Por O´Brien, Resnik Tombetta, Sabini, Demarco y Villalba

El testimonio de Silvio Octavio Viotti, quien fue secuestrado 1977 en el marco del denominado “Operativo Escoba” y mantenido en cautiverio durante casi cuatro años en la última dictadura, constituyó el tramo central de la audiencia que se desarrolló hoy, en el Palacio de Tribunales, del Juicio a las Juntas Militares.

Viotti, agricultor cordobés, fue secuestrado en 1977 en su quinta ubicada en la localidad de Guiñazú. También fue detenido su hijo, del mismo nombre, quien por entonces tenía 16 años y militaba en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). Padre e hijo sobrevivieron, pero la mayoría de los militantes de ese partido –se estima que unos 250 en distintas provincias- continúan desaparecidos.

El testimonio

Viotti fue secuestrado el 6 de septiembre de 1977 a las 21.30 de su quinta por soldados que vestían uniformes de fajina. Según consignó ante el Tribunal, después de su paso por el centro clandestino La Ribera, fue trasladado a la Unidad Penitenciaria I, en febrero de 1978. En abril del mismo año,  fue puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y trasladado posteriormente a La Plata, donde el “coronel López” lo puso bajo libertad vigilada a partir del 7 de noviembre de 1981. “Cuando las respuestas no dejaban conformes a los interrogantes, me golpeaban”, reveló Viotti en su testimonio. Además contó que, mientras estuvo en cautiverio en La Ribera, pudo ver a más de diez personas en la misma situación.

Precisó asimismo, en distintas oportunidades, había sido sometido a sesiones de tortura e interrogatorios que insistían en requerirle información sobre el matrimonio de Juan Mogilner e Irene Gavalda, y sobre Jorge Vijado, vecinos suyos en la localidad de Oncativo. “Sabía que eran militantes comunistas, yo tenía una sociedad con el matrimonio”, afirmó Viotti. En ese marco, consignó que, cuando sus respuestas no satisfacían a los torturadores, volvían a golpearlo.

Apropiación de bienes

En su testimonio, el agricultor cordobés relató que, cuando regresó a su quinta, encontró que estaba ocupada por un destacamento del Liceo Militar primero y, luego, por “unos extraños de civil armados”, que le preguntaron por qué quería entrar a la quinta y él les respondió: “Porque es mía y ya me dejaron en libertad”.

En ese contexto, volvió a recurrir al coronel López, a quien le contó lo sucedido. La respuesta del militar fue que regresara luego de 48 horas a la quinta para recuperarla. “Cuando regresé a la quinta, no había nadie”, aseveró Viotti, quien, ante una pregunta del fiscal Julio César Strassera, detalló el estado en el que encontró finalmente a su propiedad: “Me faltaba una pick-up Chevrolet, un tractor Deutz, un arado de rejas, 400 cajones de frutas y herramientas de campo”. También, recordó que intentó hacer la denuncia correspondiente en la Policía de la localidad de Oncativo, Córdoba, pero no quisieron tomársela “porque no se animaban”.

Familiares y vecinos

Silvio Viotti, llamado de la misma manera que su padre, fue secuestrado el 5 de diciembre de 1977, cuando pretendía ingresar a la quinta, y lo trasladaron al centro clandestino La Perla. Posteriormente fue liberado y vuelto a detener, al día siguiente, en su casa de Oncativo. Pocos días después, fue trasladado a La Ribera. Allí, consignó en la audiencia de hoy, vio a un grupo de mujeres detenidas, que “eran constantemente torturadas”.

La tercera testigo que declaró durante la jornada de hoy ante el Tribunal fue su madre, Olga Delgado de Viotti. Su testimonio corroboró lo dicho por sus familiares y agregó que, durante el cautiverio de su esposo y su hijo, había ido “todas las semanas al Comando del Tercer Cuerpo del Ejército”, encabezado por Luciano Benjamín Menéndez, para averiguar el paradero de ambos. “Primero me dijeron que no los tenían detenidos pero, después, me confirmaron que sí”, aseguró Delgado de Viotti. “Cuando pregunté por los Mogilner, sobre si los habían matado o secuestrado me respondieron ‘No señora, no hace falta que hagan eso para detenerlo’”, precisó.

En tanto, el cuarto testimonio de la jornada fue el de un vecino de la quinta de la familia Viotti, Hortensio Tuminetti. El hombre -vecino desde 1980- declaró que el predio se encontraba en estado de abandono, con malezas crecidas, pero que había notado la presencia de soldados.

 

La Perla y La Ribera

Guillermo Puerta, detenido desde 1976 hasta 1983, y Eduardo Porta, detenido de 1976 hasta 1984, denunciaron en la jornada de hoy haber sido prisioneros ilegales y clandestinos en los campos de concentración La Perla y La Ribera, en jurisdicción del Tercer Cuerpo del Ejército. En ese marco, responsabilizaron, entre otros, al general Luciano Benjamín Menéndez, comandante de ese Cuerpo, de torturas, ejecuciones y de mantener “rehenes”, en especial en 1978, durante el Mundial de Fútbol que se desarrolló en la Argentina.

Porta detalló que, durante su captura, fue condenado a muerte por un Consejo de Guerra conformado por miembros del Ejército y de la Fuerza Aérea, donde simularon un juicio y le pusieron como abogados defensores a los subtenientes Fiorito y Gorriti. También relató además que, durante su cautiverio, murió en sus brazos un compañero de celda, Luis Honores, como consecuencia de los maltratos recibidos en las sesiones de tortura. “Tenía todo el cuerpo hinchado, no podía ingerir alimentos ni orinar”, relató el testigo. Más tarde, Porta fue trasladado a la Unidad Penitenciaria I, donde reconoció entre los cautivos a Silvio Viotti.

Eduardo Juan Porta, detenido en el campo de concentración de La Perla

Más evidencias de escala regional

En la jornada de hoy del Juicio a las Juntas, también declaró el dirigente sindical uruguayo Washington Pérez, quien ofreció amplitud detalles sobre su conocimiento del centro clandestino de detención Automotores Orletti, ubicado en el barrio porteño de Floresta.

Pérez dijo que allí fue “usado como intermediario” por militares argentinos y uruguayos para cobrar un rescate de 2 millones de dólares por la entrega de dos dirigentes sindicales uruguayos, Gerardo Gati y León Duarte, quienes habían sido secuestrados por fuerzas conjuntas y permanecían ilegalmente en Orletti.

Pérez había sido dirigente gremial en su país y se encontraba en la Argentina desde 1973. Recordó que el 13 de julio de 1976 fue llevado de su casa rumbo a Orletti y que allí le pusieron enfrente a Gati, quien -relató hoy ante el Tribunal- “estaba con los ojos inflamados y una herida infectada en el brazo, con señales de haber sido torturado”. Se le explicó que él debía llamar a un contacto, Pedro, a quien conocía por haber sido gremialista y que dicha persona es la que iba a negociar el supuesto pago del “rescate”.