Por Mariana Fabris
Hay un tabú que empieza antes del parto y sigue después. La doctora Silvina Foks, psiquiatra perinatal e integrante del Área de Salud Mental Perinatal del Servicio de Obstetricia del Hospital Italiano de Buenos Aires, lo nombra sin dar vueltas: es el estigma y el prejuicio alrededor de la salud mental de la mamá. Todavía hoy, dice, ir a un psiquiatra y recibir psicofármacos sigue siendo un problema, incluso para los propios médicos.
El resultado es que cuando una mujer no se siente bien después de tener un hijo, en general, lo oculta. Le da vergüenza, siente culpa y tiene miedo a ser juzgada. Y encima carga con una idealización que viene de afuera, la que vende el puerperio como un momento maravilloso y no dice nada del lado B.
Foks es una de las fundadoras de Materna, una organización integrada por madres que sobrevivieron a problemas de salud mental perinatal y por profesionales del área. Ofrece apoyo de pares, grupos de acompañamiento, charlas y capacitación para equipos de salud.
—¿Qué es el blues puerperal?
—El blues, o tristeza puerperal, es muy común. La mujer se siente por momentos desbordada, con ganas de llorar, con labilidad emocional. A veces tiene insomnio o está irritable. Eso no es patológico y puede durar hasta dos semanas. Mientras la mamá esté conectada con su bebé, en general se debe a cambios hormonales y no necesita tratamiento. Pero hay que poder reconocerlo para no asustarse.
—¿Y cuándo se trata de una depresión posparto?
—Cuando la mamá está triste, le cuesta conectar con su bebé, está desganada y tiene problemas para dormir, más allá de que el bebé necesite comer y la despierte. También cuando se abruma con pensamientos intrusivos, por ejemplo, que puede llegar a dañar a su bebé. Son muy angustiantes, porque la mamá se siente mal de tenerlos. Alrededor del 40% de las madres con depresión posparto puede tener estos pensamientos. Además, no logran concentrarse, se preocupan mucho por la salud del bebé o sienten culpa porque creen que no son buenas madres. Puede haber ideas de hacerse daño, y eso no hay que dejar de preguntarlo.
—¿Qué es la psicosis posparto?
—Es una urgencia psiquiátrica porque es un cuadro muy severo. La mamá puede tener delirios y alucinaciones, y ahí sí puede haber riesgo de que dañe a su bebé. En general hay que armar una internación para cuidar a la madre y al bebé. Acá no tenemos unidades mamá-bebé. En otros países existen las internaciones conjuntas y trabajamos para que existan en la Argentina. Por suerte es poco frecuente. La psicosis se da en uno o dos casos cada mil nacimientos.
—¿Cuándo aparecen estos cuadros y con qué frecuencia?
—La depresión posparto ronda el 20%. El 50% de las depresiones posparto empiezan durante el embarazo, y por eso hablamos de depresión del periparto. Durante el posparto, casi el 54% aparece en las primeras cuatro semanas. El 40% aparece entre los dos y los cuatro meses. El 6% restante puede aparecer en el resto del período, que para nosotros llega hasta los dos años. Fíjense en algo muy importante: dos de cada diez mujeres van a tener un trastorno de salud mental perinatal, pero sólo el 20% va a recibir diagnóstico y tratamiento. El 75% no va a ser diagnosticada ni tratada. Eso tiene consecuencias negativas sobre la madre, el niño, la pareja, la familia y la sociedad.
—¿Se puede anticipar un cuadro y prever un tratamiento?
—Sí, porque hay factores de riesgo. Si los conocemos, podemos intervenir para que el problema no se desencadene. El antecedente de una depresión previa ya nos tiene que poner en alerta. También la falta de una red de acompañamiento para la mamá. Otros factores son los eventos de vida negativos, los problemas económicos o laborales, haber sufrido violencia doméstica o abuso físico o sexual, y los antecedentes familiares de patología mental. Además hay que hacer detección, porque a veces la patología ya está y no se ve. Para eso contamos con el cuestionario de Edimburgo, que se puede usar en el embarazo y en el posparto. Es de autollenado, una serie de preguntas para la madre que nos da una pauta de si está cursando una depresión o un trastorno de ansiedad. Para nosotros la ansiedad sostenida también tiene un efecto importante sobre el desarrollo cognitivo, conductual y emocional del niño.
—¿Quién puede hacer esa detección?
—La primera oportunidad la tiene el obstetra, que ve a la madre durante la gestación, en los controles y en los primeros 45 días de posparto. El pediatra es la otra oportunidad, porque durante el primer año de vida ve a la mamá con su bebé y muchas veces también al padre. Es muy poco probable que una mamá cuente si se siente mal, si está triste, si le cuesta conectarse con su bebé o si tiene pensamientos de dañarlo. Le da vergüenza y tiene mucho miedo a ser juzgada, así que lo oculta. Pero si hay una mirada empática de un obstetra o un pediatra que le pregunte cómo se siente y si disfruta de su maternidad, la mujer puede abrirse. Ahí se hace la derivación a un profesional de salud mental perinatal para el diagnóstico y el tratamiento.
