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jueves, octubre 22, 2026

Ébola: un virus que se transforma y resiste

Por Rocío Barrios Irureta

El desarrollo de las vacunas contra el ébola representó uno de los principales avances científicos en la respuesta frente a una enfermedad viral que puede provocar cuadros graves y alta mortalidad. Sin embargo, la existencia de vacunas eficaces no significa que exista una protección universal frente a todos los virus capaces de causar la enfermedad.

La enfermedad por el virus del ébola pertenece al grupo de enfermedades causadas por el virus del género Orthoebolavirus. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce cuatro especies conocidas por causar enfermedad en seres humanos: el virus del ébola, el virus de Bundibugyo, el virus del Sudán y el virus del bosque de Taï. Las vacunas desarrolladas hasta ahora no protegen de manera equivalente frente a todas estas variantes.

La problemática vuelve a quedar expuesta durante 2026, ya que en mayo la OMS declaró como emergencia de salud pública de importancia internacional el brote del virus de Bundibugyo en la República Democrática del Congo y Uganda. Para ese momento, la organización ya había documentado casos confirmados en ambos países, incluyendo la transmisión del virus a través de viajeros que cruzaron la frontera hacia territorio ugandés.

La situación deja en evidencia un desafío importante, ya que las herramientas actuales se diseñaron para virus concretos y no para la totalidad del género. De acuerdo con la OMS, Ervebo es la única vacuna autorizada y precalificada frente al ébola, sin que exista aún una aprobada contra el virus de Bundibugyo. Aunque se investiga si podría ofrecer alguna protección residual, la evidencia disponible todavía no comprueba su efectividad en personas. 

En ese escenario, los factores sociales y económicos también pueden determinar la capacidad de contener la enfermedad. Las dificultades para acceder a zonas afectadas, los conflictos, el desplazamiento de personas y el debilitamiento de los sistemas sanitarios pueden complicar la vigilancia, el diagnóstico y la distribución de insumos y vacunas.

Para entender por qué el ébola continúa provocando brotes a pesar de los avances científicos de los últimos años, Yadira Quishpe (MN 189174), residente de tercer año de Infectología en el Hospital César Milstein, analiza el complejo escenario que rodea la persistencia de este virus.

—¿Por qué el ébola sigue provocando brotes pese a los avances científicos de los últimos años?
—El virus persiste en reservorios animales, probablemente en murciélagos, ratas u otros animales frugívoros. El último brote en Uganda fue provocado por otra variante genómica que no estaba vinculada con brotes anteriores. A esto se suman los conflictos económicos y armados y el colapso de los servicios sanitarios, lo que hace que el problema sea cada vez más grande y que no está solamente vinculado al virus.

—¿Las vacunas disponibles alcanzan para controlar todas las especies del virus?
—No. Actualmente existen dos vacunas: Ervebo y Zabdeno/Mvabea, ambas probadas para el virus del ébola, pero no cubren todo el género ebolavirus ni el virus de Marburg. El último brote es de Bundibugyo, que no está cubierto por estas vacunas, y tampoco hay un tratamiento específico aprobado.

La situación de las vacunas, sin embargo, cambió durante 2026. La OMS señala actualmente que Ervebo es la única vacuna licenciada y precalificada específicamente contra el virus del Ébola. Para la enfermedad causada por el virus de Bundibugyo no existe una vacuna licenciada. Aunque estudios en animales sugieren que Ervebo podría ofrecer algún grado de protección, todavía no hay evidencia suficiente para determinar si protege a los seres humanos. Por ese motivo, la OMS recomienda que su utilización frente a Bundibugyo se realice dentro de protocolos de investigación.

—¿Qué limitaciones encuentran actualmente en las campañas de vacunación?
—Una de las principales problemáticas es que actualmente existen más géneros o especies de virus diferentes, por lo que las vacunas aprobadas no cubren todos los serotipos que causan los brotes. También está el hecho de que no se conoce con precisión el tiempo de protección eficaz y, además, existe una problemática socioeconómica para distribuir las vacunas.

