Por Agustina Urbano @guriurbano

La Cámara Penal Federal trató hoy el caso de Fernando Brodsky, secuestrado el 14 de agosto de 1979 y actualmente desaparecido.

La primera en testificar fue Guillermina Gaitán de Arce, quien vivía en la misma pensión que el detenido: “Cuando llegué a mi casa aquel día, me encontré con un grupo de personas de civil con armas que me obligaron a meterme en mi habitación y apagar las luces. Eran de la Policía Federal”, precisó la testigo. A continuación, declaró Nestor Gutiérrez Cadena, otro vecino de la pensión: “Escuché que Brodsky pedía a gritos que no le peguen más”.

Por último, subió al estrado la madre del joven secuestrado, Sara Brodsky. A pesar de que a la testigo se notaba desorientada y algo asustada, recordó con claridad la reunión que, junto a su esposo, mantuvieron con el entonces jefe de la Amada, Emilio Eduardo Massera, y contó que cuando le preguntó sobre el paradero de su hijo éste le respondió: “Su hijo está, está protegido, pero si alguien me pregunta, yo lo voy a negar.

Sara Brodsky declara ante la Cámara Penal Federal (Foto: memoriaabierta.org.ar)

Brodsky vivía con una persona que los tres testimonios nombraron como “Chiarvalle”, quien fue detenida horas antes de la misma manera que el desaparecido. Según otros testigos, el joven fue visto en el centro clandestino de detención (CCD) de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

Un matrimonio secuestrado en la ESMA

Tras una pausa, la audiencia continuó con el caso de Arturo Osvaldo Barros y su esposa, Susana Leiracha de Barros, ambos detenidos en la ESMA durante la dictadura militar.

Barros narró que fue secuestrado en su domicilio en la noche del 21 de agosto de 1979 y que, además, le robaron la mayoría de sus pertenencias: “Muchas de las cosas que desaparecieron de mi casa pude verlas en la ESMA, como mi televisor -que estaba en el comedor de los prisioneros- o mi ropa, que la usaban los propios represores”.

El testigo aseguró asimismo que, durante su cautiverio, estuvo esposado, con una capucha en la cabeza, encerrado en un recinto que solo tenía un colchón. “Me torturaban con una picana eléctrica mientras me preguntaban sobre mi actividad pasada como dirigente estudiantil y mi relación con la CTERA, relató.

Además Barros recordó que, en septiembre de 1979, durante la visita a la Argentina de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), fue trasladado a una isla en el Tigre, alojado en una casa que ocupaban los captores. Además, aseguró que uno de sus hermanos fue secuestrado en 1975 “posiblemente por su actividad gremial” y su cadáver apareció en San Isidro.

Al cierre de la audiencia, brindó testimonio Susana Leiracha, cuya declaración coincidió en casi todos los aspectos con la de su esposo, pese a haber estado separados durante su cautiverio. A ella la habían secuestrado un día antes que a Barros: “Un sujeto subió gritando al colectivo, me agarró de los cabellos y me bajó. En la vereda apareció otro hombre, me golpeaban el estómago hasta dejarme sin respiración”, relató la testigo.

Firmenich se negó a declarar nuevamente

El dirigente montonero Mario Eduardo Firmenich se negó ayer por tercera vez a ampliar su declaración sobre la acusación que tiene pendiente en el Juzgado Federal por el secuestro extorsivo de los hermanos Juan y Jorge Born.

“No se va a presentar como expresión de protesta, ya que el magistrado no le permitió revisar con antelación un documento que integra la causa, explicó su defensor, Fernando Torres. La prueba a la que hace referencia el abogado es la filmación de una conferencia de prensa que ofreció Montoneros, con la participación de Firmenich, el día en que se habría dejado en libertad a Jorge Born.

Lo demostrado en esa prueba entró en contradicción con las respuestas que el líder montonero dio en su primer y único interrogatorio el 5 de junio del año pasado, cuando se reabrió la causa y fue extraditado desde Brasil.

 

Mario Firmenich, detenido en Buenos Aires, tras su extradición en 1984. (Foto: El País)