Por Valentín Ferré
La tensión entre Estados Unidos e Irán volvió a escalar en los últimos días tras una serie de incidentes en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el comercio mundial de energía.
Según informó el Comando Central de Estados Unidos, el viernes por la noche fuerzas estadounidenses interceptaron drones iraníes dirigidos hacia la zona y realizaron ataques contra instalaciones de radar de la costa de ese país. Teherán denunció esas acciones como una violación del alto al fuego vigente y respondió con nuevos ataques contra objetivos vinculados a Estados Unidos en la región.
Esta madrugada, la tensión terminó por extenderse más allá de las costas iraníes. Según informó la agencia Reuters, Irán orquestó ataques contra objetivos asociados a los Estados Unidos en Kuwait y Baréin, dos países que tienen instalaciones militares ubicadas estratégicamente y muy útiles para Washington. Ocurrió en el marco de las recientes operaciones estadounidenses, que Teherán calificó como una agresión directa y a las que respondió, según afirmó, en carácter de represalia.
El conflicto se desarrolla en medio del bloqueo marítimo aplicado sobre los puertos iraníes. En las últimas semanas, Washington aseguró haber impedido el ingreso de buques que intentaban llegar al territorio iraní. Uno de los casos más relevantes fue el carguero Lian Star, de bandera de Gambia, que, según las autoridades estadounidenses, ignoró más de veinte advertencias mientras intentaba acceder a un puerto iraní.
LA DISPUTA EN EL ESTRECHO
El estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el Océano Índico y es considerado un punto estratégico para el transporte de petróleo y gas natural. De acuerdo con los datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, aproximadamente el 20 por ciento del petróleo comercializado alrededor del mundo atraviesa esa ruta marítima. Además, reportes recientes indican que el tránsito de buques de la zona continúa por debajo de los niveles habituales y varias embarcaciones aún permanecen a la espera de condiciones de seguridad adecuadas antes de reanudar sus rutas comerciales.
Las consecuencias de una interrupción prolongada del tránsito marítimo no serían iguales para todos los países. Según explica Martín Schapiro, especialista en relaciones internacionales, los principales beneficiarios serían los productores de petróleo que no llegan a depender del estrecho de Ormuz para exportar sus recursos. En cambio, explica, los mayores costos caerían sobre los países que importan energía y los sectores más vulnerables de la población. En ese sentido, advierte que “los consumidores más pobres y con menor capacidad de planificación quedan expuestos a una obligada reducción en su consumo de energía y sus capacidades de transporte”.
La situación genera preocupación por el posible impacto negativo sobre los mercados energéticos y las cadenas de suministros. Mientras los contactos diplomáticos continúan para intentar reducir las tensiones, no se logró alcanzar un acuerdo que permita normalizar por completo las rutas de navegación de la región.
Edición: Manuel Ingenito