—¿Qué ocurre cuando aparece una especie para la cual no existe una vacuna específica?
—Ante la ausencia de un tratamiento o una vacuna específica, las estrategias de salud dependen de medidas integrales, es decir, diagnóstico precoz y tratamiento de soporte, medidas de prevención y control de infecciones y seguimiento de contactos. Por parte de la OMS y a partir de estudios en animales, el uso de la vacuna podría ser parcialmente eficaz frente a la nueva variante, aunque su seguridad y eficacia todavía no están comprobadas.

—¿La falta de infraestructura sanitaria influye tanto como la falta de vacunas?
—Ambas se correlacionan entre sí. Realmente la mayoría de la población afectada enfrenta niveles de crisis económica, alimentaria y un colapso sanitario. Eso hace que la prevención sea ineficaz y, en cuanto a la vacuna, que se pierdan las cadenas de frío necesarias para su distribución y aplicación. En el brote actual, los esfuerzos de contención se realizan en zonas que son inestables.

La inestabilidad puede dificultar el acceso de los equipos sanitarios y complicar tareas esenciales como la vigilancia epidemiológica, la atención de pacientes, el seguimiento de contactos y la vacunación. En contextos de desplazamiento de población, además, aumenta la dificultad para localizar y acompañar a las personas que estuvieron en contacto con casos. La OMS señaló que la movilidad de la población, el comercio y los viajes entre países vecinos aumentaban el riesgo de una mayor propagación.

—¿Considerás que el ébola recibe suficiente atención e inversión por parte de la comunidad internacional?
—No. La OMS declaró como emergencia sanitaria el último brote de Bundibugyo en 2026, lo que refleja la preocupación global y, más aún, la expansión a zonas urbanas y la propagación transfronteriza. Sin embargo, la inversión en investigación es insuficiente.

Las respuestas de Quishpe permiten entender que la persistencia del ébola responde a un conjunto de factores que van más allá de la existencia de una vacuna. La aparición de distintas especies del virus y la falta de herramientas específicas para algunas de ellas se combinan con dificultades económicas, conflictos, desplazamientos de población y sistemas sanitarios que, en determinados contextos, no cuentan con las condiciones necesarias para responder de manera sostenida. Por eso, frente a un nuevo brote, la capacidad de diagnóstico, prevención, seguimiento de contactos y atención de los pacientes resulta tan importante como las herramientas desarrolladas por la investigación científica.

Es así como los avances científicos continúan siendo fundamentales, pero no funcionan de manera aislada. Una vacuna puede reducir el riesgo de enfermedad, pero su alcance depende de a qué especie del virus protege, de que pueda llegar a las poblaciones afectadas y de que existan las condiciones necesarias para aplicarla. Como plantea Quishpe, contener el ébola implica enfrentar al mismo tiempo las características del virus y las condiciones sociales, económicas y sanitarias en las que cada brote ocurre. De esta manera, el desafío no consiste solamente en desarrollar nuevas herramientas, sino en lograr que puedan convertirse en una respuesta efectiva frente a los próximos brotes.

¿CÓMO SE MANIFIESTA EL ÉBOLA?

La enfermedad puede comenzar de forma repentina, generalmente entre 2 y 21 días después de la infección. Los primeros síntomas pueden incluir fiebre, cansancio intenso, debilidad, dolor muscular, dolor de cabeza y dolor de garganta.

A medida que la enfermedad avanza pueden aparecer síntomas como vómitos, diarrea, dolor abdominal y otros síntomas gastrointestinales. En algunos pacientes también pueden producirse manifestaciones hemorrágicas, aunque estas no aparecen en todos los casos.

La transmisión entre personas se produce principalmente mediante el contacto directo con sangre u otros fluidos corporales de una persona infectada o fallecida. Por eso, ante un caso sospechoso, las medidas de prevención y control de infecciones son fundamentales para evitar nuevos contagios.

Los síntomas iniciales pueden confundirse con otras enfermedades infecciosas, por lo que no permiten diagnosticar por sí solo una infección por el virus del ébola. El diagnóstico requiere evaluación médica y pruebas de laboratorio.

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