Por Candela Quiroga
Se la esperaba en la Basílica de Luján, pero Victoria Villarruel cambió su hoja de ruta a último momento a raíz de las internas dentro del Gobierno. Es así que la vicepresidenta decidió recordar el primer año de la muerte del papa Francisco en la Basílica de María Auxiliadora y San Carlos, ubicada en el barrio porteño de Almagro y cuya historia se remonta hasta fines del siglo XIX.
En el coro de la basílica fue donde un joven llamado Carlos Gardel hizo sus contactos iniciales con la música. Allí también fue bautizado Jorge Mario Bergoglio, que luego sería papa. Porque este lugar no solo ha sido parte de la vida de dos personalidades tan importantes. Aún hoy es, según turistas y arquitectos, una de las iglesias más lindas de la ciudad de Buenos Aires. ¿Por qué será?

LOS ORÍGENES
La Basílica se encuentra en Hipólito Yrigoyen y Quintino Bocayuva, pleno barrio de Almagro, y es uno de los templos más representativos de la ciudad. El 8 de mayo de 1878, monseñor Aneiros instituyó San Carlos como parroquia. A fines de siglo, la población del barrio, de los colegios y de la parroquia habían crecido tanto que el templo resultaba pequeño. El Sábado Santo de 1899, aprovechando que el barrio se reunía para celebrar la Pascua, el padre José Vespignani, párroco e inspector salesiano, anunció la construcción de un nuevo templo inspirado en la Basílica de María Auxiliadora de Turín.
El 24 de junio de 1900, con la aprobación del arzobispo de Buenos Aires, monseñor Uladislao Castellanos, se colocó la piedra fundamental del nuevo templo. El entonces presidente de la Nación, Julio Argentino Roca, presenció la ceremonia y destacó que jamás en el barrio de Almagro se había visto una fiesta tan grandiosa, gracias a su solemnidad y a la gran cantidad de personas que la inauguración convocó.

LA ARQUITECTURA
El edificio combina estilos románico, gótico y modernista. Cuenta con tres niveles: la cripta, el altar y el camarín, cada uno con un significado propio. La cripta representa un espacio íntimo y silencioso, el altar es el lugar donde se celebra la Santa Misa y el camarín, un espacio luminoso y de gran importancia para los salesianos. Ocurre que allí se encuentra la imagen de María Auxiliadora bendecida por San Juan Bosco, fundador de la educación salesiana, y especialmente destinada a esta basílica.
Los vitrales muestran escenas bíblicas y pasajes de la vida salesiana. Algunos fueron traídos de Francia, mientras que otros fueron elaborados por talleres locales. Las lámparas de cristal veneciano y los mármoles de distintos colores complementan la decoración, mientras que el órgano Carlo Vegezzi Bossi, instalado en 1910, continúa acompañando las celebraciones hasta hoy.
Las esculturas de ángeles y santos salesianos, los capiteles tallados y los techos con bóvedas y cúpulas decoradas con motivos geométricos o florales están dispuestos de tal manera que todo visitante, creyente o no, pueda maravillarse ante la unión entre lo arquitectónico y lo espiritual.
VIDA COTIDIANA
La Basílica de María Auxiliadora y San Carlos no es solo un espacio histórico: es un lugar activo y lleno de vida. Cada día se celebran misas y se realizan catequesis, ensayos de coro, visitas escolares y diversas actividades culturales. Voluntarios y vecinos colaboran en su mantenimiento, organizando las velas y las flores y prestando servicio en cada celebración. El párroco Fabián Alonso comenta: “Tanto los padres de los distintos colegios como la gente del barrio son, sin duda alguna, quienes sostienen y hacen que la Basílica sea lo que es: un lugar para encontrarse con el Señor y con los hermanos“.
La Basílica también ofrece espacios de ayuda como el roperito, el comedor comunitario y la entrega de medicamentos. A través de estos gestos solidarios, la comunidad pone en práctica su carisma salesiano y refleja que, como dice el papa Francisco, “la Iglesia es para todos, todos, todos”.
