Por Constanza Berdún, Rocío Barrios Irureta y Martina Gutiérrez
El 15 de mayo, el Ministerio de Salud de la República Democrática del Congo declaró oficialmente un brote de ébola en el noreste del país. Desde entonces, el virus cruzó hacia Uganda, donde ya hay 15 casos confirmados y una muerte. En total, la región registra 378 casos confirmados y 63 fallecimientos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la situación como emergencia de salud pública de importancia internacional al día siguiente de la declaración oficial.
Lo que los números no muestran es que el virus circulaba mucho antes. Más de 50 personas ya habían fallecido desde principios de abril, lo que deja en evidencia una detección tardía. El epicentro del brote es la provincia de Ituri, con 341 casos confirmados, desde donde se expande hacia Kivu del Norte y Kivu del Sur.
El brote es causado por el virus Bundibugyo, una cepa menos común y para la cual no existe vacuna ni tratamiento aprobado. Las dos vacunas disponibles actualmente, Ervebo y una segunda de uso preventivo, están aprobadas únicamente contra Zaire, la cepa más letal y frecuente. La médica María Paula Aimone, cardióloga en el Hospital Milstein, explica: “Cada cepa es una variante con alguna modificación respecto del virus original”. La OMS evalúa cuáles son las vacunas candidatas para someterse a ensayos clínicos de emergencia contra el Bundibugyo.

Este es el decimoséptimo brote de ébola que sufre el Congo desde que se descubrió el primer caso en 1976. En los dos brotes anteriores causados por esta cepa, en Uganda entre 2007 y 2008, y en el Congo en 2012, la tasa de letalidad osciló entre el 25 y el 40%.
La transmisión del virus preocupa especialmente al personal de salud. El médico Lucas Soliz, especialista en medicina crítica y terapia intensiva, advierte que “los trabajadores sanitarios tienen 30 veces más probabilidades de infectarse con el virus del ébola comparado con la población general adulta“. Los principales riesgos son el contacto con pacientes infectados, el manejo de muestras, las fallas en el equipo de protección y la exposición a pacientes no diagnosticados. En Uganda, cinco de los 15 casos confirmados corresponden precisamente a trabajadores de la salud.
Sobre las vías de contagio, Soliz señala que el virus puede transmitirse a través de fluidos seminales, lágrimas y otras secreciones, lo que “generó brotes en sitios como Guinea y va en contra de la teoría donde se pensaba que la transmisión era exclusivamente entre animal y humano”. Aimone agrega que el virus tiene “muchas formas de transmisión: fluidos, mucosas, heridas” y que su alta mortalidad lo distingue de otros que “enferman mucho pero no matan”.
Según un informe del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades publicado el 5 de junio, si sólo se logra aislar al 20% de los pacientes, el brote tiene un 65% de probabilidad de superar los 20 mil casos en los próximos tres meses. El mismo día, la OMS y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África lanzaron un Plan Estratégico Continental para coordinar suministros y control fronterizo.
Edición: Martina Gutiérrez Borda
