, metros cuadrados e instalaciones de zona norte.
“La idea de hacer la feria surgió en oración. Yo me dedico al mundo de los eventos corporativos, ya había organizado algunos con fundaciones y venía sintiendo el llamado de hacer un proyecto que sea más para Dios, que tenga que ver con mis valores religiosos. A mí siempre me gustaron los productos católicos y sentía que el llamado venía por ahí. En un momento pensé que quizás tenía que empezar a diseñarlos y ahí empecé a ver la variedad que ya había, sobre todo, de tantas cosas originales que ayudan a rezar. Entendí el valor que estas cosas tienen para nosotros; cómo nos acercan a Dios en lo cotidiano. Empecé a contactar a los emprendedores para ver por qué lo hacían, cómo vendían, si les iba bien, qué necesitaban y me di cuenta de que estaban muy solos y necesitaban una red que los acompañara en la parte comercial“, contó Lucía Astarloa, la creadora de la feria.
“Los organizadores nos mandaron una oración para que, cuando estuviéramos haciendo nuestras artesanías o en los días previos, rezáramos por los que vinieran a la feria”, dijo Jimena Pasarello, que vendía sus bolsos hechos y bordados a mano. Elisa, una adolescente que está en cuarto año de secundaria, comentó que con su venta de yerberas y bolsas de tela pintadas a mano, pero principalmente de stickers, podrá pagar dos misiones de una semana. Con la venta de choripanes y hamburguesas un grupo misionero podrá financiar gran parte del costo de un colectivo larga a distancia hasta el norte de Santa Fe. Soledad, una licenciada en Tecnología de Alimentos que tenía un puesto de oratorios viajeros de lana que se desdoblan en forma de cruz, imágenes de vírgenes colgantes, alhajas de moda y otros objetos originales, resumió: “Viví la feria como un retiro espiritual”. Además compartió el origen de su emprendimiento: “Esto empezó como un hobbie pero cada vez tiene más vuelo propio, tengo una vida bastante activa en mi parroquia Santo Tomás Moro y a medida que uno va conociendo a Jesús más cosas quiere hacer“.
El puesto más visitado fue el de la librería Mater Dolorosa, y en los puestos de la editorial Valores y la editorial Eutrapelia, que significa “la virtud de divertirse sanamente”, un libro llegó a agotarse. Se trata de la obra Emprendé tu misión con San Carlo Acutis.
La feria se va a volver a hacer para Navidad, aunque todavía no están fijadas las fechas. Astarloa planea organizar otras en pueblos del interior. A esta primera edición asistieron cinco mil personas. La creadora de la feria contó que relaciona el evento con la famosa lectura de la multiplicación de los panes y los peces: “Poniendo tan poquito Dios se encarga de hacer llegar a mucho más de lo que nosotros podríamos por nuestra misma humanidad. Con él en el medio todo se multiplica”. También dijo que la dinámica que se dio en el equipo de la feria fue “muy linda” y que “esto era algo que Dios venía soñando y había puesto en el corazón de muchos” y ella solo fue “un instrumento”.