—Una vez hecho el diagnóstico, ¿se resuelve sólo con medicación?
—No. El abordaje es integral. Contamos con psicoterapia y, si es necesario, con un psicofármaco. Hay grupos de apoyo de pares y talleres de psicoprofilaxis en el Hospital Italiano, uno durante el embarazo y otro en el posparto, que sirven para trabajar temas del embarazo y también para la detección y la prevención. Algo muy novedoso que creamos es el acompañamiento terapéutico perinatal, que consiste en acompañar en su casa a una mamá que atraviesa un problema de salud mental severo. También se trabaja con la familia y con un equipo multidisciplinario, que incluye al obstetra, el pediatra, el psicólogo, el psiquiatra, la trabajadora social y las puericultoras. A veces se usan otros recursos, como la musicoterapia.
—¿Cuáles son las señales de alerta?
—Durante el embarazo, una señal es que la mujer falte a los controles médicos. También una preocupación exagerada por su salud o por la del bebé, que engorde o adelgace mucho de golpe, o que se queje de cuestiones físicas sin causa aparente. Durante mucho tiempo se creyó que muchos síntomas psicopatológicos eran inherentes al embarazo. Si una mujer lloraba, era normal. Si no dormía, era normal. Hoy sabemos que todo tiene que ver con los grados. Si lloró una vez, bueno, pero si se la pasa llorando todos los días, eso no es normal. Lo mismo si se queja de que no puede dormir y no es sólo porque al final del embarazo le pesa la panza, sino porque se repite a lo largo de la gestación. Cualquier profesional que esté en contacto con personas gestantes, en un control, en un monitoreo o en una ecografía, puede estar sensibilizado y hacer detección.
—¿Cuál es el tabú que rodea este tema?
—El estigma y el prejuicio. Los primeros miércoles de mayo celebramos el Día de la Salud Mental Materna, y este año di varias charlas en la Legislatura para visibilizar esta problemática. Todavía hay prejuicios sobre la salud mental. Tener gastritis y tomar omeprazol parece que no es un problema, pero ir a un psiquiatra y recibir psicofármacos sigue siendo un estigma. Sobre eso tenemos que seguir luchando. Es un tabú en general, a veces incluso entre los propios médicos.
—¿Interrumpir la medicación psiquiátrica puede desencadenar una crisis?
—Por supuesto. Para empezar, cambió el paradigma. Hace muchos años creíamos que introducir un psicofármaco en un embarazo era de mucho riesgo para el bebé. Hoy sabemos cómo el estrés afecta el desarrollo del cerebro del bebé, con estudios que empezaron en ciencia básica, con ratas, y se replicaron en humanos. Si una mujer que tomaba medicación queda embarazada y la interrumpe de manera abrupta, ya sea por decisión propia o por indicación de un profesional sin los conocimientos necesarios, el riesgo de recaída es del 70%, dentro de los seis o siete meses posteriores. Hay altísimas chances de una recaída durante la gestación, con todas las consecuencias negativas que eso trae.
—¿Por qué ocurre justo en un momento que todos asocian con plenitud?
—Durante mucho tiempo se habló del puerperio como un momento feliz y maravilloso, y nadie hablaba del lado B. La mayoría de las personas no quiere pensar que el nacimiento de un hijo pueda traer sufrimiento, y entonces se espera que la mujer esté feliz y que todos estén contentos. No es que no existan los momentos de felicidad, pero esos primeros tres meses no son fáciles. Creo que hay que preparar más a las mujeres y a los padres. Y ya que están, quisiera incluir a los padres, porque hace unos años ampliamos la mirada. Ellos también pueden deprimirse. La prevalencia de la depresión perinatal es de alrededor del 20% en mujeres y del 10% en hombres, pero ese 10% puede subir al 50% si la mujer está deprimida. Hay una interrelación muy grande entre lo que le pasa a la madre y lo que le pasa al padre.
—¿Qué consejo le daría a una mujer que tiene pensamientos intrusivos durante el posparto?
—Que muchas mujeres los tienen, y eso no quiere decir que sea patológico. A veces, con el paso del tiempo, se van. Pero si son muy intensos y la perturban, que consulte. Hay psicólogas y psicólogos perinatales, además de psiquiatras perinatales, que pueden acompañarla. Tener esos pensamientos no quiere decir que vaya a hacer algo con su bebé, pero son muy angustiantes. Por eso es importante que busque ayuda.
