Por Cándida Casco
Durante años, muchas familias iniciaron la búsqueda de vacantes para jardín de infantes con meses de anticipación. Las listas de espera crecían y las instituciones completaban sus cupos antes del inicio de las clases. Diez años después, ese escenario perdió fuerza en varios establecimientos. La caída de la natalidad modificó la demanda educativa y dejó huellas visibles en las escuelas.
Argentina registró 413.135 nacimientos vivos en 2024, según el último informe de Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud de la Nación. En 2014, el país había registrado 777.012 nacimientos. La diferencia representó una caída cercana al 47% en una década.
Natalia Pereyra, directora del Jardín de Infantes N° 920 de Ituzaingó, observa ese cambio desde la gestión cotidiana, ya que la institución cerró una sala hace dos años por falta de matrícula. La lista de espera desapareció y la inscripción permaneció abierta durante todo el ciclo lectivo. Los datos mostraron una realidad diferente a la que predominó durante años, cuando las familias debían asegurar una vacante con mucha anticipación.
La reducción en la cantidad de alumnos produce efectos que van más allá de los cupos vacantes. Laura Domínguez Alonso, psicopedagoga de la Escuela Secundaria N° 6 de Avellaneda, señala algunas desventajas. La especialista advierte que la reducción de la matrícula limita las oportunidades de interacción entre los chicos y reduce la diversidad de experiencias dentro del aula. “El aprendizaje se da en relación con otros”, afirma la profesional, que considera que los grupos más pequeños ofrecen menos posibilidades de intercambio entre alumnos y familias con realidades diferentes.
Pero estos grupos más reducidos también tienen ventajas: “Es más fácil trabajar con cada niño, estar más atento a sus particularidades y a su desarrollo”, explica Domínguez Alonso, quien sostiene que los docentes logran acompañar con mayor atención las trayectorias educativas de cada estudiante. Los grupos reducidos facilitan el trabajo con niños que requieren proyectos de inclusión o apoyos específicos por distintas condiciones de salud o aprendizaje.
La disminución de estudiantes también impacta en la estructura educativa, ya que el cierre de cursos y salas reduce puestos de trabajo docente. “Se va reduciendo el círculo social de los chicos y se van cerrando aulas”, señala.
La baja natalidad también produjo cambios en el sistema de salud. Yanel Kondratiuk, médica especialista en terapia intensiva pediátrica del Hospital Italiano, percibe una disminución de pacientes internados por enfermedades infecciosas y procedimientos quirúrgicos. “Es algo que percibimos en la práctica diaria y que forma parte de las conversaciones habituales entre colegas”, explica.
Kondratiuk recuerda que años atrás resultaba impensado atravesar el invierno con camas disponibles en terapia intensiva pediátrica. “Hoy esa situación es cada vez más frecuente”, afirma la especialista, quien aclara que hay distintos factores que explican la reducción de internaciones pediátricas, aunque destaca el peso de la caída de la natalidad. “La disminución sostenida de la natalidad constituye, sin duda, uno de los factores que contribuyen a esta tendencia”, sostiene.
La caída de la natalidad transformó una preocupación histórica de muchas familias. La dificultad para conseguir una vacante perdió protagonismo en algunos jardines. En su lugar apareció un nuevo desafío: adaptar escuelas y hospitales a una generación con menos niños que las anteriores.
Edición: Rocío Barrios Irureta
