V. PÉREZ VELÁZQUEZ, S. LOPARDO CHEMEN, A. RICCOBENE Y A. JACOB

Los actores Manuel Vicente y Pablo Brichta protagonizaron en teatro, durante más de diez años, “Te digo más”, una obra basada en uno de los últimos libros de cuentos de Fontanarrosa, de donde se han extraído algunos fragmentos. En diálogo con Publicable, Vicente contó cómo fue la experiencia.  

-“Te digo más” se convirtió en un éxito, aún en plena crisis del país en 2001

Sí. Durante las giras aparecían Secretarías de Cultura o empresas que nos compraban funciones, y lo que comenzó como una necesidad de subsistir en el 2001, terminó en la calle Corrientes, en empresas privadas. La popularidad de Fontanarrosa me permitió seguir trabajando en plena crisis.

-¿Cómo sobrevivió tanto tiempo?

-Esta obra tuvo un nacimiento muy particular, realmente muy bueno. La hicimos desde el 2001 hasta el año pasado en distintos teatros: La Trastienda, Piccadilly y la seguimos porque el espectáculo nunca terminaba de extinguirse. Aparte, era una época en la que no había plata para invertir y funcionó igual. Hay que destacar que los espectáculos sobre Fontanarrosa no requieren mucha producción.

-¿Fue difícil la adaptación?

-No, especialmente porque fue hecha por un gran artista como era Pablo. Él empezó a adaptar obras de Fontanarrosa en los ’80. Un pionero.

-¿Qué te generó la obra en tantos años?

-Voy a empezar por lo que más me gustó de la obra y es que expone situaciones cotidianas en la vida de los argentinos. Pablo tomó distintos cuentos y, en los que implicaba a dos personajes, lo trasladó a una mesa de un bar, en una charla entre dos amigos. El argumento tiene que ver con algo muy característico de Fontanarrosa, una cosa en un punto muy universal, pero con una especificidad claramente argentina, que es aquello de dos tipos que se sientan en un bar y planean la mejor jugada de fútbol del mundo, cómo levantarse a las minas más lindas o cómo hacer una revolución política. Y terminan el café y se van a casa. Obviamente ninguno juega al fútbol, ni se levanta una mina ni hace política. Este tipo de delirio sí es recurrente, el encuentro entre dos argentinos a soñar, a delirar. Esto sí es un lugar común. Es el hábitat natural, juntarse en un bar a fantasear.

-¿El humor de Fontanarrosa es para todos los gustos?

-Esta obra y Fontanarrosa siempre tuvieron una universalidad que atravesaba todas partes, el tipo popular lo entendía y el académico también, tenía un tema para todo el mundo. La obra tiene que ver también con algo negativo, medio patético, un costado de muchos hombres, que es hablar del éxito desde un lugar pasivo y nunca salir a conseguirlo. Cada apelación al humor de Fontanarrosa tocaba una cuerda en alguien, como si los conociera. Parecía tener una antena detectora, como los grandes artistas, una especie de percepción popular. Los personajes los presenta patéticos en un punto, y queribles por otro.

-¿Cómo funciona el humor en esta obra?

La literatura de Fontanarrosa tiene un humor de altísima calidad. Una combinación entre lo popular y la excelencia literaria increíble, una pluma muy fina, con una raíz argentina. 

-¿Cómo fue el tema con los derechos de autor?

-El Negro le daba los derechos a todo a quien se los pidiera, era muy abierto en ese sentido, tenía una política de dejar que cada cosa crezca sola, no era un tipo que se asociara mucho con el material que se produjera relacionado a él.

-Si lo pensás hoy, ¿qué te dejó la obra?

-Muchos buenos recuerdos, la obra comenzó como una necesidad de subsistir en el 2001 y nos llevó a los lugares más recónditos y verdaderamente también nos llenó la olla en momentos críticos. Ahora que no está Pablo y tampoco Fontanarrosa, adquiere un tinte de homenaje y me enorgullece muchísimo.