Por Luca Marmo Mattiussi, Clara Crusvar y Facundo García Beraudi
Carlos “Indio” Solari construyó en casi cinco décadas una experiencia colectiva que mezcló canciones, identidad y rebeldía de una manera que ningún análisis puede explicar del todo. Su muerte deja abierta la pregunta que Darío Jalfin, licenciado en Composición, pianista y productor, formuló: “Qué difícil es saber por qué un artista o una banda pueden atravesar con un mensaje a tanta tanta gente”.
El fenómeno del Indio nunca fue sólo musical. Jalfin lo describe con precisión técnica: “Los Redondos por un lado tenían un sonido único. Los riffs y la guitarra de Skay, esa impronta tan rockera, se combinaba con el color de la voz un poco ‘sucia’ del Indio y el saxo, formaron un color novedoso y rico. Sobre todo por cómo complementan musicalmente el mensaje de las letras.”
La banda se consolidó con el público proveniente de los sectores populares durante la década de los 70 y 80, sin el apoyo de grandes empresas discográficas ni medios de comunicación. La dupla Solari – Beilinson definió enormemente al movimiento contracultural de la época por aquel entonces censurado por la dictadura militar. La Primavera Alfonsinista permitió que el boca a boca, y año tras año, su mitología se transformara casi en una religión popular.
Una identidad profundamente local es lo que diferencia a Los Redondos de otras bandas. La relación entre Solari y su público nunca se construyó a partir de la cercanía tradicional. No existían medios que provocarán la convocatoria, sino la sensación de pertenecer a una comunidad. Por eso los recitales fueron bautizados como misas: no porque hubiera una religión, sino porque miles de personas compartían una experiencia. La trascendencia que caracteriza a Los Redondos está definida enormemente por las letras del Indio. La poesía, abierta siempre a infinidad de interpretaciones personales que consolidó su marca autoral, impactó en generaciones.

Esa identidad colectiva alcanzó su punto máximo en Olavarría, en marzo de 2017, cuando cientos de miles de personas asistieron al recital de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Aquella jornada también mostró el costado más oscuro del fenómeno: murieron dos personas y el recital quedó envuelto en una polémica. Ni siquiera aquel episodio logró romper el vínculo construido durante décadas con su público.
Esa relación quedó expuesta en Tandil, cuando el Indio decidió anunciar personalmente que padecía Parkinson: “Por favor, quisiera decirles algo. Anda circulando en internet una versión de que estoy enfermo… y es verdad. Mister Parkinson me anda pisando los talones. Pero aquí estoy. No me van a bajar del escenario así nomás“.
El Indio no fue solamente un cantante. Fue una referencia cultural para varias generaciones, una voz incómoda para el poder y una figura capaz de construir una identidad colectiva alrededor de la música: “Con los puños en alto deseando al final hacer la revolución con una canción de amor”.
Por eso, aunque el hombre haya muerto, el fenómeno difícilmente desaparezca. Hay artistas que llenan estadios, otros que venden millones de discos y después están aquellos que terminan formando parte de la historia cultural de un país. El Indio Solari pertenece a esa categoría.
Edición: Catalina Tchilinguirian
