Buenos Aires

miércoles, junio 3, 2026

Cuando el agravio se vuelve método

Por Matías Riso

En la Argentina actual, ejercer el periodismo volvió a convertirse en una actividad atravesada por la hostilidad. El último informe anual que realizó el Foro de Periodistas Argentinos (FOPEA) sobre el Monitoreo de Libertad de Expresión, registró 278 ataques contra la prensa durante este último año, la cifra más alta registrada desde 2008, cuando comenzó el relevamiento. No es solamente un número frío, detrás aparecen amenazas, intimidaciones o hasta agresiones físicas. Además, utilizar el insulto como herramienta política se convirtió en una práctica cotidiana y sistemática.

FOPEA es una organización creada en 2002 para defender la libertad de expresión, promover el periodismo ético y monitorear las agresiones contra trabajadores de prensa en todo el país. Anualmente publica un anuario con estadísticas, casos y análisis sobre la situación del periodismo argentino. En esta última edición, el panorama aparece marcado por un crecimiento en la violencia verbal y simbólica hacia periodistas y medios de comunicación.

El informe señala que los 278 ataques registrados representan un aumento del 55,3% respecto de 2024. La mayor concentración ocurrió en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde se registró el 66,91% de los casos. Pero el dato más significativo está en el tipo de agresión predominante: el “discurso estigmatizante”, categoría donde entran los ataques verbales, descalificaciones públicas o mensajes destinados a desacreditar periodistas. Estas acciones acumularon 139 episodios y se convirtió en la forma de violencia más frecuente del año.

Las escenas se repiten en conferencias, entrevistas televisivas y, sobre todo, redes sociales. Periodistas señalados públicamente, acusaciones de corrupción sin pruebas y campañas de hostigamiento digital forman parte de una dinámica que el informe vincula directamente con el clima político actual. Según FOPEA, buena parte de esos ataques provinieron de funcionarios y dirigentes vinculados al Poder Ejecutivo nacional.

Entre las páginas 61 y 70 del anuario aparece uno de los apartados más impactantes del informe: “El insulto como estrategia”. Allí se analiza el discurso digital del presidente Javier Milei a partir de 113.649 publicaciones realizadas en la red social X. El estudio detectó que el 15,2% de esos posteos contenían insultos o expresiones agravantes.

Otro de los datos más llamativos surge justamente de esa investigación. FOPEA identificó 271 diferentes términos ofensivos usados de manera reiterada por el presidente Milei. Entre los más frecuentes aparecen palabras como “kuka”, “casta”, “mandril”, “ensobrado”, “delincuente”, “degenerado” y “corrupto”. La cifra resulta significativa no solamente por la cantidad de publicaciones analizadas, sino porque el informe sostiene que la repetición constante de agravios forma parte de una estrategia comunicacional basada en la confrontación permanente y la identificación de enemigos públicos, especialmente periodistas y medios críticos.

El informe incluso registra por primera vez un “ataque a la vida”, una categoría extrema dentro del monitoreo. Aunque el dato aparece mencionado de manera puntual, funciona como una señal de alarma dentro de un contexto donde la confrontación verbal escala cada vez más rápido.

A lo largo del anuario, FOPEA advierte que el deterioro del debate público impacta directamente sobre el trabajo periodístico. En un escenario atravesado por la desconfianza, la agresión y la lógica de la viralización inmediata, el insulto deja de ser solamente una forma de expresión para convertirse en una herramienta de construcción política.

Las estadísticas del informe no describen únicamente un aumento numérico de ataques. También retratan un clima social donde la descalificación permanente parece haberse incorporado al lenguaje cotidiano del poder. Y en ese escenario, el periodismo vuelve a quedar en el centro de la confrontación.

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