Por Natalia Villarruel y Julián Carlotto

Cumple la Subsecretaría de Informaciones de Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20.25 horas ha fallecido la señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación. Los restos de la señora Eva Perón serán conducidos mañana en horas de la mañana al Ministerio de Trabajo y Previsión donde se instalará la capilla ardiente”, leyó el locutor de Radio del Estado Jorge Furnot a pedido del Subsecretario de Prensa y Difusión de la Nación, Raúl Alejandro Apold, minutos después de la muerte de Evita. El comunicado fue emitido cada quince minutos, las radios suspendieron sus programaciones y las reemplazaron por la emisión de música sacra.

Felipe Pigna, divulgador y profesor de Historia, autor de “Evita, jirones de su vida”, recuerda que su funeral “fue muy especial; era una persona con una personalidad y una llegada popular extraordinaria, y su muerte generó la sensación de la pérdida de un familiar cercano. La gente hizo colas inmensas de kilómetros enteros bajo la lluvia para despedirla”.

Procesión durante el funeral de Evita.

Eva Duarte de Perón murió el 26 de julio de 1952, a los 33 años, debido a un cáncer de cuello de útero que padecía desde 1950. Los honores que recibió durante su funeral fueron los propios de un Jefe de Estado en ejercicio. La declaración del duelo nacional y el luto durante un mes, la bandera nacional a media asta durante diez jornadas, el cambio de nombres de ciudades por el suyo y un pedido al Vaticano para su canonización se sumaron a la presencia de tres millones de personas en el transcurso de los 16 días que duró su velatorio.

Su fallecimiento fue noticia de tapa en todo el mundo, sobre todo porque Evita era una de las pocas mujeres que en ese momento tenía un protagonismo relevante. La mujer a nivel mundial estaba muy fuera de la política ejecutiva, podía haber diputadas o activistas pero no ejercían el poder como lo había ejercido ella”, asegura el director de la revista Caras y Caretas.  

Se decretó que el velatorio se realizaría en el Ministerio de Trabajo –actual Legislatura porteña– y que sus restos estuvieran en la sede de la Confederación General del Trabajo hasta ser trasladados al monumento que se había resuelto erigir en su honor. El 29 de julio, el presidente Juan Domingo Perón dispuso que el velatorio continuara el tiempo que fuera necesario para que pudieran despedirla todas las personas que quisieran. La Asociación del Fútbol Argentino suspendió el torneo por tres fechas y se solicitó a las iglesias que sus campanas doblasen cinco minutos todos los días.

El 31 de julio se resolvió que los restos de Evita permanecieran en el Ministerio hasta el sábado 9 de agosto y que ese día fueran trasladados al Congreso de la Nación, donde serían velados hasta el 11 de agosto para luego partir hacia la CGT. La cureña que transportaba el féretro era conducida por un grupo de trabajadores vestidos con camisas claras, y detrás iban Perón, la madre y les hermanes de Evita. Dos millones de personas colmaron la Plaza del Congreso y sus alrededores a lo largo de todo el trayecto, que duró tres horas.

Al concluir el proceso de embalsamado, el cuerpo de Evita reposa en el féretro.

Todo constituye una originalidad fundamental para ese velatorio, que concluyó con el traslado del cuerpo a la CGT. Fue un desfile monumental y Perón le encargó a la FOX la realización de un documental. Son de las primeras imágenes color de la historia argentina. El emperador de Japón mandó un avión cargado con flores porque se agotaron en Argentina, Paraguay y Uruguay”, agrega Pigna.

EL TRÁNSITO A LA ETERNIDAD

El encargado de embalsamar el cuerpo de Eva Perón fue el profesor de anatomía español Pedro Ara Sarriá, quien perfeccionó y concibió nuevos métodos para la conservación de cadáveres, como el parafinado. “El doctor Ara fue una persona muy sabia, pero no dejó nada escrito del proceso. En sus memorias, ‘El caso Eva Perón’, hizo un relato de los días en la CGT, pero en ningún momento especificó los pasos que siguió, se supone que no dejó escritos para que nadie pudiera seguir teniendo su técnica”, aclara Rosario Barello, licenciada en museología y trabajadora del Museo Anatómico Pedro Ara de Córdoba.

En sus memorias, el anatomista español contó que Perón lo recibió en su residencia en el Palacio Unzué –donde actualmente se encuentra la Biblioteca Nacional– y le dijo: “Profesor, esta es su casa. Usted dispone y manda sin necesidad de consultar nada conmigo. Estoy muy de acuerdo con usted en que la operación no sirva de espectáculo a nadie. Ni los ministros médicos estarán presentes. Todas las llaves de las puertas que comunican con la de mi pobre mujer están puestas por dentro. No permita que entre nadie, ni siquiera los de la familia. Yo tampoco entraré”.

El doctor Pedro Ara observando el cuerpo de Evita.

Esa noche, Pedro Ara y su asistente trabajaron sin descanso, según la museóloga: La primera etapa del parafinado es fijar todas las estructuras para que no llegue a los tejidos ninguna bacteria ni microorganismo que pueda iniciar el proceso de putrefacción del cuerpo. Le hizo una fijación con formol que se inyecta por vena o por arteria para trabajar desde los órganos interiores hacia el exterior. Envolvió dedo por dedo, cada parte del cuerpo minuciosamente, para que todo tejido quede sumergido en aproximadamente 80 litros de formol”.

El ataúd sería expuesto unos días y luego trasladado para que se efectuara el tratamiento completo. Ara le manifestó a Perón sus objeciones. No consideraba que la CGT ofreciera las condiciones de seguridad que requería su tarea, pero el Presidente le puntualizó: “Usted dispondrá de toda la independencia y seguridad que necesite. El ministro de Obras Públicas ordenará la transformación en laboratorio de la parte del edificio que considere más apropiada”.

Luego del formol se continuó con una serie de alcoholes y un deshidratante suave para que no vaya alterando la morfología de las células, ya que nuestro cuerpo está compuesto en un 70 por ciento por agua y la deshidratación debe ser gradual. El cuerpo se puso en un medio genuino o amigable, por lo general son los toluenos o el xilol con un poco de agua, y se comenzó con la parafina, que se trabaja en dos temperaturas, 40 y 60 grados. El doctor Ara hizo construir una estufa para que el cuerpo estuviera sumergido y lo pudieran parafinar”, explica Borello.

En el parafinado el cuerpo queda intacto, conserva todos los órganos y queda rígido, no hay forma de doblar alguna parte del cuerpo sin lastimarlo. Luego del trabajo, el cuerpo puede ser manipulado sin guantes ya que todos los microorganismos están muertos. Es un proceso muy largo, por la delicadeza del cuerpo humano se requiere mucha lentitud y precisión al momento de realizarlo. Es una técnica muy complicada pero si está bien hecha no se necesita otro tipo de conservación”, concluye Borello.