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miércoles, septiembre 16, 2026

Rusia y Ucrania desafían la tregua y vuelven a atacar infraestructura energética

Por Sofía Ceballos

La guerra entre Rusia y Ucrania volvió a escalar este martes con nuevos ataques contra infraestructura energética, apenas horas después de que Donald Trump anunciara que ambos países habían acordado dejar de atacar instalaciones del sector. La tregua, que buscaba reducir la presión sobre los mercados de combustibles, quedó rápidamente puesta en duda por nuevas acciones militares.

Durante la madrugada, Rusia lanzó alrededor de 200 drones contra Kiev y otras ciudades ucranianas. En la capital, uno de los ataques alcanzó una estación de servicio y también fueron dañadas instalaciones de almacenamiento. Las autoridades ucranianas informaron además ataques contra infraestructura energética y portuaria en otras regiones.

Uno de los puntos afectados fue una estación de servicio ubicada en Kiev, donde un dron provocó daños durante la madrugada. El alcalde de la capital ucraniana, Vitali Klitschko, informó además que otros ataques alcanzaron instalaciones de almacenamiento en distintos sectores de la ciudad.

Los nuevos bombardeos se produjeron en un momento especialmente sensible porque Washington había anunciado un acuerdo para que Rusia y Ucrania dejaran de atacar infraestructura energética. El objetivo de esa propuesta era disminuir los daños sobre instalaciones que resultan fundamentales para el abastecimiento de combustibles y electricidad.

Sin embargo, los hechos sobre el terreno muestran que la situación continúa siendo inestable. Las autoridades ucranianas también reportaron ataques contra infraestructura energética y portuaria, mientras que Kiev mantuvo sus propios ataques contra objetivos vinculados con la industria petrolera rusa.

UCRANIA TAMBIÉN ATACÓ INSTALACIONES PETROLERAS RUSAS

Mientras Rusia intensificaba sus ataques aéreos, Ucrania respondió con una ofensiva contra una refinería de petróleo ubicada en Syzran, además de instalaciones relacionadas con la producción de drones en otras regiones rusas.

Desde Kiev sostienen que estos ataques forman parte de su estrategia de respuesta frente a las ofensivas rusas. El gobierno de Volodímir Zelenski también reclama garantías concretas de sus aliados antes de comprometerse con una suspensión duradera de las operaciones contra objetivos energéticos rusos.

El problema es que la infraestructura petrolera se convirtió en uno de los principales escenarios de la guerra. Refinerías, depósitos, estaciones de servicio y otras instalaciones energéticas pasaron a tener importancia estratégica, no solamente por su valor económico sino también por su impacto sobre la capacidad logística de ambos países.

LA GUERRA ENERGÉTICA IMPACTA EN EL PRECIO DE LOS COMBUSTIBLES

La continuidad de los ataques llega en un momento en que el mercado internacional ya enfrenta una fuerte presión. Los daños provocados sobre refinerías rusas redujeron la capacidad de producción de combustibles y llevaron a Moscú a imponer restricciones a las exportaciones de nafta, diésel y combustible para aviones.

Según Reuters, durante septiembre varios de los principales complejos refinadores de Rusia redujeron significativamente su producción o directamente interrumpieron operaciones después de ataques con drones. Esos establecimientos representan aproximadamente la mitad de la producción rusa de diésel.

El impacto no queda limitado a Rusia y Ucrania. La menor disponibilidad de combustibles se suma a otros problemas de abastecimiento energético a nivel internacional y contribuye a mantener elevados los precios. En ese contexto, cualquier nuevo ataque contra instalaciones petroleras puede generar más presión sobre el mercado mundial.

TRUMP BUSCA FRENAR LOS ATAQUES A LA ENERGÍA

El presidente estadounidense Donald Trump intenta utilizar la posibilidad de una tregua energética como un primer paso para reducir la intensidad de la guerra y generar mejores condiciones para una negociación más amplia.

La propuesta apunta específicamente a evitar ataques contra instalaciones vinculadas con la energía, una medida que podría ayudar a estabilizar el suministro de combustibles y reducir parte de la presión sobre los precios internacionales. Sin embargo, las nuevas ofensivas muestran que todavía existen importantes obstáculos para que ese compromiso se transforme en un acuerdo efectivo.

Desde Moscú, el Kremlin expresó su disposición a considerar la propuesta, aunque reclamó otras condiciones, entre ellas garantías para la seguridad de la navegación comercial y cambios vinculados con las sanciones internacionales. Mientras tanto, Ucrania insiste en que necesita garantías de que Rusia cumplirá cualquier compromiso asumido.

EUROPA TAMBIÉN AUMENTA SU NIVEL DE ALERTA

La situación también genera preocupación en otros países europeos. Polonia reforzó la protección de sus pasos fronterizos con Ucrania después de los recientes incidentes con drones y de las operaciones militares desarrolladas cerca de su territorio.

A esto se sumó un episodio en Lituania, donde un avión de combate de la OTAN derribó un dron que, según las autoridades, probablemente provenía de Rusia. Estos hechos alimentan el temor de que la intensificación de la guerra incremente el riesgo de incidentes que involucren directamente a países miembros de la alianza atlántica.

Por ahora, el principal escenario continúa siendo Ucrania, pero la combinación de ataques con drones, infraestructura energética dañada y movimientos militares cerca de las fronteras europeas mantiene a los gobiernos de la región en estado de alerta.

QUÉ PUEDE PASAR AHORA CON LA GUERRA ENTRE RUSIA Y UCRANIA

Los nuevos ataques dejan en evidencia que la anunciada tregua energética todavía no logró frenar las operaciones militares. Rusia y Ucrania continúan golpeando objetivos estratégicos, mientras Estados Unidos intenta evitar que la guerra siga afectando el mercado energético mundial.

El desafío inmediato será determinar si la propuesta de Trump puede transformarse en un compromiso verificable. Para que eso ocurra, ambos gobiernos deberían aceptar mecanismos que permitan comprobar que las instalaciones energéticas quedan efectivamente fuera de los ataques.

Mientras tanto, la guerra continúa teniendo consecuencias que exceden el territorio ucraniano. El petróleo, el diésel y la infraestructura energética se convirtieron en piezas centrales del conflicto, y cualquier nueva escalada puede trasladarse rápidamente a los mercados internacionales y al precio que pagan los consumidores por los combustibles.

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