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lunes, junio 8, 2026

La Organización Meteorológica Mundial advierte que El Niño se intensificará desde junio

Por Milagros López

La Organización Meteorológica Mundial y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos advirtieron que el sistema climático global enfrenta una alerta máxima ante la llegada de “El Niño” con una intensidad fuerte. Según las últimas proyecciones oficiales, las posibilidades de que se forme entre junio y agosto de 2026 alcanzan el 80%, mientras que las chances de que continúe activo hasta finales de la primavera superan el 90%. El Servicio Meteorológico Nacional, por su parte, estima un 60% de probabilidad de desarrollo de la fase cálida para el invierno.

El Niño es el calentamiento anormal de las aguas del Pacífico ecuatorial. Se trata de un fenómeno natural que altera la circulación atmosférica y oceánica a escala mundial. Sus efectos pueden impactar en distintos continentes, modificar el régimen habitual de lluvias y temperaturas, y provocar inundaciones, tormentas severas, sequías prolongadas, olas de calor o afectaciones a la producción agrícola y los recursos hídricos.

Los especialistas monitorean la evolución de las temperaturas del océano Pacífico ecuatorial, donde se detecta un calentamiento constante de las aguas superficiales y subsuperficiales, una de las principales señales que anticipan la formación de El Niño.

La meteoróloga Cindy Fernández explica que “el fenómeno todavía no se formó y se espera que se forme para los últimos meses de este año”, y afirma que “su impacto va a ser a nivel global, pero que todavía no tiene influencia en las lluvias que se esperan esta semana” en parte del territorio argentino.

Imagen de NOAA que muestra anomalías (desviaciones de lo normal) de temperaturas en la superficie del mar. 

IMPACTO EN ARGENTINA Y MEDIDAS DE PREVENCIÓN EN OTROS PAÍSES

En Argentina, El Niño 2026 llegaría con un invierno y una primavera más cálidos y más lluviosos de lo normal. Se esperan precipitaciones superiores al promedio en el centro y sur del país durante el invierno, especialmente en Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, Corrientes, Chaco y Formosa. Estas provincias históricamente registran lluvias por encima del promedio durante eventos de este tipo y podrían enfrentar tormentas intensas, desbordes de ríos e inundaciones por el exceso hídrico.

El impacto económico en la región pampeana podría ser positivo si las lluvias adicionales mejoran los rendimientos de la soja, el maíz y el trigo. Sin embargo, si el evento es intenso, también aumenta el riesgo de inundaciones y pérdidas.

Los expertos señalan que, si el fenómeno se fortalece durante junio, podrían aumentar las probabilidades de tormentas intensas y de episodios de caída abundante de agua en cortos períodos. Esto podría generar problemas en zonas urbanas vulnerables, provocar inundaciones temporales y dañar la infraestructura vial y rural.

Anomalías de la temperatura superficial del mar del 03 al 30 de mayo de 2026. imagen del NOAA.

Varios países ya comenzaron a tomar medidas preventivas para reducir riesgos y prepararse mejor ante eventos extremos. Uno de los países históricamente más afectados por este fenómeno es Perú. Por esta razón, las autoridades reforzaron los sistemas de alerta temprana y avanzaron con trabajos de limpieza de cauces y drenajes. Además, mantienen programas de monitoreo permanente en regiones vulnerables a inundaciones y deslizamientos de tierra.

En Ecuador también activaron protocolos de prevención en zonas costeras consideradas de alto riesgo, mientras que varios municipios trabajan en planes de emergencia y evacuación. Por otro lado, en Filipinas, los organismos de gestión de riesgos solicitaron a los gobiernos locales actualizar sus estrategias de contingencia, garantizar reservas de agua y prepararse para posibles sequías.

Organismos internacionales como Naciones Unidas pidieron a los gobiernos que refuercen la planificación preventiva, inviertan en infraestructura resistente y mejoren los sistemas de observación meteorológica. Los especialistas coinciden en que anticiparse es una de las mejores herramientas para reducir el impacto humano, económico y ambiental de los fenómenos climáticos extremos.

Edición: Rocío Barrios Irureta

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