Buenos Aires

miércoles, junio 10, 2026

La narrativa natalista: exigir nacimientos y culpar a las madres

Por Melany Cortez

En las principales avenidas de Buenos Aires y el Conurbano Bonaerense, nuevas gigantografías copan el paisaje urbano. La imagen de un vientre materno señalado se acompaña de una frase: “Nos faltan 120.000 argentinos al año. La batalla cultural comienza acá”. La campaña pertenece a la Fundación Más Vida, la organización civil con estructuras religiosas que lideró el movimiento del pañuelo celeste bajo el lema “Salvemos las dos vidas” durante el debate por la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, a fines de la década de 2010. Esta misma plantea el descenso de la natalidad como una urgencia nacional; un discurso que busca reinstalar un pensamiento conservador en el que el valor social de la mujer está atado a su capacidad de parir y poblar la Nación. 

Mientras estas narrativas se obsesionan con una cifra abstracta de nacimientos futuros, la realidad de muchas niñas y adolescentes que ya nacieron muestra el grado de desprotección al que están expuestas. La “batalla cultural” que propone el cartel contrasta con casos como el de la adolescente de 14 años Agostina Vega, asesinada en la Ciudad de Córdoba en la noche del 23 al 24 de mayo pasados. Los recursos destinados a esta campaña publicitaria para reclamar por los que “faltan”, no parecen destinarse en igual medida a prevenir femicidios.

Tras el asesinato de Agostina, algunos medios, diversas cuentas de redes sociales y parte de la sociedad activaron un ensañamiento contra Melisa Heredia, la madre de la adolescente, cuestionando sus horarios, sus declaraciones y su capacidad de cuidado, e instalando la sospecha sobre ella. Esta reacción no es un hecho aislado: la sociedad que consume la narrativa del cartel es la misma que sale a linchar públicamente a una mujer en su peor momento. Un relato que se repite: se le exige a la madre un control absoluto sobre la vida de su hija que jamás se le demandaría a un progenitor varón.

Ese ensañamiento lo conoce en carne propia Sabrina Mara del Castillo, mamá de Morena Verdi, asesinada en septiembre de 2025 en un triple femicidio, en Florencio Varela. Sabrina afirma: “La vista está puesta en quiénes somos, de qué trabajamos, qué hacemos. Investigan nuestro pasado, pero de los asesinos no sabemos nada. Estamos expuestas”. Agrega: “Tengo que estar en mi casa encerrada como si hubiera hecho algo, cuando son otras las personas que tendrían que estarlo”. Desde ese dolor compartido, Sabrina identifica con claridad el patrón que hoy sufre la mamá de Agostina: “Es una sociedad que sigue muy machista. Mirá el caso de Agostina. Están viendo hasta cómo camina, están locos. Si a una nena de 14 años la matan de esa manera, buscá al asesino. Las chicas están indefensas“.

Al culpar a la madre, el sistema completa este circuito de control. Desvía el foco del asesino para poner bajo la lupa el entorno de la víctima. Es el círculo perfecto del disciplinamiento a las mujeres. El sistema funciona de manera circular para controlarlas: las presiona para ser madres desde la vía pública, las desprotege ante la violencia machista, y si las matan, las persigue por el resultado. La verdadera batalla no se libra en una gigantografía reclamando nacimientos, ni se resuelve juzgando a una madre que llora en televisión; la verdadera batalla es desarmar la hipocresía de una sociedad que prefiere culpar a una mujer antes que detener a un asesino.

Edición: Rocío Barrios Irureta

+ DE ESTE TEMA

+Temas

ENTREVISTAS

LO ÚLTIMO